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América Latina y el Caribe: Una lectura optimista entre olas y vendavales

Por Javier Tolcachier

La pandemia mundial profundizó las condiciones de precariedad de las mayorías, generadas por la financiarización capitalista y mostró cruelmente las carencias y desigualdades producidas por el orden neoliberal, atenuadas apenas en algunos lugares por sistemas sociales de contención de carácter progresista.

Provocó además un aumento radical del uso de las tecnologías digitales y el poderío de las principales corporaciones del rubro. Las nuevas tecnologías junto a la innovación “verde” son abrazadas a su vez por los fondos de inversión y el capital en general, como vía de reconversión de un capitalismo consumista estancado en su rentabilidad y cuya responsabilidad en el dramático deterioro medioambiental es ya, a todas claras manifiesto, colocando en severo entredicho al expolio de recursos naturales finitos.

Un breve repaso de los acontecimientos en la escena política

Este 1 de Diciembre, en el Zócalo de Ciudad de México, una multitud celebra la mitad del mandato histórico de Andrés Manuel López Obrador, hecho que abrió esperanzas no solo para la población de ese país, agobiada por sucesivas dictaduras neoliberales, sino también para abrir una nueva posibilidad de política generosa y de autodeterminación en la región.

En la acera de enfrente, continúa, aunque por poco tiempo más, la calamidad de un gobierno fascista en Brasil, que costó la vida y el retroceso sociales de millones de personas por su negacionismo y crueldad, apareada con el cinismo de legisladores y jueces corruptos, la manipulación informativa de medios monopólicos y los intereses de una élite minúscula pero igualmente cruel de empresarios y terratenientes.

A pesar de las necesarias restricciones de movilidad pública motivadas por la emergencia sanitaria, se han vivido en los dos últimos años una importante ola de protestas sociales. Entre los eventos más significativos figuran el despertar en Chile y los alzamientos en Ecuador, el masivo y prolongado paro popular en Colombia, la unidad de los movimientos sociales movilizados en cientos de ciudades brasileñas y los tumultos en Haití, lugar en el que mercenarios asesinaron a un presidente ya ilegítimo.

En los meses finales de 2019, luego del fundamental triunfo del Frente de Todos, que logró impedir la continuidad de la calamidad social que significó el gobierno de Macri – tragedia que aún hoy mantiene en cadenas al pueblo argentino por el mayor endeudamiento registrado en los anales del FMI- , el panorama fue conmocionado por la funesta instauración de una dictadura violenta y retrógrada en Bolivia al tiempo que el derechista Lacalle Pou vencía en Uruguay ante un Frente Amplio desgastado por tres gestiones de gobierno, la dificultad de recambio en sus liderazgos y la unidad opositora en segunda vuelta.

También en la República Dominicana, asolada por la pobreza, la criminalidad y la inseguridad correlativas, venció medio año después el acomodado empresario Luis Abinader frente a un dividido y debilitado oficialismo socialdemócrata. El flamante mandatario, junto a Guillermo Lasso y Sebastián Piñera, presidentes de Ecuador y Chile, fueron expuestos públicamente por el escándalo de los “papeles de Pandora” que volvió a poner en agenda el flagelo estructural de la evasión y elusión fiscal, en este caso de funcionarios públicos que en sus discursos suelen repetidamente mencionar la probidad y la anticorrupción como puntos centrales de sus programas.

El banquero Lasso había dado por tierra, en la segunda vuelta presidencial de Abril de 2021, las esperanzas locales y continentales cifradas en la figura del joven representante de la Revolución Ciudadana Andrés Aráuz. En esa contienda fueron definitorios el lawfare que impidió la candidatura de Rafael Correa, el desastroso gobierno de Lenín Moreno – mirado por muchos, pese a su traición, como sucesor del gobierno anterior – la propaganda permanente en los medios y redes sociales hegemónicas de posturas anticorreístas, a las que adhirieron sectores ligados al indigenismo, la mayor parte de las ONG’s y una candidatura socialdemócrata-centrista que concitaron en primera vuelta el apoyo de votos suficiente como para posibilitar luego la victoria neoliberal.

Sin embargo, en el marco de lo que aparentaba consolidar un nuevo declive de las fuerzas progresistas en la región, el regreso contundente al gobierno de las organizaciones sociales en Bolivia a un año del golpe junto a la elección de un presidente vinculado a los movimientos populares en Perú constituyeron una vigorosa irrupción popular, como también la amplia aprobación en referendo del proceso constitucional que se desarrolla en Chile bajo una mayoría de índole transformadora.

A lo que se suman como sucesos relevantes más recientes los renovados e infructuosos intentos de desestabilización de la revolución cubana; la independencia de Barbados de un todavía presente colonialismo de la corona británica en el Caribe; los intentos del golpismo peruano para liquidar la experiencia encabezada por el presidente Castillo y del golpismo fascista para intentar reeditar el golpe de Estado en Bolivia; un nuevo ciclo de protestas de sectores campesino-indígenas en Guatemala y Ecuador y una elecciones municipales en Paraguay que, a contrapelo de las continuadas movilizaciones de sectores estudiantiles y campesinos, otorgaron nuevamente la victoria al régimen colorado en las principales ciudades.

En un Noviembre cargado de incidencias electorales, se agregan al cuadro de acontecimientos la elección presidencial en Nicaragua con la continuidad del gobierno sandinista, atacada por el poder imperial, pero controvertida también en algunos sectores progresistas; las elecciones legislativas en Argentina con un resultado ahora adverso al gobierno popular, el triunfo parcial del candidato fascista en la primera vuelta de las elecciones en Chile y la amplia victoria del chavismo en las elecciones regionales en Venezuela con la participación de los principales sectores de oposición, en un giro táctico de sus posiciones alineadas con el intervencionismo y el asedio a la Revolución Bolivariana.

El año electoral latinoamericano-caribeño culmina con el resonante triunfo del frente progresista encabezado por Xiomara Castro en la elección presidencial en Honduras, frente a la corrupción del poder oligárquico y fraudulento instaurado a partir del golpe contra el presidente Zelaya en 2009. Mientras que en Diciembre se producirá en Chile una segunda vuelta clave entre el neopinochetismo y el candidato de la centroizquierda Gabriel Boric, al que por ahora las encuestas posicionan como vencedor, lo que constituiría la culminación de un ciclo de dictadura neoliberal violenta de casi medio siglo con la posibilidad de allanar el camino a una Nueva Constitución, la confirmación del relevo político generacional ya iniciado en ese país y un enorme motivo de celebración de fin de año para las fuerzas progresistas de la región.

Estos nuevos vientos darían alas a las buenas perspectivas para Gustavo Petro y Lula en las elecciones del año próximo en Colombia y Brasil, lo que terminaría de configurar un nuevo balance sociopolítico en la región.

Los pueblos en el umbral de la pospandemia

A la par de los intentos reformistas de recomposición pospandémica de las economías por parte de los gobiernos sin afectar en lo más mínimo el cuadro general de capitalismo financiarizado y depredador, continúa y crece la indignación popular motivada por la urgencia de las necesidades y el descreimiento en la capacidad institucional de dar respuesta a las mismas.

Esto se evidencia en la recurrente e incremental abstención en las votaciones, como así también en el resurgimiento de opciones políticas con relatos retrógrados que auguran soluciones rápidas a lomos de una supuesta antipolítica.

A su vez, algunas dirigencias reconocen (o acaso se autojustifican por) los límites que el poder real establecido pone al poder político formal. Mientras tanto, se acrecienta objetivamente la ingobernabilidad a través de diversos factores, entre los cuales se encuentran ciertamente la acción de los poderes económicos, la injerencia geopolítica global, los bloqueos entre las facciones que se disputan cuotas del disminuido pero siempre apetecido poder político, el nada democrático y corrompido ámbito judicial, el elevado rechazo generacional a modalidades en decadencia, la cartelización manipuladora del discurso mediático conservador, la utilización expansiva de la tecnología digital para fomentar el odio y la estigmatización, el divorcio de las agendas entre las dirigencias y los pueblos o la atomización social con su relativización orgánica, entre otros.

Al fracaso institucional para dar respuestas, sumando a una sensación de incerteza general, se agrega la falta de alternativas nítidas, reconocibles y referenciales en término de nuevos modelos sociales, económicos y políticos que reemplacen la decadente estructural actual y proporcionen bienestar junto a la ampliación de las posibilidades colectivas. Lo cual es caldo de cultivo para la estridencia regresiva, que concita además apoyo por la capacidad de contención gregaria de sus huestes confesionales en el marco de un tejido social fragmentado.

En este contexto, ¿qué sucede con la integración regional de signo soberano y con la fundamental democratización de la comunicación?

Integración soberana y pluralidad de voces

Al formar parte del esquema institucional decimonónico basado en la concepción de Estado-Nación, las iniciativas oficiales de integración soberana sufren la crisis de aquél, agravada por el torpedeo de las sucesivas administraciones estadounidenses en su intento de conservar preeminencia absoluta sobre los destinos “hemisféricos” frente al embate geopolítico de China y Rusia en su disputa contra la pretendida hegemonía unipolar.

En el mismo sentido, el intento de reflotar a la OEA como brazo diplomático de la dominación, tampoco encuentra asidero firme, salvo en la agenda comunicacional de los medios al servicio del gran capital, siendo cuestionadas sus motivaciones y sugerido su reemplazo desde los países gobernados por sectores más progresistas.

La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) como posible ámbito de sustitución de la anacrónica OEA, dado el signo político antitético o reformista de sus componentes, aparece sin embargo de momento como un espacio tendiente a abandonar su origen políticamente disruptivo para pasar a reflejar una suerte de comunidad interestatal al estilo europeo, modelo que a su vez atraviesa una severa y prolongada crisis.

El Mercosur, reapropiado en su carácter neoliberal por los gobiernos derechistas de Brasil, Paraguay y Uruguay, ha perdido incluso su esencia integradora a partir de la primacía del interés particular de sus miembros, mientras que el ALBA-TCP conserva el carácter de trinchera de nucleamiento soberanista, sin embargo más discursiva que efectiva, dada las dificultades objetivas que atraviesan sus componentes, fundamentalmente en razón del asedio estadounidense.

Lo novedoso es la irrupción de la RUNASUR (la UNASUR de los Pueblos) en el escenario, que convoca a la construcción de una América plurinacional (con proyección a un planeta plurinacional), alentando a una refundación institucional soberana de carácter antiimperialista a través de la participación directa, inclusiva y paritaria de los pueblos, nacionalidades y movimientos sociales a fin de reparar y superar la partición y repartición burguesa-transnacional poscolonial.

En relación a la comunicación, las posibilidades de democratización y pluralidad se ven una vez más coartadas por el absolutismo de las plataformas corporativas en el campo digital, cuyo sesgo de lucro segmenta, discrimina y censura contenidos, afectando los principios fundacionales de neutralidad y descentralización de la red internet.

En el campo de de los medios, el irrespeto o cancelación de normas legales logradas en ardua lucha por la comunicación popular, la desfinanciación o eliminación neoliberal de medios públicos,  la inequitativa distribución de pauta estatal a favor de los medios hiperconcentrados, su progresiva transnacionalización junto a la monolítica cartelización de discursos estigmatizantes contra las alternativas revolucionarias o progresistas afectan la posibilidad de imprescindibles transformaciones que garanticen diversidad informativa y un balance equilibrado en la opinión pública.

Prospectiva

La historia nunca se detiene. Las generaciones actuales, en su gran mayoría, enarbolan con claridad las banderas de la lucha contra el deterioro medioambiental, contra la guerra, la injusticia flagrante y la violencia, a favor de la emancipación de las mujeres y por la libre elección de opciones sexoafectivas. Se va instalando con fuerza una cultura irrestricta de derechos humanos, al par que se amplía el rechazo a la manipulación cupular, la corrupción, el centralismo y el verticalismo.

La indigna situación cotidiana de miseria y carencias en contraste con la opulencia absurda de minorías cada vez más pequeñas y abusivas, solo puede dar espacio a sucesivas rebeliones populares hacia nuevos modelos de distribución equitativa, gestión participativa, colaborativa y descentralizada.

Esta revolución en curso es además mundializada, sin que espacio alguno pueda bloquear o quedar indemne de la expansión de ese clamor.

En reacción a estos claros signos de futuro se elevan voces guturales, anacrónicas, nostálgicas de un pasado que nunca fue y que tampoco será. Aun cuando estas fuerzas regresivas buscan neutralizar el avance de los tiempos (y coyunturalmente hasta logran frenarlo), representan tan solo un estéril esfuerzo por detener la imparable evolución humana.

El sistema capitalista y depredador, sostenido por sus sectores conservadores, busca desviar los impulsos transformadores hacia falsas puertas, intentando resignificar los relatos bajo una modalidad gatopardista y engañosa.

El surgimiento del nuevo ser humano como actor necesario de las sociedades futuras, considerado anteriormente como producto automático de condiciones objetivas, es hoy claramente asumido por cada vez más sectores como condición simultánea de la transformación.

Fortalecer su nacimiento y las condiciones de un medio favorable a su desarrollo, expandir el eco de las voces que señalan hacia el futuro, prestar oídos al clamor generacional y de género, apoyar a las organizaciones sociales que exigen bienestar igualitario, constituyen sin duda las claves de una misión histórica ineludible.

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Mujeres mayores: El enfoque olvidado

Por: Pilar Azorín*

Este año que ha pasado ha tenido duras y gravísimas repercusiones para las personas mayores.


La pandemia mundial provocada por el COVID 19 ha derivado en una situación de crisis generalizada en todo nuestro territorio, agrandando aún más las desigualdades sociales y en especial en lo que afecta a las mujeres, y si nos centramos en nosotros los mayores, nuestro colectivo tan vulnerable, hemos visto acrecentada la desigualdad durante esta crisis sanitaria.

Muchas personas mayores han estado mayormente abandonadas, pues la vejez está «claramente feminizada». Las mujeres somos mayoritarias en la vejez, superando en un 32 % a los hombres.

Y hoy me toca hacer un examen de conciencia para manifestar que las personas mayores hemos estado solas. Solas y abandonadas durante este terrible año de pandemia. Y no es un problema que ha surgido de repente, no ha sido el COVID 19, ni el confinamiento o el temor a no contagiar o ser contagiados.

Estábamos solos y solas.

Y no lo merecemos, pues la mayoría de las personas mayores lo hemos dado todo, hemos sufrido una guerra, divisiones de familias enteras por caer en este o en el otro frente; nos hemos calentado en invierno con el carbón que desprendían los trenes al llegar a la estación de Atocha y que, siendo niñas, recogían en sus faldas para llevarlo a sus casas.

Muchas de nosotras dejamos de estudiar con 14 años y fuimos aprendizas de modistas, de sastras. Trabajaron en la primera camisería en Sol, que luego sería un imperio (El Corte Inglés) y hablo de una generación de mayores, que conozco bien, hago voluntariado con este grupo realizando desde hace años un taller de memoria.

Tienen más de 80 años y en un juego recurrente que les propongo en Navidad “y si te toca la lotería…”. Todas se lo darían todo al hijo en paro, al nieto o nieta para que estudie. Sí, no se quedarían nada.

Y hablo de un perfil muy modesto, con pensiones mínimas y ayudas sociales y parroquiales. Sin ascensor en sus viviendas y, en ocasiones, sin calefacción central.

Pura generosidad.

Y cuando llega el día de venir al taller de memoria, llegan antes de la hora, guapas, pintadas y arregladas como para ir “a misa el domingo” y cuando terminamos no se levantan de la silla. Vienen con tanta ilusión.

Porque ya no socializan apenas, porque a excepción de nuestro taller y de la misa dominical y alguna consulta médica, viven solas. Y todas, sin excepción, tienen familia, hijos e hijas, nietos de los que se sienten muy orgullosas pero que apenas les atienden.

Tampoco ellas lo demandan. No quieren molestar.

Y hablo en femenino, aunque hay 2 o 3 maridos vivos, la mayoría son viudas y al taller vienen solas, hasta este último año que se incorporaron 2 matrimonios. Aquí tengo que contener las lágrimas, pues una de las parejas ya no vendrá más. Primero falleció ella y a la semana él se desplomó. Y del otro matrimonio, también nos dejó Justina.

Y otra alumna, Paquita, la más “picante” de mis alumnas, 97 años, que perdió a un hijo por el COVID 19, murió de pena a los pocos días.

Y siguen solas, y en algún caso que acabo de conocer, son maltratadas, por su marido, por sus hijos que no las atienden y/o miran hacia otro lado.

La sociedad entera ha mirado hacia otro lado.

No hemos aprendido de nuestros antepasados, que veneraban a sus ancianos y los hemos “aparcado” en residencias (donde se les ha dejado morir) o en sus casas, a veces supliendo nuestros afectos y compañía pagando a cuidadoras que limpian nuestras conciencias.

ALGUNOS DATOS SOBRE PERSONAS MAYORES Y VIOLENCIA
Investigadores hablan de cuatro características específicas de la violencia de género en las relaciones de pareja en edades avanzadas:

1.- El inicio de la relación cuando no había conciencia de género.

2.- La larga duración de la violencia en el tiempo.

3.- La utilización de la edad como herramienta de daño.

4.- Y la normalización de la violencia de baja intensidad.

Tanto el entorno cercano a las mujeres mayores como el conjunto de la sociedad e instituciones públicas tienen un papel fundamental para poder terminar con una relación violenta y emprender un proceso de recuperación.

Los hijos e hijas mayores pueden ser un elemento facilitador y de apoyo, pero también pueden suponer una barrera adicional en algunos casos.

Por ello, es importante realizar campañas de sensibilización que también interpelen a los hijos e hijas mayores. Asimismo, incrementar la formación con perspectiva de edad y de género, especialmente, en el ámbito de la salud y la atención sociosanitaria con la implicación de todas las instituciones, Policía, Ayuntamientos y otras (con las que nos une una autentica colaboración y compromiso )

Múltiples estudios indican que la atención primaria juega un papel crucial a la hora de detectar situaciones de violencia y es muy importante que el personal sanitario sepa reconocer situaciones de violencia de género en mujeres mayores y evitar conductas «edadistas», como asociar algunas dolencias a la edad sin indagar en profundidad las verdaderas causas.

Además, el fomento de redes de apoyo es fundamental para abordar problemas como la soledad o el abandono que afecta a las mujeres mayores y que supone un freno para poder salir de una relación violenta.

La realización de actividades lúdicas y de formación destinadas a mujeres mayores también juegan un papel muy importante en la recuperación y puede ayudar a encontrar nuevas amistades y reforzar redes de ayuda y apoyo durante la vejez.

Por último, es esencial que se pongan en marcha campañas específicas para eliminar el «edadismo» en la sociedad, fomentar el trato igualitario hacia las personas mayores, incentivar el empleo y la independencia económica en mayores de 50 años y fomentar una imagen distinta de la vejez, en la que emprender nuevos proyectos vitales sea posible.


Fuente e imagen: https://tribunafeminista.elplural.com/2021/03/mujeres-mayores-el-enfoque-olvidado/

Sobre la autora: Pilar Azorín Presidenta de la Comisión de Igualdad y Derechos de Emancipatic y también del Colegio de Procuradores de Madrid

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“Nadie se salva solo y el egoísmo no nos conduce a buen puerto”, dijo Alberto Fernández

América del Sur/Argentina/LaDiaria.uy

Ante el aumento de casos de covid-19, se apunta a aumentar los controles en los barrios más vulnerables.

En un nuevo aniversario del 25 de mayo, la más significativa de las fechas patrias argentinas, marcada en esta ocasión por el combate a la expansión de la pandemia de covid-19, el presidente argentino, Alberto Fernández, participó en una breve ceremonia oficial realizada en la Quinta de Olivos, en la que se izó la bandera para recordar el 210º aniversario de la Revolución de Mayo y la confirmación del primer gobierno criollo.

Posteriormente, el mandatario publicó un video en el que envió un mensaje a la ciudadanía llamando a la unidad nacional. “La pandemia nos enseñó que nadie se salva solo y que el egoísmo no nos conduce a buen puerto como sociedad”, afirmó el mandatario, según consignó el portal Tiempo Argentino. Además, Fernández destacó en varias ocasiones el carácter solidario de los argentinos y las argentinas: “Quisieron hacernos creer que éramos incapaces de crecer solos y no es verdad, tenemos la condición innata de la solidaridad en nosotros”. También dejó algunas críticas a ciertas consignas del macrismo, como la meritocracia o el hecho de pensar que acceder a créditos internacionales significa una integración al mundo: “Que podamos vivir mejor y desarrollarnos no depende sólo de nuestro mérito, depende también de la oportunidad que tengamos”.

También en la mañana del lunes el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, participó en un acto en la Plaza de Mayo, y luego, durante un intercambio con medios de prensa, aseguró que los casos de contagios de coronavirus en la ciudad de Buenos Aires “se multiplicaron por seis en los últimos 15 días”, lo que significa “un crecimiento muy fuerte”. En sus declaraciones Rodríguez Larreta admitió que “es un tema de enorme preocupación” para las autoridades el “aumento de los contagios, que es muy significativo”.

En este sentido, el portal Infobae informó que este lunes se conformó un comité de crisis entre el gobierno central, el de la provincia de Buenos Aires, los intendentes del conurbano y movimientos sociales, que tendrá como objetivo desplegar y potenciar un amplio operativo de detección de contagios en los barrios carenciados.

La situación ya venía complicada en muchas zonas pobres de la capital, pero el fin de semana, en el marco del plan Detectar, implementado en varias villas de emergencia bonaerenses, se detectaron más de 50 casos de la enfermedad en Villa Azul, un barrio popular que se ubica entre los partidos de Quilmes y Avellaneda, en el sur del conurbano bonaerense, por lo que la provincia decidió aislarlo preventivamente para evitar que el virus continúe circulando en esa zona. La “idea es que todo el barrio se quede en casa”, aseguró el viceministro de Salud provincial, Nicolás Kreplak.

Pero la fecha patria dio para todo en Buenos Aires, y así fue que durante la tarde unos pocos centenares de personas se reunieron en la Plaza de Mayo para protestar contra la cuarentena impuesta por el gobierno.

La movilización fue promovida en las redes por sectores de derecha y ultraliberales, de acuerdo a lo que informó Página 12.

Algunos participantes de la marcha fueron entrevistados por el canal C5N y expusieron teorías conspiratorias y posturas antivacunas junto a la idea de que “la pandemia es falsa” y que el virus fue “creado por corruptos”.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2020/5/nadie-se-salva-solo-y-el-egoismo-no-nos-conduce-a-buen-puerto-dijo-alberto-fernandez/

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Chile: liberar a violadores de DDHH en tiempos de coronavirus

América del Sur/Chile/Ladiaria.uy/Iván Ojeda Pereira y Roque Alfaro Navarro

¿Los gobiernos posdictatoriales chilenos promovieron y aseguraron la justicia para las víctimas de violaciones a DDHH? ¿Dónde está el límite entre buscar justicia transversal y validar la impunidad a violadores de DDHH? ¿Es la pandemia del coronavirus una razón válida para otorgar blindaje jurídico a criminales de lesa humanidad? ¿En qué momento los tribunales de justicia dejarán de ser cómplices y velarán por la dignidad? Son preguntas que como jóvenes no podemos dejar de realizarnos, porque en aquellas reflexiones descansa la posibilidad de que un país logre de una vez por todas comenzar a sanar las mortales heridas que la dictadura militar dejó en nuestro tejido social y cultural.

Esta columna nace desde la indignación de ver a la derecha chilena y a lo que en algún momento se autodenominó “izquierda” (la Concertación) cerrando filas en pos de entregar aún más regalías penales a quienes mediante el uso de la fuerza estatal violaron los derechos humanos y socavaron el alma de nuestra República. El objetivo del presente texto es criticar y reflexionar sociológicamente respecto a la acción de los gobiernos de la posdictadura chilena en materia de derechos humanos. Parece incluso que este tipo de acciones son la culminación de un pacto de retorno a la democracia cuya principal característica es la salida negociada de la dictadura de Pinochet y el traspaso del mando a gobiernos de la Concertación. En ese proceso no se derogó la Constitución, no se intervinieron las Fuerzas Armadas, se protegió la identidad de los violadores de DDHH y hoy se comienza a buscar alternativas para entregar garantías penales e indultos a los pocos criminales juzgados.

El 5 de octubre de 1988 Chile vivió un momento histórico. El plebiscito del Sí y el No dirimió la posibilidad de que Augusto Pinochet perdurara en el cargo o, de lo contrario, se mantuviera un año más en la presidencia y convocara a elecciones generales 90 días antes que de que expirara la prórroga. El resultado del plebiscito se inclinó por la segunda opción y el demócrata cristiano Patricio Alwyn fue elegido en 1990 como presidente de la República, dando fin a veinte años de una sangrienta dictadura militar. La pregunta es: ¿realmente el cuento fue de esa forma? ¿Realmente Pinochet perdió y retornamos a la democracia? Óscar Godoy (1999)1 menciona que el retorno chileno, a diferencia de otros países latinoamericanos, fue un retorno pactado, donde los grupos que asumieron el poder realizaron acuerdos con el dictador para conducir el traspaso bajo sus reglas del juego. Estos pactos significaron: a) la persistencia de aspectos claves de la institucionalidad política gestada en dictadura, como la constitución vigente de 1980; b) la no intervención al modelo punitivo de fuerzas armadas y de orden, y c) apoyo jurídico y político en mantener la impunidad o, de lo contrario, encontrar las mejores condiciones penales para los pocos juzgados por crímenes de lesa humanidad. Este contexto evidentemente no constituye un modelo democrático y generó un sistema político cargado de enclaves autoritarios que, en palabras de Garretón y Garretón (2010),2 es una democracia incompleta.

Este pacto se ha traducido en una serie de eventos, por ejemplo, en que Pinochet continuó como general en jefe del Ejército, y durante los cuatro años siguientes se sentó en el Parlamento como senador designado y se declaró senador vitalicio. O que su juicio fue llevado por el juez español Baltazar Garzón y su detención por la Policía británica. ¿Qué clase de democracia sienta al dictador en el Parlamento y lo deja a cargo del Ejército? ¿Qué clase de democracia dota de fuero parlamentario a un responsable de violaciones a los derechos humanos y no lo juzga por sus crímenes? Esa es la democracia de los pactos, la democracia de los acuerdos, la democracia de la concertación, una democracia que escondía a los asesinados, torturados y mutilados bajo la alfombra de la historia chilena. Si bien los gobiernos de Concertación realizaron procesos de investigación de las violaciones a DDHH, como el informe Rettig y la Comisión Valech, no necesariamente se orientan hacia la justicia y reparación de los familiares de los desaparecidos, ni tampoco buscan potenciar procesos de reconstrucción societaria a la violencia estatal. Ricardo Lagos Escobar, del Partido por la Democracia, en su mandato presidencial decretó el secreto sobre contenidos del informe Valech, protegiendo la identidad de los autores de crímenes de lesa humanidad. ¿Un texto lleno de líneas tachadas que no da cuenta de los nombres de los responsables busca justicia o impunidad?

El presidente demócrata cristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle creó en 1994 la cárcel Punta Peuco con la finalidad de que el ex director de la Dirección Nacional de Inteligencia de Chile (Dina), Manuel Mamo Contreras, cumpliera su primera condena por el asesinato del canciller Orlando Letelier y posteriormente por los otros 35 procesos, por los que suma un total de 350 años de cárcel. Posterior a esto, el penal continuó albergando a los juzgados por crímenes en la dictadura bajo el pretexto de cuidar su seguridad personal. Esta cárcel, si se puede llamar así, pone a su disposición salas de recreación, canchas de tenis, asistentes personales, piscina, médicos, entre otros lujos, mientras que el resto de la población carcelaria del país tiene altas tasas de hacinamiento y condiciones miserables de vida.

Durante esta semana, el tema en Chile vuelve a salir a colación porque el presidente Sebastián Piñera y la derecha política, en una torpe jugada, evidenciaron sus continuas ganas de entregar garantías a los pocos responsables juzgados por crímenes en dictadura. Este esfuerzo se materializa no solo desde el gobierno sino desde la totalidad del Estado, en tanto parte del Poder Legislativo de derecha participa, y el Poder Judicial deja en claro una vez más que no sólo se llenaron de temor para juzgar a Pinochet, sino que mantienen formas de apoyo a sus colaboradores.

El 9 de abril de 2020 el gobierno puso carácter de discusión inmediata en el Congreso al proyecto de “ley humanitaria” para la población penal, que en el marco de descongestionar las cárceles para evitar la propagación del coronavirus entrega el beneficio de reclusión domiciliaria para algunos reos. Lo problemático es que Piñera y su gobierno establecen que no importa la naturaleza del delito para optar por el beneficio, mientras estén en fase terminal de una enfermedad, se tengan más de 75 años y se haya cumplido a lo menos la mitad de su condena. Estos criterios han generado una serie de dudas, porque, contrario a los convenios internacionales de derechos humanos,3 entrega beneficios carcelarios para criminales que no han demostrado arrepentimiento sobre sus crímenes y mediante tratos de silencio no han aportado a las investigaciones. Por otro lado, el proyecto no establece mecanismos transparentes para establecer enfermedades terminales, y además ¿las posibilidades de contraer coronavirus es una justificación real cuando hablamos de una cárcel VIP?

Frente a esto, ¿cuál fue el posicionamiento de la ex Concertación? El ex presidente Ricardo Lagos, del Partido por la Democracia, el mismo que profundizó el neoliberalismo, privatizó servicios sociales, mantuvo Punta Peuco y protegió la identidad de quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, apoyó el proceder de Piñera y se declaró a favor de indultar a estos criminales mediante el proyecto de ley humanitaria. Entonces, surge la duda de si esto no será el último aspecto del pacto de retorno a la “democracia”. ¿Cómo se puede justificar tamaña validación de la impunidad? Esta interrogante nos motiva a alzar la voz contra los gobiernos de la posdictadura que permitieron la continuidad del negacionismo en la sociedad chilena y hoy demuestran su poco compromiso con los ideales de la democracia.

En Chile no es para nada extraño que la derecha política siga velando por la impunidad y la ex Concertación se ponga al servicio.

El mismo 9 de abril de 2020 dictaba sentencia la Octava Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago respecto a las condenas para ex agentes de la Dina juzgados por delitos de secuestro calificado y homicidio calificado de 17 personas entre 1973 y 1977. Antes de que los criminales cumplieran tres años en la cárcel, este fallo viene a revisar sus condenas, revocar el fallo contra ocho ex agentes y reducir la condena de los nueve restantes a tres años y un día de libertad vigilada. Para el Poder Judicial chileno, ¿es más grave robar un auto que cometer crímenes de lesa humanidad?, ¿en qué momento los tribunales de justicia cumplirán su rol?, ¿cuándo se perseguirá a los cómplices civiles de la dictadura? Son interrogantes de hace 30 años. Desde la transición a la democracia, la Justicia ha asignado penas rebajadas y vergonzosas por cada asesinato, tortura y violación, privilegiando que gane la injusticia y jamás sane la herida del país.

Parecería que la pandemia está generando el contexto para que el pacto de poder político para la impunidad se materialice por completo. En nuestro país algunos sectores propician condiciones institucionales para la impunidad. Han mantenido por 30 años la cultura de la impunidad, que subjetiviza los derechos humanos y que se ha expresado en el conflicto del Estado con el pueblo mapuche, en la represión contra movimientos estudiantiles y nuevamente con las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos que siguen ocurriendo como consecuencia del estallido social.

Los que la derecha llama “viejitos de Punta Peuco” han sido los más brutales criminales de la historia chilena actual. No podemos jamás olvidar lo que esos asesinos hicieron a las personas en nombre del Estado. Nieves Ayress, torturada en dictadura, entrevistada por el noticiario chileno 24 Horas el 16 de diciembre de 2014, relataba:

“A mí me torturaban y me metían botellas en la vagina, me metían palos por el ano y a muchas compañeras les hacían lo mismo con objetos. La orden que había en ese momento para los militares era destruir la vagina de todas las que éramos jóvenes y estábamos en período de reproducción”.

“Nos destruyeron la vagina y el útero para que no fuéramos reproductoras de revolucionarios y comunistas. Esa fue la orden que les dieron [a los militares] (…) Aparte de ser prisioneras políticas, nos torturaban por ser mujeres. Ellos [los torturadores] nos decían: ‘ustedes son mujeres y no tienen que estar metidas en esto [política]’”.

Estos son los “viejitos de Punta Peuco”, los sociópatas a los que Sebastián Piñera ya ha indultado, como cuando en 2018 indultó al responsable del asesinato de Beatriz Díaz, la joven de 26 años asesinada con seis meses de embarazo. En Chile no es para nada extraño que la derecha política siga velando por la impunidad y que la ex Concertación se ponga al servicio.

Iván Ojeda Pereira y Roque Alfaro Navarro son estudiantes de Sociología de la Universidad de Chile.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2020/4/chile-liberar-a-violadores-de-ddhh-en-tiempos-de-coronavirus/


 

 

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Coronavirus: de la crisis sanitaria a la educativa

Algunas “pistas” para abordar la cuestión en educación media.

Celsa Puente

_ Este texto nació del intercambio valioso que mantengo a diario con muchos colegas, pero es necesario señalar especialmente que la profesora Valeria Di Píramo ofreció con mucha generosidad varias de las ideas aquí presentadas._

El 13 de marzo Uruguay ingresó a los países que debieron tomar medidas con respecto a la pandemia mundial del coronavirus. Hasta esa fecha, todos los uruguayos vivimos como si estuviéramos mágicamente exonerados de la cuestión mundial. Es una actitud que tenemos con más frecuencia de lo que podemos asumir conscientemente. Habitualmente nos sentimos diferentes del resto del mundo, incluso de quienes son muy parecidos a nosotros, como ocurre con los ciudadanos del otro margen del Río de La Plata. Tenemos cierta jactancia de nuestra condición. Es cierto que somos pocos, que tenemos un país pequeño y hay algo de la dimensión de lo humano que, a pesar de los pesares, siempre nos hace sentir que podremos sobrellevar con dignidad las desgracias más definitivas.

Hasta el 13 de marzo –ese viernes inolvidable– todos creíamos que estábamos salvados en una suerte de inmunidad “a la uruguaya”, pero la realidad se encargó de mostrarnos que no somos tan especiales como creíamos, ni permaneceremos al borde de la ruta que el coronavirus inició a fines de diciembre, con intenciones claras de atravesar el mundo.

Ese fin de semana sirvió para tramitar el estado de estupefacción en el que algunos quedamos y comprender que aunque el epicentro de la enfermedad estuviera durante los meses de diciembre y enero en China –espacio exótico a nuestros ojos, en el punto geográfico opuesto al nuestro–, el virus se venía trasladando. A fines de febrero, el epicentro geográfico pasó a ser Italia y luego España. Esa cercanía debió alertarnos, pero no reaccionamos, y el lunes siguiente a la aparición de los primeros casos en Uruguay, las preguntas empezaron a surgir en forma desbordada. ¿Qué haremos los educadores sin poder asistir a los centros educativos a menos de 15 días de iniciados los cursos? ¿Cómo sostendremos una práctica pedagógica a distancia para cuidar la salud de todos, pero aprovechando el tiempo de estar en casa en condiciones de confinamiento?

Las señales no se hicieron esperar y la reacción de un conjunto de docentes fue inmediata. Se pusieron en marcha en forma espontánea mecanismos variados, echando mano de la amplia variedad de herramientas que están disponibles, con la intención inicial de cuidar el vínculo con los estudiantes.

La suspensión de la posibilidad de concurrir a los centros educativos abrió el desafío de sumergirnos en el vínculo educativo virtual. Sin lugar a dudas pesaron en esta reacción inmediata del profesorado los antecedentes memorables del trayecto realizado por Plan Ceibal, no sólo porque desde 2007 en Uruguay se realiza el reparto de dispositivos de uso personal a escolares, liceales y docentes, sino porque –incluso– algunos liceos cuentan con dispositivos de uso institucional (notebooks y tablets) que ofician como instrumentos fundamentales. Plan Ceibal también incursionó en la formación de los docentes y propuso desde siempre que la tecnología debía estar al servicio de la pedagogía, y aunque muchos docentes venían postergando la incursión al mundo de la virtualidad como complemento del trabajo en clase, la idea ya estaba sembrada en nuestras cabezas y nuestros corazones. Esta aseveración no pretende negar que existen quienes resisten con fortaleza y desmerecen el trabajo en línea por múltiples causas, que pasan por su propia resistencia a actualizarse, a pensar en lo nuevo, a repensar su rol en un “espacio” diferente al del aula material, y también, en una lectura desde el campo profesional de quien escribe, por el temor siempre vigente y más propio de un libro de ciencia ficción que de la realidad: ser sustituidos por las máquinas. Hoy estamos frente a una situación límite, Plan Ceibal hizo su tarea formidable y esa labor muestra sus efectos en una circunstancia como esta.

Uruguay tiene una condición adicionalmente buena para los vínculos virtuales: es un país con fuerte conectividad a internet. Tenemos internet disponible en forma gratuita en los espacios públicos, en plazas y centros educativos. El problema que se suscita ahora es fundamentalmente la restricción de circulación y la imposibilidad de trasladarse a esos espacios. Sin embargo, inmediatamente se abrió la posibilidad de contar con cinco gigas gratuitos en los celulares que dependen de la empresa estatal Antel como forma de dar una respuesta rápida que facilitara el uso de los dispositivos móviles.

Es necesario puntualizar que, aun con las buenas condiciones enunciadas, con el excelente trabajo previo llevado adelante por Plan Ceibal y con conectividad disponible, la presencialidad es un rasgo indiscutible a la hora de pensar en las relaciones pedagógicas, sobre todo con niñas, niños y adolescentes, y si bien es cierto que hay algunas experiencias muy valiosas de ofrecimientos educativos sostenidos en la virtualidad –o al menos en la semipresencialidad–, en su gran mayoría están dirigidos a la población adulta.

El escenario de la llegada de la covid-19 a nuestro país pone en jaque esa tradición presencial en las aulas y propone un aislamiento físico que pretendemos que no se traduzca en aislamiento social y mucho menos pedagógico, pero que debe resolver el aprendizaje de los y las adolescentes sin que medien, al menos por un tiempo, las instancias presenciales.

La Semana de Turismo ha oficiado como bisagra entre las primeras semanas del año lectivo en que se suscitó el surgimiento de propuestas virtuales a la manera de un volcán, en el que cada docente hizo uso de los soportes y mecanismos que conocía y que le parecieron más adecuados para mantener las actividades de clase, y una situación que parece extenderse inexorablemente por lo menos durante este primer semestre del año. Deberán, por tanto, existir coordenadas claras y una buena planificación pensando escenarios familiares variados, así como una comunicación eficaz que oriente a las familias y que permita prevenir el peor efecto que toda esta situación seguramente generará si no se trabaja con mucha planificación y mensajes definidos: la desvinculación estudiantil.

Algunas consideraciones imprescindibles

El primer aspecto es el que refiere a la comunicación: comunicar claramente a través de los medios masivos toda la información relacionada al funcionamiento y organización que tendrá el desarrollo de los cursos durante este primer semestre del año. Para ello consideramos necesario usar todos los medios masivos, como los canales de televisión abierta, las radios y la prensa en general, a los efectos de asegurar la llegada a todas las familias. Si no se trabaja con eficacia es inevitable que la desvinculación de los estudiantes sea la característica de este año educativo. Uruguay ha hecho un recorrido muy importante en la última década en relación al desarrollo conceptual de la educación media como derecho humano fundamental; es imprescindible rescatar y reforzar el trabajo que se viene haciendo y recordar el compromiso de Estado de que todas las personas de hasta 17 años deben estar incluidas en algún centro educativo. El primer paso es, entonces, informar para erradicar la confusión inicial y brindar información de calidad que oriente tanto a las familias como a niños, niñas y adolescentes. Muchos adolescentes aún no han incursionado en las plataformas educativas ni han tenido vínculos de ningún tenor con sus centros educativos y sus profesores. Es imprescindible salir a recuperarlos, y el camino del regreso se realiza con comunicación clara que no admita dobles interpretaciones.

Para complementar los mensajes a través de los medios masivos, es necesario armar “mesas de ayuda” destinadas a aclarar dudas de las familias. Pensamos en equipos receptores de consultas por medio de correo electrónico y de líneas telefónicas en días y horarios definidos. Estas deberán ser atendidas por el personal liceal: funcionarios administrativos, secretarios y todo el personal de docencia indirecta (adscriptos, preparadores de laboratorio, profesores orientadores bibliográficos, etcétera). Para que funcionen correctamente es necesario instruir a la población a través de campañas en los medios. Cada persona que realice su consulta debe contar con los datos precisos que resultan imprescindibles: nombre completo del alumno, cédula de identidad y grupo. También es necesario que exprese con claridad y brevedad su problema, por ejemplo: “No tengo conexión a internet”, “Mi hija tiene la ceibalita rota”, “No sabemos cómo acceder a las plataformas”, “No ha podido conectarse con sus profes”.

Surgirán seguramente los problemas relacionados con el hardware, por lo que será necesario disponer del préstamo de todas las ceibalitas que están asignadas a los centros educativos y que, en este momento, están inutilizadas, y ofrecer temporariamente otras de las que el propio Plan Ceibal pueda disponer. También es imprescindible generar una alianza entre la Facultad de Ingeniería y Plan Ceibal y la propia Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información para reparar con rapidez todos los equipos que no funcionan o que puedan tener fallas.

Dar respuestas claras, generar un marco de acción común, cuidar la desvinculación y salvaguardar a nuestros estudiantes de la soledad y la endogamia familiar parecen ser hoy imperativos que no admiten demora.

Pero es claro que, si bien los aspectos materiales son significativamente importantes, es necesario organizar la gestión y la práctica pedagógica. Hemos perdido por ahora la contextura edilicia, pero la educación es mucho más que lo edilicio. En el caso de los liceos, hay que retornar a las coordinaciones –que ya muchos centros realizan– en días y horarios que ya estaban establecidos por medio de alguna de las plataformas que habilitan a muchos participantes (como el caso de Zoom), por una parte porque restablecer el contacto con colegas es siempre necesario, pero además hay que generar espacios para evacuar dudas y planificar actividades en equipo. La virtualidad suele dejarnos cierta sensación de soledad que hay que erradicar provocando el encuentro con colegas. En el caso del trabajo por asignatura, consideramos que realizar salas virtuales por zonas y/o centros educativos, con el liderazgo de la inspección de cada uno de los campos del saber, permitirá sistematizar experiencias valiosas y recoger los modos de trabajo que cada profesional va descubriendo. Dejar en cualquier caso los canales de comunicación abiertos siempre: correo electrónico, líneas telefónicas específicas, Whatsapp, etcétera.Es necesario señalar que nada podrá prosperar si no existe una redefinición clara de objetivos en relación al curso y cada una de las asignaturas, sin desconocer que el gran objetivo transversal en esta situación es sostener el vínculo con los estudiantes.

Por otra parte, cada centro debe contar con figuras responsables por liceo de todo lo referido a la tecnología y sus usos, para que canalicen dudas y vehiculicen la comunicación entre estudiantes y docentes a los efectos de organizar el trabajo. En el caso de los liceos dependientes del Consejo de Educación Secundaria (CES), contamos con el Profesor Orientador en Informática y Tecnología Educativa (POITE). En su perfil, aprobado por el CES el 13 de noviembre de 2014, se establece que una de sus funciones esenciales es constituirse en un “facilitador” para acercar la tecnología al resto de la comunidad educativa, para promover su uso y colaborar en los desafíos pedagógicos que implican su incorporación al aula. Investigará y asesorará al resto de los actores institucionales sobre el uso de los distintos recursos digitales existentes, las potencialidades que tienen y las habilidades que requiere su uso (CES, Resolución del Expediente 3/15662, 13/11/2014). Hoy su lugar ha tomado un valor especial, pues muchos colegas educadores necesitan de la presencia de estas figuras para recibir orientación en relación al uso de plataformas y otras herramientas posibilitadoras del encuentro con el grupo.

De la experiencia espontánea nacida de la buena disposición de los docentes en estas primeras semanas se confirmó que, si no se organizan los encuentros, pueden acumularse múltiples demandas para los estudiantes, y se corre el riesgo de provocar el efecto contrario al deseado, pero también de sobrecargar de tareas a los educadores. Creemos que es imprescindible posibilitar el contacto virtual con frecuencia semanal para generar hábitos, completar explicaciones o aclarar pautas y consignas de los trabajos propuestos en un horario bien planificado. Pensamos en un espacio en el que hacer devoluciones, socializar dudas, inquietudes y avanzar en algún contenido que sea esencial para continuar proponiendo actividades para la semana siguiente. Por eso aconsejamos respetar el horario de clase. En caso de lograr el encuentro sincrónico con los estudiantes, por medio de alguna plataforma que habilite el encuentro a la manera de una “presencia virtual”, sería deseable que la grabación quedara habilitada al menos 48 horas después de la clase para posibilitar que aquellos estudiantes que por problemas técnicos o imposibilidad de contar con un dispositivo para acceder al contacto cuenten con el tiempo adecuado para acceder a la clase. Es necesario pensar en todos y dejar de tener discursos que sólo vayan orientados a niños, niñas y jóvenes de clase media. Se hace imprescindible incorporar en los diseños con sensibilidad la situación de muchos estudiantes de clases bajas que están acuciados por infinidad de problemas; la conectividad, la disponibilidad de un espacio en el hogar y la propia pobreza formativa de los adultos que los rodean son apenas una aproximación a las grandes problemáticas que deben asumir cotidianamente. “La piola se corta siempre por el lado más débil”, expresa un famoso dicho popular, y todos sabemos que el lado débil de la piola siempre es el de la educación, máxime en estas condiciones. Por lo tanto, si nos proponemos abordar todo el abanico de situaciones diversas de nuestros jóvenes y tener claro que nada debe impedir que todos los estudiantes uruguayos estudien, debemos tener en cuenta que si se agotaron los caminos por medio de la tecnología, ya sea porque no se pudo resolver la conectividad en el hogar; la conectividad es limitada y son muchos miembros en la familia; no hay suficientes dispositivos, o cualquier otro impedimento, es necesario recurrir a métodos más tradicionales. Quizás pueda implementarse una modalidad en papel, armando “paquetes” con actividades fotocopiadas que puedan ser entregados quincenalmente. Cada paquete debe tener las mismas actividades o equivalentes a las que los otros integrantes del grupo hacen en línea.

Entre el 16 de marzo y el 5 de abril hemos visto muchos videos motivadores realizados desde los centros educativos. Algunas de estas producciones fueron hechas por los profesores y equipos de directivos y adscriptos para convocar a los estudiantes y mitigar la soledad. “Estamos contigo”, repiten los protagonistas de una de estas producciones, como frase que se reitera para dar lugar a la presencia adulta aunque parezca invisible. Otros fueron un poco más explícitos, de discursos más largos y forjados desde la aclaración de la situación, dando indicaciones para adherirse a los nuevos formatos y soportes educativos. Asumir “lo que toca”, dice un video argentino que se viralizó, “ya sabemos que no es justo”, “nunca es un momento propicio para lo que toca […] por eso decimos que “toca” porque te embate, te embiste, te trastoca […].

La situación parece más compleja aún con un Codicen que no termina de conformarse y unos consejos desconcentrados aún sin nueva integración, en los que las autoridades salientes parecen “congeladas” y las entrantes, aún no nombradas, no tienen investidura para actuar. Esto se constituye en un obstáculo importante. La rapidez a la hora de dar directivas puede ser determinante para aprovechar el caudal que los docentes ya demostraron tener, para así organizar un semestre de trabajo que sea fértil y permita sostener el sistema educativo a pesar de la pandemia. Aun cuando se maneje en el discurso el regreso a clases presenciales en las localidades rurales –que tampoco se constituyen en un universo uniforme, pues hay centros con pocos alumnos y otros con muchísimos–, la realidad es que esta pandemia aún no da tregua y pasará mucho tiempo antes de que podamos habitar el aula como solíamos hacerlo. Dar respuestas claras, generar un marco de acción común, cuidar la desvinculación y salvaguardar a nuestros estudiantes de la soledad y la endogamia familiar parecen ser hoy imperativos que no admiten demora. La gestión, los mensajes claros y el aprovechamiento de la capacidad tecnológica del país, junto con el compromiso de los educadores, parecen constituir un escenario excelente si se actúa con la rapidez y la precisión que las circunstancias reclaman.

Celsa Puente es profesora de Literatura y fue directora del Consejo de Educación Secundaria.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2020/4/coronavirus-de-la-crisis-sanitaria-a-la-educativa/

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