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Transformaciones en el capitalismo de la información

Por Pablo Dávalos

Resumen

La teoría económica moderna parte de la categoría de “equilibrio general” como una condición necesaria para la comprensión del funcionamiento de la economía. Sin embargo, existen ahora fenómenos económicos que son irreductibles al equilibrio general. Las corporaciones de la sociedad de la información definen su estructura de precios por fuera de toda consideración del equilibrio general. Esto ha generado dos fenómenos que son incompatibles con la teoría económica moderna: de un lado hay corporaciones que han endogenizado la demanda, es decir, han convertido a los consumidores en vectores de su propio modelo de negocios; y, de otro, han exogenizado la oferta, es decir, se han desprendido de todo proceso productivo. Para hacerlo se necesitan de condiciones de posibilidad previas, esas condiciones son políticas y tienen que ver con la desarticulación política a los trabajadores, con las medidas de austeridad y con el debilitamiento del Estado, entre otras. Esto conduce a que la estructura social sobre la cual se definen los precios en la sociedad de la información y por fuera del equilibrio general, sea política, lo que conlleva al retorno de la economía política.

Palabras clave: endogenización de la demanda, homo economicus, exogenización de la oferta, neoliberalismo, desarticulación de la clase obrera

El marco teórico del mainstream de la economía moderna

El neoliberalismo transformó de manera radical el concepto de “mercado”. De ser un espacio social destinado al intercambio entre vendedores y compradores a partir de un sistema de precios, el neoliberalismo lo transformó en una esfera de regulación social y validación de decisiones políticas. Para el neoliberalismo el mercado no solo permite el encuentro entre oferta y demanda, sino que, además, ratifica a la sociedad en sus decisiones políticas y su capacidad de regularse a sí misma.

La construcción de instituciones sociales que siempre se habían relacionado con la ley, la justicia y la costumbre, ahora ceden el paso a la racionalidad económica del mercado porque se asume que los criterios de eficiencia y la racionalidad solamente pueden ser expresados y validados desde el mercado, de ahí que se afirme que todas las instituciones sociales sean económicas y que todo cambio histórico de la humanidad, en realidad, se debería a los cambios en los precios relativos.

Sin embargo, la teoría económica clásica, es decir, el pensamiento que proviene de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, entre los más importantes, siempre había integrado el mercado a la producción y, a su vez, la producción al trabajo y a la división del trabajo. Marx, de su parte, nunca asimiló la producción al mercado sino que había integrado al mercado como la esfera que realizaba el valor que, de su parte, se había generado en la producción. El mercado, en tanto circulación del valor, nunca crea valor: lo realiza. La única excepción que Marx previó fue aquella del transporte de mercancías.

Para que el mercado se transforme en algo más que un espacio de compra y venta y se convierta en un regulador de toda la sociedad, que incluye a sus decisiones políticas, era necesario una amputación teórica radical: separarlo de la producción. Este proceso se realizó a fines del siglo XIX y se construyó a lo largo del siglo XX con la denominada teoría económica moderna.

De esta manera, el eje de toda la discusión económica asume al mercado como algo más que un concepto económico, en realidad lo considera como regulador social. La producción de mercancías se convierte en un asunto técnico y se desplaza hacia la administración de empresas y la microeconomía. Así, se efectúa un proceso inverso a aquel de la economía clásica: se transforma a la producción en una determinación de la circulación (el mercado).

El valor de las mercancías tendría que ver, en efecto, con el mercado como el locus desde el cual los consumidores asignan el valor a partir de sus decisiones supuestamente racionales, autónomas y libres en un contexto de libre concurrencia. Los consumidores se acercan a la mercancía y deciden adquirirla en función de un concepto que tiene un fuerte componente metafísico: las preferencias reveladas. Esos seres humanos convertidos en una determinación de la mercancía (un fenómeno que ya había sido advertido por Marx en el análisis de la alienación y en el fetichismo de la mercancía), se transforman, para la teoría económica moderna, en homo economicus.

De todos los conceptos económicos elaborados en el siglo XIX, quizá aquel de equilibrio económico sea uno de los más importantes no solo por sus implicaciones económicas sino incluso por sus consecuencias políticas y metafísicas. El equilibrio de mercado, para la economía moderna, implica una utilización racional de recursos escasos y la máxima satisfacción tanto para los consumidores como para los productores, lo que conduce a la sociedad a una realización de sí misma. El equilibrio económico es ese punto metafísico en donde coinciden la supuesta utilidad del homo economicus y la rentabilidad de los empresarios y en donde la sociedad también alcanza el máximo nivel de racionalidad posible con un sistema de precios dado y a partir de recursos escasos. El equilibrio económico petrifica a la historia y hace imposible pensar en cualquier transformación social.

El concepto de equilibrio general fue formulado por Leon Walras a fines del siglo XIX. Se construye metodológicamente el encuentro entre dos fuerzas casi naturales (oferta y demanda) que, al coincidir, se anulan mutuamente y dejan en su punto máximo la función de utilidad para compradores y vendedores. Ese punto máximo, la teoría económica moderna, lo denomina margen.

En la oferta constan todos los bienes y servicios realizados por los productores con una dotación inicial de factores (tierra (o naturaleza), trabajo y capital (incluye tecnología y gestión)), que buscan el máximo posible de rentabilidad para su inversión. En la demanda, en cambio, están los consumidores que, en tanto homo economicus, son plenamente racionales en cuanto a sus gustos y preferencias, y que pueden discriminar de forma racional aquellos bienes y servicios que maximizan su utilidad con la restricción del ingreso disponible.

Para la oferta y la demanda, el precio constituye una información que les permite tomar decisiones que se consideran racionales. Todas esas decisiones que se toman de manera libre, autónoma y soberana en el mercado conducen, finalmente, al equilibrio general de toda la sociedad.

El concepto de equilibrio de mercado, que Marx consideraba un concepto vulgar porque no permitía ninguna comprensión del capitalismo en tanto sistema económico, por supuesto que ha cuestionado desde diferentes visiones y marcos teóricos; sin embargo, la construcción del mainstream implica y supone la invisibilización de sus críticos.

La noción de equilibrio general de la economía es el punto nodal de todo el discurso económico del siglo XX y también del siglo XXI. Se asume como una posición de principio epistemológico sobre la cual descansa toda la analítica de la economía moderna. Si este principio epistemológico se cae, se derrumba todo el edificio conceptual construido sobre él. Por ello no hay cabida para ninguna forma de reinterpretar, criticar, cuestionar o siquiera poner en debate la noción de equilibrio general.

Aunque sumario, pero este es el marco general que subyace a la teoría económica moderna y su enfoque de equilibrio general. Se llama equilibrio general porque en él coinciden, a saber, los tres mercados más importantes: el mercado de trabajo, el mercado de capitales y el mercado de bienes y servicios. Toda posición que mueva a los precios de sus posiciones de equilibrio implica distorsiones que no tienen nada que ver con el mercado sino con fuerzas exógenas a él, porque el mercado, se supone, llega de forma natural y espontánea al equilibrio en función de su capacidad de autorregulación. En este enfoque de la teoría económica moderna, quien puede desplazar a la economía de sus posiciones de equilibrio general es, habitualmente, el Estado.

Ahora bien, no quiero sumarme a las críticas del concepto de equilibrio general de mercado y, menos aún a la crítica al marco epistemológico del neoliberalismo, que son múltiples, vastas e importantes sino, más bien, ponerlo en otra perspectiva y que tiene que ver con la posibilidad de que la demanda de mercado pueda ser endogenizada por las empresas mientras que, al mismo tiempo, estas empresas puedan exogenizar la oferta, lo que daría lugar a la anulación práctica del equilibrio económico o, en todo caso, a una posición bastante alejada de las prescripciones teóricas del discurso actual de la economía.

En otros términos, hay un contexto en el cual existen determinadas empresas con tal capacidad de dominar al mercado que pueden conocer casi con exactitud a la demanda, mientras que, al mismo tiempo, deciden dejar de producir los bienes y servicios que tradicionalmente comercializaban y, no obstante, mantienen una posición de dominancia de mercado sobre esos bienes que ya no producen directamente. Para estas empresas, la oferta y la demanda ya no son fuerzas ciegas que llevan al equilibrio general sino más bien determinaciones de su propio modelo de negocios. Ellas definen e imponen sus precios por fuera de toda consideración de equilibrio de mercado, competencia, racionalidad de los consumidores, preferencias reveladas, en fin.

Si esto es así entonces el equilibrio general, definitivamente, adquiere otra significación. ¿Cuál es esa nueva significación? Y ¿cómo la oferta y la demanda pasan a convertirse en determinaciones de cierto tipo de empresas? ¿Qué significa que estas empresas (o, si se quiere, corporaciones) puedan endogenizar la demanda y, al mismo tiempo, exogenizar la oferta? Si anulan al equilibrio ¿qué pasa con la economía de mercado?

La endogenización de la demanda y exogenización de la oferta

Son cuestiones que tienen que ver con el desarrollo del capitalismo y las consecuencias sobre los sistemas de regulación del capitalismo de los avances tecnológicos y de la emergencia de la economía de la información. Son avances cuyos contornos se han perfilado a partir de la segunda década del siglo XXI y que dan cuenta de niveles de concentración y centralización del capital a niveles inéditos.

En un grado determinado de concentración y centralización y, al mismo tiempo, de desarrollo tecnológico y de especulación financiera, ciertas corporaciones tienen la capacidad de anular los efectos aleatorios y la incertidumbre de la oferta y la demanda, es decir, del mercado. Para esas empresas, el mercado es otra cosa que aquella de la descripción original del siglo XIX y XX. Es, ahora, un espacio que ellas controlan por entero y que forma parte de sus propias determinaciones. De límite externo ha devenido en determinación interna.

No se trata solamente de una posición de monopolio o de acuerdo colusorio del mercado sino de algo más profundo, más vasto y más complejo. Se trata de la forma por la cual un determinado grupo de corporaciones dejan de producir bienes y servicios y, al mismo tiempo, se dedican a producir patrones de comportamiento que implican administrar la demanda a voluntad.

Este proceso que empieza con la sociedad de la información, se consolida, amplía y profundiza con la masificación del uso de redes sociales, el incremento de las capacidades de conexión a internet, la irrupción de la inteligencia artificial, el abaratamiento y el fácil acceso de los dispositivos tecnológicos, entre ellos los teléfonos inteligentes, entre otros, son los que ahora permiten la conversión de la subjetividad humana como una determinación de la corporación para administrar la demanda a su antojo.

Creo que las nuevas tecnologías están logrando lo que a primera vista puede ser imposible: que las empresas puedan conocer de tal forma al consumidor que puedan registrarlo, inscribirlo y adecuarlo a sus propios modelos de negocios como un vector de su modelo de gestión. De esta manera, la demanda, al menos como la conocíamos y como se la había teorizado desde el siglo XIX, para estas corporaciones, desaparece en su formato original. La demanda de mercado es ahora, para ellas, una determinación que nace, se dispone, define y condiciona como un vector que ha sido previamente precisado y estructurado dentro de sus propios modelos de negocios.

A este proceso de endogenización de la demanda de mercado se suma otro: estas corporaciones se desprenden de la producción para concentrarse en la administración de las preferencias del consumidor. Es decir, la oferta se exogeniza de la empresa. La producción, en tanto espacio para la creación de bienes y servicios, sale de la esfera de la empresa. Así, estas corporaciones dejan de preocuparse de la producción y, más bien, se concentran en la administración de la demanda.

El desarrollo de las tecnologías de la información, con la expansión de las redes sociales, con el perfeccionamiento y rápida propagación de  la inteligencia artificial, con las capacidades de conectividad cada vez más exponenciales (las próximas redes 6G por ejemplo), y con el desarrollo de nuevas tecnologías, como es el caso de la computación cuántica y los enlaces cuánticos, las biotecnologías y las nanotecnologías, entre otros, otorgan a cierto grupo de corporaciones capacidades tecnológicas que son inéditas y que les conducen a alterar de forma importante la estructura misma de la economía.

Ahora pueden hacer algo que era imposible en el siglo XX: individualizar su producción sin perder sus economías de escala y llegar a tal conocimiento de la demanda que pueden generar patrones de comportamiento en los consumidores para inscribirlos dentro de sus propios modelos de gestión y de negocios.

Pero ¿cómo lo hacen? ¿De qué forma han logrado, de una parte, dejar de producir y, de otra, incidir sobre la subjetividad de los consumidores para administrarla a su conveniencia? Y, ¿qué consecuencias tiene esto para la teoría económica? O más bien, ¿qué tipo de teoría económica debería ocuparse de estos fenómenos? Esto nos lleva a una cuestión importante: ¿Hacia dónde va el capitalismo?

El mercado como espacio de incertidumbre: la regulación en el capitalismo

Una empresa se enfrenta siempre a un entorno de indeterminación e incertidumbre con respecto al mercado. Mientras que para la empresa la producción no guarda ningún misterio y puede planificar al detalle todos los procesos productivos, en cambio el mercado se le presenta con un enorme signo de interrogación.

Es por ello que las empresas han invertido tanto en el conocimiento, predicción y comprensión de las tendencias del mercado. Es por ello también que se han desarrollado campos analíticos como la neuro-economía y la economía del comportamiento, porque las empresas buscan intuir de la manera más cierta la forma por la cual se comportarán los mercados para poder reducir la incertidumbre, los gastos asociados a ella y, por ende, incrementar su rentabilidad.

Una de las formas arcaicas que tienen las empresas para domeñar los mercados es a partir de su  control directo, sea por la vía de los monopolios o los monopsonios, o por la vía de los acuerdos colusorios de mercado. Pero son controles exógenos al mercado. Son, en realidad, distorsiones al mercado y, por tanto, al equilibrio general. Es por eso que los textos de economía analizan de forma particular la formación de precios de los monopolios porque suponen alteraciones al equilibrio de mercado.

¿Qué pasaría si una empresa puede reducir casi a cero la incertidumbre del mercado sin distorsionarlo? En ese caso la empresa se confronta a un horizonte de certezas hacia el cual puede converger su producción. Sabe exactamente qué es lo que tiene que producir y para quién es esa producción. Fue esa transformación la que provocó el denominado “toyotismo” de la producción justo a tiempo en los años setenta del siglo pasado.

Pero el toyotismo no alteró la incertidumbre del mercado, simplemente la adecuó a las necesidades de las empresas. En vez de la producción en masa del fordismo, el toyotismo se ajustó a las exigencias de la demanda. Desde la demanda nacían las señales que se replicaban hacia toda la empresa. La demanda de mercado, en todo caso, siempre era un factor exógeno a la empresa.

Ahora bien, este modelo del toyotismo empieza a transformarse en la sociedad de la información. Las nuevas empresas endogenizan la demanda y, casi al mismo tiempo, exogenizan la producción. ¿Qué quiere decir esto? Que las empresas van un paso más allá del toyotismo. Ahora pueden conocer exactamente al consumidor. Y no se trata de un conocimiento ni marginal ni casual, sino amplio, riguroso y exhaustivo y a tal extremo que, incluso, llegan a conocerlo más allá de lo que el propio consumidor puede conocerse a sí mismo.

Para estas corporaciones de la sociedad de la información, los consumidores ya no representan ningún misterio. Estas corporaciones saben qué sienten, qué necesitan, qué les gusta, qué no les gusta, cómo distribuyen su tiempo, cuáles son sus filias, cuáles son sus paranoias, cuáles son sus excesos, cuáles son sus debilidades, etc.

Estas corporaciones tienen la posibilidad de desarrollar una especie de mapa cognitivo, afectivo, fisiológico e intelectual de todos y cada uno de sus consumidores reales y potenciales. Con ese mapa no solo que pueden ubicar su modelo de negocios sino también pueden generar señales imperceptibles sobre los patrones de conducta e interferir sobre ellos. Esto pone a estas corporaciones en otro nivel: de la incertidumbre del mercado ahora deben resolver el desafío de cómo interferir en los patrones de comportamiento del consumidor y transformarlos en vectores de su modelo de negocios.

De esta forma, la empresa endogeniza al consumidor. Lo transforma en una determinación de la propia empresa. Si la empresa tiene éxito puede crear una especie de reflejo condicionado o patrones de conducta condicionados que han sido diseñados desde la empresa.

Entonces, el desafío ya no consiste tanto en producir algo sino en endogenizar al consumidor dentro de la empresa y para ello se necesita de información. En efecto, la endogenización del consumidor no puede hacerse sin que el consumidor transfiera a las empresas todos sus datos personales, sus gustos, sus preferencias, sus dinámicas más vitales, los datos de su salud y fisiología, sus dudas más existenciales y sus proyectos de vida, de manera libre, voluntaria, sistemática, cotidiana y, además, gratuita. Es exactamente eso lo que hacen las redes sociales y las aplicaciones de internet. Son, literalmente, redes lanzadas hacia la subjetividad de las personas que, al caer en ellas, ponen en ellas toda su vida y, encima, lo hacen todo el tiempo y gratis.

Las corporaciones tienen información del número de pasos que ha dado una persona en un día determinado. De los circuitos urbanos o rurales que ha recorrido. De las compras que ha hecho. De su presión arterial y pulso cardíaco. De sus indicadores más importantes de su salud. De sus preferencias cotidianas. De su círculo social. De sus opiniones políticas. De su forma de conducir un coche. En fin.

En ese contexto, para estas corporaciones la producción, de forma paradójica, se convierte casi en un obstáculo porque le sustrae recursos de su objetivo más importante que es la endogenización del consumidor. Se trata de un proceso que lleva el fetichismo de la mercancía a un nivel más alto y que coloniza la subjetividad del consumidor de tal manera que el consumidor se convierte en una determinación de la empresa sin que tenga la más mínima idea de ello.

La empresa ya no solo produce un bien o un servicio, sino que también produce al consumidor de ese bien y de ese servicio.  Estas corporaciones lo pueden hacer porque conocen los patrones de comportamiento y preferencias de los consumidores, no como un dato general y que ha sido extrapolado de otras variables, sino como un dato real y que tiene que ver con la propia información que el consumidor ha colocado en sus redes sociales.

Pero el volumen de información es tan grande y las posibilidades de integrarlas de manera consistente es tan vasta que se necesitan recursos tecnológicos gigantescos para hacerlo. Es en esa dinámica que se genera la inteligencia artificial, como un algoritmo que tenga capacidades heurísticas y probabilísticas para poder manejar la información que los consumidores diariamente exponen en las redes sociales.

Me voy a valer de un ejemplo, como un marco heurístico, de lo que quiero decir. En el siglo XXI existe, sobre todo en las sociedades capitalistas más avanzadas, una especie de culto al cuerpo y a la imagen. El filósofo francés Michel Foucault las denominaba las tecnologías del yo y tienen que ver con las derivas biopolíticas del neoliberalismo. Ahora bien, esto conduce a que prácticas relativamente extrañas ahora formen parte de la cotidianidad de millones de personas en todo el mundo y sin las cuales no se sienten conformes consigo mismas y que han generado importantes modelos de negocios e industrias. Una de esas prácticas extrañas tiene que ver con los gimnasios y el trabajo sobre el cuerpo. Existen, en efecto, muchas industrias detrás de ese culto al cuerpo (farmacéuticas, ropa deportiva, aplicaciones, etc.). Pero de todas ellas, quisiera detenerme en las corporaciones de ropa deportiva como Nike, Puma o Adidas, entre otras.

Cada una de ellas, ha logrado influir sobre la subjetividad de millones de personas que se han convertido en usuarios permanentes de eventos deportivos y que adquieren una serie de gadgets, ropa deportiva y uso de aplicaciones que les obligan a cambiar sus rutinas diarias de vida. Este comportamiento de las personas, aparentemente autónomo, en realidad se integra a las necesidades de las corporaciones cuando ellas saben exactamente lo que piensan y sienten estas personas y los motivan a que adopten ciertos comportamientos, entre ellos, el uso del gimnasio (fitness) y sus rutinas (o el jogging).

Estas corporaciones, que han exogenizado la producción (actualmente ninguna de ellas fabrica ropa deportiva, ni zapatos deportivos ni nada en concreto en realidad), ahora se concentran en las conductas de las personas. Así, han experimentado un proceso de alteración que tiene que ver con las mutaciones del capitalismo: primero se transformaron en corporaciones dominantes gracias a su economía de escala; luego trasladaron su producción hacia subcontratistas gracias a la delocalización en zonas especiales de desarrollo económico, lo que les obligó a concentrarse en la gestión de la marca; y, finalmente, han vinculado la marca con patrones de comportamiento del consumidor para administrar la demanda.

De esta forma, la marca de la corporación es solo una interfaz para la intervención directa sobre la conducta. Se trata de influir sobre la conducta para provocarla a que asuma hábitos y costumbres que, en otras circunstancias, habrían sido imposibles. Así, logran movilizar millones de personas todo el tiempo a través de eventos deportivos, maratones, o jornadas extenuantes con los pretextos más variados pero que generan fenómenos sociales que han sido creados expresamente desde estas corporaciones.

Muchas personas quizá en algún momento de epifanía retornen a ver el ambiente del gimnasio, del fitness o del jogging y se pregunten “¿qué hago aquí?”, o “¿por qué estoy haciendo esto?”. Es solamente un relámpago de lucidez que alumbra el absurdo de su situación. No están ahí por motu propio. Están ahí porque han sido condicionados. Porque su propia subjetividad ha dejado de pertenecerles. Pero no lo saben. Se esfuerzan en el gimnasio hasta más allá de lo posible y transitan todo el día con ese cansancio que los obliga a tomar suplementos y drogas para mantenerse siempre en esa forma; así, establecen sus propios horarios de vida para robarle tiempo al descanso o a la recreación, y pasar en el gimnasio o en el jogging o en algo parecido, solamente por el culto al cuerpo: biopolítica pura. Todo ello revela una colonización de la subjetividad que va más allá de la alienación que describía Marx.

¿Cómo una corporación, como Nike por ejemplo, pasó de la producción de artículos deportivos a la gestión de la marca, y de ahí a la formación y administración de conductas? Quizá porque tienen a su disposición algo que no existía en el siglo XIX cuando se conformó la teoría de los mercados y del equilibrio general. Ahora tienen información real y permanente de todos y cada uno de los consumidores. Y se trata de un insumo abundante, gigantesco y que cada día crece más y que para estas corporaciones tiene un costo marginal nulo, es decir, es casi gratuito. Se trata de una mina de proporciones colosales que necesita de empresas de minería de esa información. El principal extractivismo del siglo XXI no es del petróleo, ni del oro, ni de ningún commodity. El principal extractivismo es la minería de datos. Es el extractivismo sobre la subjetividad de todos y cada uno de nosotros.

De esta forma, para estas corporaciones el mercado quiere decir otra cosa que aquello que define la teoría económica tradicional. Esta vez, el mercado no tiene nada que ver entre el encuentro del consumidor con su oferta. Ahora, son el espacio en el cual se produce la disputa sobre la conciencia de lo humano y la colonización de la subjetividad personal. Los consumidores dejan de ser impredecibles. Se convierten en vectores. Pero su dirección, en tanto vectores, no depende de ellos, sino de aquella que ha sido impregnada desde estas corporaciones.

Volvamos al caso de una de ellas. Nike por ejemplo. Hace ya varias décadas que Nike dejó de producir y empezó a descargar sobre sus subcontratistas las responsabilidades de la producción de ropa, zapatos y accesorios deportivos. El proceso previo fue la liberalización comercial que empezó en el año 1979 en China con las Zonas Especiales de Desarrollo Económico. Las empresas, cuando comprendieron que en esas Zonas de Desarrollo Económico que empezaron a proliferar en todo el sudeste asiático, les permitían reducir sus costos laborales, decidieron relocalizar y delocalizar sus líneas de producción. Nike es una de ellas. Pero Nike entendió rápidamente que no solo podía relocalizar su producción sino también exogenizarla, es decir, trasladar hacia terceros todas sus líneas de negocios relacionadas con la producción. Ahora Nike, strictu sensu, no produce ningún bien. Todos ellos han sido transferidos hacia empresas subcontratistas. Muchas de ellas están en esas zonas especiales de desarrollo económico del sudeste asiático aunque se han replicado por todo el mundo.

De esta forma, muchas empresas pasaron de la relocalización y delocalización al outsourcing. Así por ejemplo, Apple ha transferido a Foxconn, una empresa de Taiwan, la fabricación de todos sus productos.

Pero las empresas pueden exogenizar la producción y asegurarse de la propiedad intelectual de su marca gracias a los derechos de propiedad intelectual y sus instrumentos jurídicos internacionales que han sido avalados y reconocidos por los Estados a través de los acuerdos internacionales de inversión; el reconocimiento a los tribunales internacionales de justicia para controversias relacionadas con las inversiones, y gracias también a que los Estados consideran a la inversión extranjera directa la capacidad de determinación de la tecnología, la innovación y el empleo en sus propias economías.

En la exogenización de la producción en primera instancia la corporación se queda con la marca, de ahí la importancia del derecho a la propiedad intelectual y los tribunales de conciliación y arbitraje para diferencias relativas a inversiones. Son, de hecho, sus subcontratistas los que finalmente producen todo lo que estas corporaciones negocian. Pero esos subcontratistas, a su vez, tienen a su disposición una fuerza de trabajo abundante, barata y que, gracias a las zonas especiales de desarrollo económico, no tiene capacidad política de interferir en la producción porque tienen prohibida toda forma de sindicalización. Se produce así una situación paradójica: los trabajadores crecen a escala global pero, como clase obrera, prácticamente están anulados. Políticamente los obreros son irrelevantes.

Es una fuerza de trabajo precarizada a nivel global. La precarización laboral es el otro lado de la exogenización de la producción. La precarización es, en realidad, creada desde la anulación política de la clase obrera y, por ello, corresponde a una dinámica política. Sin embargo, para que la precarización se convierta en un vector clave de la producción globalizada es necesario evitar que el Estado intervenga sobre la sociedad, sobre todo a través de la regulación, control y política social. Al mismo tiempo es necesario que los derechos de los trabajadores se anulen políticamente. El Estado debe achicarse. Así, la exogenización de la producción es también un resultado de las políticas de austeridad que recortan al Estado y las políticas de des-sindicalización que destruyen la capacidad política de los trabajadores.

En ese contexto, las referencias teóricas de la economía se quedaron en el siglo XX. El equilibrio general no es ni funcional ni metodológicamente pertinente para comprender a las corporaciones del siglo XXI, sobre todo a aquellas que manejan, controlan y administran la demanda y la oferta.

El precio: un espacio de disputas políticas

Estos procesos de endogenización de la demanda y exogenización de la oferta suscitan una cuestión: ¿qué significación tienen para el equilibrio económico? Si el equilibrio económico, supuestamente, es el locus desde el cual se estructuran y definen los sistemas de precios globales, pero si ya no existen como fuerzas cuasi-naturales ni la oferta ni la demanda, entonces, ¿cómo se forman los precios en contextos de endogenización de la demanda y exogenización de la oferta? Por ejemplo, ¿por qué la suscripción al Chat GPT de OpenAI o Midjourney tiene ese precio y no otro? ¿De dónde y cómo se estructuró ese precio? ¿qué tienen que ver esos precios con la demanda, con las preferencias reveladas del consumidor, con el equilibrio general, con los costos marginales de producción? Lo mismo puede decirse con un vasto conjunto de aplicaciones de internet y sus precios.

Si en esos precios no existe la lógica del equilibrio entre oferta y demanda, porque parten de un precio que es inelástico y que ha sido impuesto por fuera de cualquier punto de encuentro entre oferta y demanda y, por tanto, sin relación alguna con la competencia de mercado, entonces ¿cómo se definen? ¿qué significación tienen para el capitalismo? ¿qué rutas abren para los procesos globales de acumulación de capital? ¿cómo se estructuran esos precios?

Esto nos lleva a una constatación: los precios de las corporaciones de la sociedad de la información se estructuran, establecen, definen e imponen por fuera de la racionalidad económica y sin relación alguna con el cálculo económico; porque se han formulado desde otras determinaciones que no tienen relación con la economía, al menos con aquella economía que describen y analizan los libros de texto y el discurso oficial de la economía moderna.

Los precios que se originan desde estas corporaciones de la sociedad de la información nada tienen que ver con la racionalidad económica del siglo XX. Esos precios expresan procesos relativamente novedosos como son la endogenización de la demanda y la exogenización de la oferta.

Si esos precios no nacen desde la economía, porque no tienen relación alguna con el equilibrio económico, ni las preferencias reveladas del consumidor, entre otras, entonces ¿cómo se definen? ¿cuál es su estructura más fundamental? Y una intuición clave es que los procesos más fundamentales que definen esos precios en realidad obedecen a fenómenos políticos y globales. Esos precios, a la larga y esencialmente son políticos. Dependen de circunstancias y procesos políticos concretos e históricamente determinados.

Para que los ciudadanos pongan su información personal en las redes se necesita de la desregulación a las corporaciones que administran esta información y esas redes. Para que estas empresas puedan realizar minería de datos (machine learning, big data, data science, etc.), también se necesita de desregulación y de asimetrías entre el poder de los ciudadanos y aquel de las corporaciones. ¿Qué poder regulador controla el uso de datos, por ejemplo, de Google? ¿Qué estructura legal regula el hecho que OpenAI haya usado a toda la humanidad literalmente como conejillo de Indias para sus programas de inteligencia artificial? ¿Qué instancias de control ético y moral pueden regular y controlar el uso de la información que utiliza Alexa?

Para que las corporaciones puedan colectar datos globales y administrarlos necesitan de la complicidad de los Estados, los sistemas jurídicos y los sistemas políticos a escala global. Para que se pueda exogenizar la oferta se necesita precarizar al trabajo y, para que esto ocurra, se necesita deconstruir y derrotar políticamente a la clase obrera y eso, por definición, es una tarea política. Para proteger los derechos de propiedad intelectual de las marcas se necesita que los Estados realicen convergencias normativas hacia las prescripciones hechas por estas corporaciones en los tratados de libre comercio o acuerdos internacionales de inversión que son instancias, de hecho, políticas y en las cuales no participa la sociedad.

En definitiva, la endogenización de la demanda y la exogenización de la oferta tienen sustratos políticos y, evidentemente, globales. Es desde esa trama de circunstancias políticas que se crean las condiciones de posibilidad para que estas corporaciones puedan definir sus precios prescindiendo del mercado y de los equilibrios de mercado y de toda la racionalidad económica del siglo XX. De esta manera, entramos en una etapa en la que los precios dejan de ser económicos para convertirse en determinaciones políticas. Los usuarios o consumidores nada pueden hacer contra este sistema de precios que ahora se convierte en una gigantesca aspiradora de rentas.

La principal significación del equilibrio económico en circunstancias en las que la demanda se ha endogenizado y la oferta se ha exogenizado es que, esta vez, los precios adquieren una consistencia fundamentalmente política y el equilibrio general de la economía se transforma en una categoría política de desequilibrio general entre ciudadanos y corporaciones. A mayor desequilibrio mayores rentas para estas corporaciones. Un desequilibrio que se mantiene, consolida y expande gracias al poder político de estas corporaciones y a la debilidad de los Estados, de la democracia y de la clase obrera.

Si esto es así, entonces la trama que sostiene a estos precios se confunde, imbrica y yuxtapone a los procesos productivos que aún conservan aquella trama que los define desde el siglo XIX. En esa mezcla, el capitalismo contamina todos los procesos productivos y los lleva, de grado o por fuerza, a esa lógica en la que los precios se definen desde la política. Son precios que deben dar cuenta de las circunstancias políticas que contribuyen a conformarlos, sostenerlos y consolidarlos, es decir, la política como relaciones de poder, como espacios de luchas, resistencias, violencia e imposiciones. Es el retorno de la economía política.

Endogenizar la demanda y exogenizar la oferta implica administrar políticamente los precios y eso supone administrar políticamente a la sociedad. La lucha política que se supone se inscribía en las coordenadas del sistema político, en realidad se define antes: en la economía política. Se trata, por tanto, de un vasto proceso político que le permite a las corporaciones asegurar y controlar las condiciones políticas desde las cuales se estructuran estos precios como vectores políticos.

Quizá sea por ello que un espacio ad hoc y contingente como el Foro de Davos, finalmente, sea más importante y trascendente que cualquier Asamblea de Naciones Unidas. Porque en el Foro de Davos se trazan las coordenadas políticas (y, sobre todo, geopolíticas) sobre las cuales van a actuar las corporaciones de la sociedad de la información y se definen las coordenadas de esas luchas políticas.

Esto pone en otro nivel la lucha por las reivindicaciones sociales. Si los precios ahora constan en la esfera de la política, entonces será la política quien imponga sus límites y trace sus posibilidades. Pero para ello es necesario que los trabajadores puedan abrir la política para la discusión de la economía de la información. Para hacerlo, los trabajadores necesitan capacidad política que, lamentablemente, por ahora no tienen. Quizá ese sea uno de los retos del futuro y de la nueva izquierda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: https://rebelion.org/transformaciones-en-el-capitalismo-de-la-informacion/

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Dimitri Konstantakopoulos: Necesitamos un paradigma económico y social global alternativo

El actual sistema económico mundial, aún dominante, es una forma generalizada, ampliada y globalizada del que prevaleció en el capitalismo occidental durante el siglo XIX, basado en las mismas doctrinas económicas neoclásicas.

El capitalismo «neoclásico» ha provocado las dos grandes crisis económicas (1873 y 1929), dos guerras mundiales, la Revolución Rusa y el ascenso del nazismo en Alemania. Es natural que el mismo modelo, aunque ampliado y globalizado después de 1980 y 1990, haya provocado la crisis económica mundial en la que vivimos desde 2008. Crisis que nos ha llevado al borde de una guerra mundial que ya se habría iniciado, de no ser por la existencia de las armas nucleares.

Este modelo también está acelerando nuestro descenso hacia un holocausto climático y medioambiental. Después de todo, este comportamiento del capital es natural, en la medida que el valor básico que subyace a la economía «neoclásica» y «neoliberal» es la competencia «sin trabas» -y de hecho una lucha mortal- de todos contra todos.

Una guerra mundial o un mundo contra nuestro entorno natural no es más que el resultado inevitable de la búsqueda del poder absoluto y de una acumulación siempre acelerada -por todos los medios- del Capital, que ha caracterizado el funcionamiento de este sistema social . El sistema es donde se encuentran la economía, la geopolítica, la ecología y la cultura.

1980-90: El triunfo neoliberal y neoconservador

Sólo en las condiciones políticas creadas, como resultado de la victoria principalmente soviética sobre el nazismo, en 1945, hemos asistido a la realización del New Deal en Estados Unidos, al establecimiento del compromiso socialdemócrata entre el Trabajo y el Capital en Europa y al surgimiento de regímenes más independientes en China y en algunas antiguas colonias.

Este equilibrio posterior a la Segunda Guerra Mundial se empezó a liquidar con el ataque del Gran Capital , con los neoliberales liderados en su momento por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Fue en los años 80 cuando se impuso un nuevo modelo económico, codificado en el Consenso de Washington.

El colapso, del régimen burocrático soviético entre 1989 y 1991, en una dirección neocapitalista, neoliberal y cleptocrática, constituye un triunfo global para el nuevo paradigma dominante. Las instituciones internacionales básicas como el BM, el FMI y la OMC se reforman de acuerdo con el nuevo modelo económico. Se suprimen todas las restricciones a la acticidad del capital financiero, impuestas tras la crisis de 1929. Europa adopta el Tratado de Maastricht por el que se reconoce el neoliberalismo como principio constitucional básico de un nuevo «superestado» europeo, un tanto sui generis.

Este Tratado también oficializa la autoridad última de la OTAN sobre la política exterior y militar de la UE. El ascenso de los Neoconservadores, la desaparición de la estructura internacional de Control de Armamentos, la constante expansión de la OTAN y las guerras en Yugoslavia y en todo Oriente Medio no son sino el corolario geopolítico de este cambio masivo de la correlación de fuerzas entre Capital y Trabajo, entre naciones dominantes y explotadas.

Mirando las crisis del siglo XX y en analogía con lo que ocurrió en ese pasado reciente , es aconsejable que busquemos en el triunfo del modelo capitalista neoliberal la razón profunda y última por la que estamos de nuevo al borde de una nueva Guerra Mundial . Una Guerra que ya se habría iniciado de no ser por la existencia de las armas nucleares. Por cierto, esto es propio de este sistema: si la lucha general de todos contra todos es la regla principal en la economía, entonces todo tipo de guerras son un resultado normal.

La integración del antiguo Bloque «socialista» en el capitalismo mundial ha sido un momento triunfal del modelo y el fundamento de la “unipolaridad», aunque sen han producido tres importantes excepciones a esta subordinación, cuya trascendencia se ha hecho ahora evidente.

En primer lugar, Rusia conservó parcialmente algunos de los mecanismos y el grado de independencia del Estado soviético, nacido de una revolución anticapitalista y socialista y, con un arsenal nuclear que garantiza la paridad estratégica con Estados Unidos.

En segundo lugar, en China, a pesar del amplio uso del capital extranjero y de concesiones al capitalismo, el régimen ha conservado el grado de independencia que heredó de la Revolución de 1949. China sigue siendo un país no capitalista con una economía planificada, aunque no dirigida por métodos administrativos sino por el mercado, y el país se niega con firmeza a sucumbir a la globalización financiera, es decir, al poder mundial de las Finanzas internacionales.

En tercer lugar, las intervenciones militares masivas de Occidente en el Oriente Medio han transformado una gran parte de éste en una zona de ruinas, aunque occidente no ha sido capaz ni derrotar las fuerzas de resistencia de la región, ni de integrarlas en Occidente.

El momento de la crisis

Hoy, más de cuarenta años después de Reagan y Thatcher, más de treinta años después del colapso soviético y de la creación de la UE, el modelo económico mundial dominante no ha logrado ninguno de los objetivos básicos que se había fijado y que sus teóricos creían que alcanzarían gracias a su aplicación sin trabas.

Por el contrario, el modelo ha exacerbado una multitud de graves problemas y crisis, algunos de los cuales amenazan incluso la propia supervivencia de la humanidad, y nos ha puesto al borde de una nueva Guerra Mundial:

– El capitalismo occidental ha entrado en una crisis económica permanente desde 2008, algo no previsto por el modelo. Los Estados volvieron a asumir papeles críticos para rescatar, regular y «guiar» a los «mercados». La crisis causó una destrucción social generalizada, incluso la destrucción de la economía de Estados enteros (como en Grecia, el chivo expiatorio de la crisis de la deuda europea) y mantiene bajo una enorme presión lo que queda de democracia y de los Estados-nación en Occidente, por ejemplo en Francia. El sistema dominante no dejó que los mercados hicieran su trabajo, es decir, que quebraran los bancos, ya que se argumentó que eran «demasiado grandes para quebrar». En lugar de quebrar los bancos, ahora están quebrando a Estados y a sociedades enteras.

– El modelo actual se basa en una «competencia económica leal y sin trabas» entre múltiples actores económicos. Sin embargo, con el modelo nunca hemos tenido en toda la historia del capitalismo una concentración internacional del capital tan enorme, con estructuras monopolísticas tan grandes y vitales sectores para la alimentación, la medicina, la información, etc. Toda la pequeñas y medianas empresas están sucumbiendo al control oligopolístico, bajo los auspicios generales del capital financiero.

– El modelo se basa en el supuesto que el «mercado global» es acéfalo, no tiene un líder que decida y mucho menos un «dictador» que pueda violar sus propias leyes. Pero, el papel del dólar, el sistema SWIFT, el control de Internet por un puñado de grandes empresas, el papel de las agencias privadas de calificación, etc., combinados con la centralización del capital financiero y el secuestro de procesos que tradicionalmente han pertenecido al poder de los Estados (como el secuestro indirecto de la producción de dinero a través de la industria de derivados) desmienten esta imagen. Hoy, el Gran Capital Financiero Mundial actúa violando la ley del valor si sus resultados no se ajustan a sus normas. Washington ha impuesto sanciones a docenas de países en todo el mundo, mientras declara abiertamente que es completamente inaceptable que China se convierta en una potencia económicamente más fuerte que Estados Unidos. Algo que, por cierto, nunca se planteó cuando se aceptó a China como miembro de la OMC. Occidente proclama todo el tiempo su apoyo a un «orden internacional basado en reglas», pero viola constantemente esas reglas.

– Se supone que el modelo dominante garantiza, mediante los mecanismos del mercado y la competencia, el aumento continuo de la productividad y, en última instancia, una distribución equitativa tirando «hacia arriba» a las capas sociales más pobres y a los países más atrasados. La realidad es diametralmente distinta , asistimos a una explosión de las desigualdades tanto entre los Estados como dentro de los Estados, mientras que la estructura de los productos incluye cada vez más elementos antisociales y antiecológicos. En lugar de caminar hacia la «paz eterna» kantiana y al «fin de la historia» como lo sostienen los teóricos de la escuela, neoliberal, pasamos a la generalización de guerras cada vez más peligrosas, pero también a la generalización de una inseguridad desintegradora de los ciudadanos y de países enteros en todo el planeta. Una gran parte de la humanidad se debate bajo una enorme Deuda mientras que un pequeño número de empresas e individuos han acumulado una gran parte de la riqueza del mundo, amenazando con esclavizar a toda la humanidad. En la actualidad, tras el rápido retroceso del Movimiento Obrero en Occidente, sólo la multipolaridad puede ser una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar esa esclavización de todos los humanos.

– Como el sistema de «mercados libres” se ha mostrado completamente incompetente es la hora de abordar problemas vitales e incluso de supervivencia de la humanidad, en particular porque estamos traspasando los límites naturales del planeta. Nos enfrentamos a una contaminación generalizada del medio ambiente, a una crisis climática, al control de la información en manos de puñado de empresas privadas y , también, al desarrollode tecnologías muy peligrosas y socialmente incontroladas, como la biotecnología, la inteligencia artificial, la bioquímica, la neurociencia y muchas otras, tecnologías capaces de provocar la destrucción de la especie humana o de constituir la base de una «sociedad» totalitaria.

– Además, el sistema económico, objetiva y subjetivamente, fomenta la formación de élites locales que socavan el esfuerzo de las naciones o las regiones que tratan de conquistar soberanía e independencia.

Éstas son algunas de las razones por las que urge sustituir el Consenso de Washington por un Nuevo sistema económico, a escala nacional, regional y mundial. Si la búsqueda de la multipolaridad es la condición necesaria, sólo la creación progresiva de un nuevo orden económico, social y ecológico mundial es la condición necesaria para hacer frente a las crecientes amenazas que se ciernen sobre la civilización humana y sobre nuestra propia existencia.

Pero, ¿sobre qué principios puede y debe fundarse una alternativa al modelo actual?

¿Una alternativa al modelo actual?

A la luz de los múltiples problemas del modelo soviético y de todos los modelos económicos y políticos ultracentralizados, no se puede, negar la utilidad de los mecanismos de mercado, al menos durante un período largo, tanto por razones económicas como psicológicas y culturales.

Sin embargo, la función del mercado debe estar limitada por la existencia del Plan. El “mercado» podrá funcionar sólo en la medida que contribuya al aumento de la productividad, pero, al mismo tiempo, deberá estar “corregido» y «limitado» por la existencia de un plan general nacional, regional y mundial, que debe dar prioridad a las necesidades sociales básicas, a nivel nacional e internacional, y a la protección del medio ambiente natural.

Dado la crisis ecológica que coloca en peligro la supervivencia de la humanidad no tiene sentido hablar de economía ni de política. Por lo tanto, los mercados y su combustible propulsor, el beneficio y la acumulación perpetua de capital, deben ser sustituidos por el papel del Estado y su poder debe ser reducido y limitado por la ciudadanía.

La «corrección» también puede hacerse utilizando herramientas económicas. Sin embargo las medidas administrativas deben evitarse en la medida de lo posible. Por ejemplo, China ya está experimentando limitaciones entre el capital natural gastado en la creación por un producto.

En realidad, cuando un avión transporta, por ejemplo, ensaladas de Chile a Noruega, nadie tiene en cuenta el daño causado a la estratosfera terrestre a la hora de calcular costes y precios. Por cierto, cada vez hay más actividades económicas que exponen a los ecosistemas al riesgo de cambios irreversibles. Cuando una actividad empresarial crece sin controles el «daño esperado» al medio ambiente tiende al Infinito. Estas actividades deben eliminarse gradualmente.

No se puede permitir la propiedad privada en las fuerzas productivas muy grandes o estratégicas . Es inaceptable que un puñado de personas/empresas puedan controlar fuerzas productivas críticas o tecnologías de vanguardia. Como, por ejemplo, las relacionadas con el ADN y los organismos genéticamente modificados, la fabricación de virus, la circulación de información en Internet, las armas cibernéticas, los flujos de energía y dinero, la inteligencia artificial y muchas otras actividades económicas o tecnológicas, que puedan influir decisivamente en la alimentación humana, la educación la medicina y los medios de comunicación (Prensa, televisión, Internet).

El control estatal o social no es suficiente, porque los dueños de estos medios adquieren un poder tan desproporcionado que se imponen, como ha demostrado la experiencia de todas las supuestas regulaciones

La propiedad en estos sectores debe pasar a manos de los Estados y las sociedades. Pero, también la gestión debe alejarse del modelo clásico de control estatal, que crea una clase de gestores que, en última instancia, operan para su propio beneficio y no para el de la sociedad. Además, tanto la experiencia soviética como la de los sectores estatales de los Estados capitalistas han demostrado que la eficacia -incluso en el plano puramente económico- es limitada.

Para ello, es necesaria la aplicación simultánea de métodos de autogestión y de control social, a fin de tener en cuenta los intereses generales de la sociedad y no sólo los intereses de los trabajadores de una unidad de producción o de una industria.

La gestión de las nuevas fuerzas y tecnologías productivas por un sistema hipercentralizado no es posible ni deseable, en el largo plazo. Los problemas a los que se enfrenta la humanidad se deben abordar mediante una elevación general del nivel de la inteligencia colectiva de la sociedad, con colectivos cada vez más conscientes y responsables que participen activamente en la toma de decisiones.

También es evidente la necesidad de una democratización progresiva del sistema monetario internacional, quizá mediante el establecimiento de instrumentos monetarios regionales, pero también mediante la creación de un sistema de intercambios internacionales que intente anular la ley del «intercambio desigual», tal como la formuló Argyris Emmanuil, teniendo en cuenta la necesidad de elevar el nivel de las naciones más pobres y la crisis ecológica.

Es importante recordar en este punto que la Unión Soviética era, a diferencia de la Unión Europea, una organización que realizaba por principio la transferencia de excedentes de las regiones más ricas a las más pobres, una idea que Maynard Keynes, defendió, en términos diferentes, para el sistema económico internacional. Al regular los intercambios económicos internacionales hay que tener en cuenta la necesidad de hacer frente a las desigualdades a escala mundial y la necesidad de proteger el medio ambiente que hace posible la vida y la civilización.

Por supuesto se puede decir como dijo el Fausto de Goethe: Muéstrame la meta, pero también muéstrame el camino. Nos parece que nuestra tarea no es el «camino» sobretodo porque es imposible describir en detalle ese camino. En realidad, pienso, que no hay un camino prediseñado para lo que Marx describió como la transición de la prehistoria a la historia.

Todavía estamos muy lejos de poder implementar estas ideas a escala global. En la actualidad, y dadas las tendencias políticas y sociales que prevalecen en Occidente, una etapa de transición debe incluir necesariamente la lucha por un mundo multipolar y la formación de asociaciones regionales independientes tanto en América Latina como en África, por ejemplo. Es apropiado, sin embargo, introducir en este proceso elementos que contribuyan a la reforma general del sistema mundial capitalista.

Dimitris Konstantakopoulos, experto griego en economía y medio ambiente (Intervención en el Foro Económico de Petrogrado)

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2023/07/04/geopolitica-guerra-clima-y-economia-necesitamos-un-paradigma-economico-y-social-global-alternativo/

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¿Un mundo unipolar, multipolar o apolar?

Franklin González*

 

“Estamos en la transición de la unipolaridad a la multipolaridad. Sabemos que es la unipolaridad, pero no sabemos todavía que será la multipolaridad”

(Alexander Dugin).

En este mundo está en desarrollo una geopolítica que algunos siguen llamando bipolar, otros hablan de multipolaridad y hay quienes prefieren hablar de apolaridad.

Desde los sectores identificados con el capital, se afirma que el mundo dominado por EEUU seguirá siendo una realidad y que es lo mejor que puede ocurrir. Desde el progresismo, se habla de que ya estamos en presencia de un mundo multipolar, en tanto es el concepto o la teoría que desafía la unipolaridad. Existe una especie de oposición o confrontación entre las visiones del mundo unipolar y multipolar.

Con el escritor ruso, Alexander Dugin, digamos que la unipolaridad está basada en algunos principios teóricos – geopolíticos, ideológicos, económicos – y lo mismo vale para la multipolaridad.

Pero, siguiendo en la misma línea, la unipolaridad existe, mientras que la multipolaridad no existe aún – está en transición, pero no se ha logrado todavía. “Estamos hablando de algo que es en la realidad, pero que está acabando, y de algo nuevo que no ha sucedido o no se ha realizado completamente. Estamos en la transición de la unipolaridad a la multipolaridad. Sabemos que es la unipolaridad, pero no sabemos todavía que será la multipolaridad. Es una pregunta abierta y muy apasionada. Es una perspectiva futurológica” (1). Por eso, podríamos repetir con Antonio Gramsci, que “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados” (2).

Algunas aproximaciones

El presidente de Irán, Seyed Ebrahim Raisi, en su reciente visita a Venezuela, específicamente en el Teresa Carreño, dijo: «El Nuevo Orden Mundial ya viene en camino y se está estableciendo y este Nuevo Orden Mundial los países soberanos e independiente tendrán los puestos principales y las potencias imperialistas claramente se ven que están en su punto de decadencia» (3).

Esa opinión se inscribe dentro de la corriente que sustenta que se está experimentando actualmente un cambio épico e inevitable hacia la multipolaridad. El ascenso de muchas de las economías emergentes del mundo es visto por muchos como la decadencia relativa de Occidente.

Nosotros colocamos para la discusión, dentro de un “dialogo de saberes”, la siguiente tesis.

En la actualidad nos encontramos en una lucha tripolar por la hegemonía del mundo, entre EEUU, que quiere y desea seguir reinando sin competencia alguna, y China y Rusia, que son ya potencias que están a la ofensiva. Ahora, estos tres países comparten el mismo desiderátum de la historia en el campo internacional, esto es, el capital por encima de cualquier otra consideración. Así que, desde el punto de vista ideológico y político, estaríamos en un mundo unipolar.

En el terreno cultural, la unipolaridad sigue presente y Estados Unidos es quien sigue reinando en este terreno. Sólo Cuba, Corea del Norte e Irán, quizás, podrían marcar la diferencia.

En el campo del derecho internacional público, estamos en presencia de un mundo bipolar, por cuanto, de un lado, se encuentran los que respetan ese derecho, defienden el “contrato social” y la “reglas de juego” establecidas en 1945, cuando se conformó las Organización de las Naciones Unidas (ONU) y así actúan (China y Rusia), y otros, que ahora están hablando de reglas, esto es, la imposición del poder por encima de las leyes, normas y reglas internacionales (EEUU y el “Grupo de los 7”).

Esto último, de reglas ambiguas, que aplican Estados Unidos y sus socios occidentales, tiene que ver con el ascenso colectivo de los países no occidentales y el desarrollo de una nueva geopolítica y su intento de frenar ese interregno hacia un mundo multipolar.

En definitiva, estamos en un periodo de transición entre un mundo unipolar y un mundo multipolar, mediado por el mundo apolar que hoy predomina.

¿Un mundo apolar?

Este mundo apolar sería un período de transición, un intervalo, un intermedio, un ínterin, un paréntesis, una discontinuidad, un período, un lapso, en términos de una guerra caótica, fragmentada, con muchas aristas y variantes en el firmamento internacional.

Veamos alguna de sus características y manifestaciones.

1.En esta era apolar existe un mundo en plena transición a un nuevo orden o peligroso desorden mundial. Estamos así viviendo un mundo anárquico y violento, repleto de infernales conflictos no resueltos que producen masivas violaciones de derechos humanos y olas de refugiados. Aquí, solo se adaptan y sobreviven los países que saben luchar por sus intereses nacionales, con realismo o pragmatismo (4).

2.En este mundo, con las características anteriores, la gran pregunta es ¿cómo superarlo? La respuesta no es fácil, porque para ello, los tres que disputan la hegemonía del mundo, esto es, EEUU, Rusia y China, deberían ponerse de acuerdo para luchar y enfrentar cuatro de las más importantes amenazas de la humanidad, pero resulta que están enfrascados en una peligrosa confrontación geopolítica. Las amenazas son: el hambre que prolifera por doquier, el terrorismo en sus distintas expresiones y versiones, la proliferación de las armas nuclear y el cambio climático. Sin embargo, esa lucha parece una quimera, por las razones ya esbozadas.

3.En este mundo apolar, los arsenales nucleares de los Estados Unidos, Rusia y China han perdido su sentido estratégico, debido a que los conflictos en las diferentes regiones del mundo, alimentadas por odios étnicos y mesianismos religiosos fundamentalistas, no se resuelven con disuasión nuclear. Tampoco, ninguna gran potencia puede hoy, sola, poner orden en el mundo con sus armas convencionales, so pena de involucrarse en letales guerras asimétricas sin fin. Vivimos así una crisis del poder mundial (5).

4.La actual confrontación entre EEUU y Rusia tiene su origen en el acuerdo geopolítico más importante de la post guerra fría, como fue la reunificación de Alemania. Rusia dio su beneplácito a la unidad alemana a condición de que los EEUU no extendieran la OTAN hacia Europa del Este. Sin embargo, EEUU, como siempre, violaron este compromiso, no sólo incorporó a los países del “socialismo real” a la OTAN, sino que ha intentado hacerlo también con Ucrania, con lo cual generó la reacción de Rusia y la puesta en marcha de la “operación especial”, conflicto éste que sólo acabará cuando así los decida EEUU (6).

  1. Hay quienes sostienen que EEU ha cometido un “error estratégico” al abrir, simultáneamente dos frentes. El de Rusia, ya mencionado, y ahora ha abierto otro frente, en este caso con China, a no reconocerla como potencia global y confrontarla en varios terrenos y con desdén geopolítico peligroso, que consiste en no admitir los intereses de China en el llamado Mar del Sur de la China.

Esta confrontación geopolítica simultánea con Rusia y China, es prácticamente el abandono de más de 40 años de la política exterior de EUU, frente a Rusia y China, que funcionaba bajo el dictum de “dividir para reinar.” Ahora, los EEUU, con esta confrontación simultánea, han cambiado esta política bajo el dictum surrealista, de “unir para no reinar”. Y como lógica consecuencia, hoy Rusia y China son aliados estratégicos.

6.Como se sabe hoy son nueve los países que poseen el arma nuclear: EEUU, Rusia, China, Reino Unido, Francia, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte y en el caso de EEUU y Rusia se han lanzado a modernizar sus arsenales nucleares con una nueva generación de estas armas, abandonando peligrosamente el control mutuo de los armamentos nucleare que existía en la guerra fría.

Por otro lado, ninguna de las grandes potencias industriales ha cumplido con la recomendación de los científicos de reducir, de aquí al 2030, el 45% de sus emisiones de C02. Para algunos analistas esto se debe a que el Acuerdo de Paris, es un acuerdo muy débil, porque dispone que la reducción de las emisiones de CO2 se haga como contribuciones voluntarias de cada país. Y así nadie cumple con las metas que piden los científicos. Con la modernización sin el control de las armas nucleares y sin el cumplimiento de las recomendaciones de los científicos, de reducir el 45% las emisiones de C02, la anarquía apolar se profundiza hoy peligrosamente (7).

De allí que, la percepción idealista de no tener capacidad de disuasión, es la mejor invitación a la guerra, y, además, no tiene ningún valor, porque el desarme nunca se ha logrado pacíficamente en ninguna región del planeta, y menos se va a lograr ahora, en un mundo apolar, anárquico y violento.

7.En este mundo apolar la palabra que más se escucha es guerra. En enero de este año, la Academia de la Modernidad Democrática, organismo autónomo de investigación, reflexión y difusión de la lucha del pueblo Kurdo, publicó un singular folleto de 38 páginas titulado “Oportunidades y peligros de la tercera guerra mundial”, de alcances teórico-políticos estratégicos para la comprensión de la grave crisis multifactorial y civilizatoria que sufre la humanidad, con el riesgo, incluso, de su propia extinción.

El análisis de la academia se fundamenta en la idea de que una tercera guerra mundial está en curso, la cual difiere de las dos anteriores porque su configuración temporal geográfica y metodológica parece, a primera vista, la de muchos pequeños focos de conflictos independientes, que manifiestan constantes fluctuaciones de intensidad, y cuyas características pueden ser sintetizadas en cinco indicadores: guerras prolongadas de baja intensidad en países como Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Siria, Yemen, y ahora también Ucrania, en las cuales se destruyen por completo tanto estructuras estatales como el tejido social de los respectivos países; guerras económicas con aranceles, prohibiciones de importación o, incluso, sanciones globales, en las que las distintas partes beligerantes intentan doblegarse mutuamente. EEUU, Unión Europea, Gran Bretaña en particular, utilizan una amplia gama de medios económicos, mediáticos, militares, biológicos y políticos; alianzas flexibles, sin frentes rígidos, ni militares, ni económicos ni políticos. Países como EEUU y Rusia pueden luchar entre sí en Ucrania y, al mismo tiempo, coordinar sus actividades militares en Siria; los medios de comunicación occidentales como arma ideológica, a la par que los militares, políticos y económicos, y con una intensa batalla ideológica por la verdad, garantizando una creciente homogeneización de los hábitos e intereses culturales;

La guerra biológica, las armas químicas y las armas nucleares tácticas son parte de esta tercera guerra en curso. Además, epidemias como el covid-19 se aprovecharon para debilitar la cohesión social hasta el borde del colapso total a través del miedo, la inseguridad y la desconfianza. El resultado son masas humanas tecnológicamente vigiladas, socialmente aisladas y fácilmente controlables, a las que les resulta visiblemente difícil resistirse a las políticas bélicas o de militarización de sus respectivos estados (8).

  1. En esta guerra, EEUU se resiste a perder su liderazgo, con su enorme poder militar, económico y político, que está dispuesto a utilizar en todo el mundo para hacer valer sus propios intereses, dependiendo cada vez más de la alianza de la OTAN. EEUU está decidida a sumergir grandes partes del mundo, incluida Europa, en un caos profundo y duradero para mantener su supremacía y proteger sus intereses.
  2. Otro de los rasgos de este mundo apolar, es el intento de imponer en todo el mundo un tipo de personalidad culturalmente desarraigada, homogénea, políticamente incapacitada, moralmente rota, alienada de la naturaleza y atrapada en los modelos de vida virtuales de las redes «sociales» y la Inteligencia Artificial (IA)
  3. Por último, la anarquía y la violencia del mundo apolar, unida a las catástrofes del cambio climático, son hoy una amenaza a la seguridad nacional, puesto que van a producir graves conflictos internos e internacionales por la escasez de agua alimentos y energía (9).

¿Habrá tercera guerra mundial?

El papa Francisco ha considerado que la invasión de Ucrania «es una guerra mundial», en tanto allí existe la presencia de «intereses imperiales» y «no solo del imperio ruso» y ha sostenido que la guerra es “un acto bárbaro y sacrílego” y que “no puede ser algo inevitable” a lo que la gente acabe acostumbrándose.

Ha realizado llamamientos a los “responsables políticos para que reflexionen” y comprendan que “cada día de guerra empeora la situación de todos” y ha clamado porque se” dejen las armas y se dialoguen seriamente por la paz”.

Si algo queda claro en esa postura es que, entre el instrumento de la guerra o el instrumento de la paz, el papa Francisco ha sido claro y transparente, lo que ha llevado a algunos analistas, a sostener que ello anticipa el futuro de la Iglesia como fuerza geopolítica, que será mucho menos complaciente con Occidente.

En el mismo sentido, el vidente Craig Hamilton-Parker, autoproclamado profeta británico y conocido como Nuevo Nostradamus, apodado por la prensa como «profeta de la fatalidad», que ganó notoriedad tras las predicciones acertadas del Brexit, la elección de Donald Trump o la muerte de Isabel II, ha puesto fecha exacta al inicio del próximo conflicto que reñirá a buena parte de los países del globo, como no sucedía desde que las fuerzas alemanas se rindieron el 7 de mayo de 1945.

Ha afirmado “que se avecina un conflicto sobre Taiwán, algo que creo que sucederá en 2023. Creo que tendremos un conflicto accidental en algunos aspectos porque vamos a tener algo así como una colisión. O los submarinos se golpearán entre sí o los aviones se cortarán entre sí o alguien que lo desencadena, y todo comienza a salirse de control» (10).

Para agregar más en ese sentido, el conocido realista Henry Kissinger, exsecretario de Estado norteamericano, con 100 años a cuesta, se mostró preocupado por el enfrentamiento entre Washington y Beijing y advirtió sobre el peligro latente de un enfrentamiento: “Ambas partes se han convencido de que la otra representa un peligro estratégico. Vamos camino de una confrontación entre grandes potencias”.

Y agregó que el presidente estadounidense debería decirle a su homólogo chino lo siguiente: “‘Señor presidente, los dos mayores peligros para la paz en estos momentos somos nosotros dos. En el sentido de que tenemos la capacidad de destruir a la humanidad’. China y Estados Unidos, sin anunciar nada formalmente, se propondrían practicar la moderación” (11).

Y finalmente, los últimos acontecimientos ocurridos en Rusia deben llamar poderosamente la atención y, eso, más allá de la espectacularidad, de las posverdades y las Fake news, que estuvieron presente en torno al caso del levantamiento armado del grupo paramilitar Wagner contra el mando militar ruso.

Sobre esos acontecimientos se dijo que lo sucedido se desarrolló tan rápido que tomó por sorpresa tanto a Estados Unidos, como a Europa. Sin embargo, según informes de los diarios The New York Times (NYT) y The Washington Post, la Inteligencia de Estados Unidos conocía los planes de rebelión del líder del grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin.

El expresidente de Rusia, Dmitri Medvédev, comentó que teniendo en cuenta la alta preparación del concepto, la coherencia profesional de las acciones y el control de alta calidad del movimiento de tropas, podemos hablar de la presencia de un plan militar bien pensado y la participación en la rebelión de personas que anteriormente sirvió en las unidades de élite de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa y, muy probablemente, de especialistas extranjeros.

Y dejó bien claro que las consecuencias de un golpe de Estado en la mayor potencia nuclear. En la historia de la humanidad, nunca ha habido tal cosa que el mayor arsenal de armas nucleares estuviera bajo el control de bandidos. Obviamente, una crisis de este tipo no se limitará a un solo país. El mundo será llevado al borde de la destrucción (12).

Así que la cosa es y va en serio.

NOTAS

  1. Dugin, Alexander “Multipolaridad, unipolaridad y hegemonía”. Tercera conferencia dictada en Shanghái, China, el 28.02.2019.
  2. A. Gramsci: Cuadernos de la cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, vol. 2, Era, Ciudad de México, 1999.
  3. Presidente de Irán: En este Nuevo Orden Mundial los países soberanos tendrán los puestos principales (mazo4f.com).
  4. Un mundo apolar: anárquico y violento (researchgate.net).
  5. Un mundo apolar: anárquico y violento (researchgate.net).

6.Cronología de la relación Rusia y Estados Unidos: la Guerra Fría que no acaba (elconfidencial.com).

7.El Acuerdo de París | CMNUCC (unfccc.int).

8.https://www.jornada.com.mx/notas/2023/06/09/politica/la-tercera-guerra.

9.https://www.un.org/es/un75/new-era-conflict-and-violence.

10.El vidente que anunció la muerte de Isabel II pone fecha al inicio de la III Guerra Mundial (elperiodico.com).

  1. El fin de la guerra y la amenaza china: el análisis de Kissinger, uno de los políticos más influyentes de EEUU | TN

12.El ex presidente ruso Dmitri Medvedev dijo que el objetivo de Putin es “construir una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok” – Infobae

*Franklin González es Sociólogo, Profesor Titular, Jubilado. Ex director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Doctor en Ciencias Sociales. Con dos Postdoctorados. Profesor de Postgrado en la UCV, la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, en el Instituto de Altos Estudios “Pedro Gual” del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores, en el Instituto de Investigación y Postgrado de la Escuela Nacional de la Magistratura y en el Doctorado de las Organizaciones de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Fue Decano de Postgrado de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG) y embajador en Polonia, Uruguay y Grecia. Ha publicado 12 libros y es analista nacional e internacional.

Fuente: El Autor escribe para el Portal Otras Voces en Educación

Fuente de la imagen: https://www.google.com/search?q=mundo+unipolar+apolar&tbm=isch&ved=2ahUKEwj197X3nub_AhUGmoQIHWDgAEsQ2-cCegQIABAA&oq=mundo+unipolar+apolar&gs_lcp=CgNpbWcQA1AAWIgXYMIaaABwAHgCgAHRCIgBgTWSAQszLTIuMi4zLjMuMZgBAKABAaoBC2d3cy13aXotaW1nwAEB&sclient=img&ei=ikycZPWKI4a0kvQP4MCD2AQ&bih=489&biw=1024#imgrc=Z0n8hf41wZelbM

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La geopolítica de la complementación, hacia un nuevo modo de abordar las diferencias

Por Javier Tolcachier

En el campo de las relaciones internacionales, dos líneas de pensamiento han dominado la geopolítica del siglo XX, el realismo y el idealismo. El realismo preconiza la competencia de los Estados basada en el “interés nacional” y una “anarquía” asentada en el poder relativo de las naciones como vector principal. Es decir, una traducción en clave geopolítica del naturalismo y la supervivencia en base a la “ley del más fuerte”.

Por su parte, el idealismo, acuñado posteriormente al desastre de la I Guerra Mundial – aunque con antecedentes en el texto de Kant “Sobre la paz perpetua” – promueve una diplomacia multilateral, regulada por el derecho internacional y organismos internacionales, socavados hoy en la práctica entre bastidores por la influencia del poder financiero y militar de las corporaciones y Estados a su servicio.

Si bien existen corrientes menores, en general desprendidas o renovadas a partir de esas tendencias de pensamiento geopolítico, China sorprende hoy al mundo con la irrupción de un tipo de relacionamiento con otras naciones que podemos denominar “geopolítica de la complementación”.

Aun cuando recogiendo en su política exterior conceptos provenientes de las corrientes tradicionales como el legítimo interés nacional – propio del realismo – o el apego a las instituciones multilaterales y sus disposiciones formales – característico del idealismo, la diplomacia china va cosechando crecientes y novedosos resultados – rasgo pragmático, esencial en el universo mental chino. Todo ello sucede  a partir de la afirmación de relaciones de “beneficio mutuo” y la idea rectora de una “comunidad de destino compartido para la humanidad”, propagada por el gobierno de Xi Jinping como base de su política exterior.

Paz y desarrollo

En este contexto, es muy significativa la reciente “carambola”[1] de paz desatada en Oriente Medio (o Asia occidental), una región que, con el concurso de los repetidos titulares de las agencias de noticias monopólicas, se vincula hasta ahora en el escenario mental de la población a la violencia, al conflicto y al terrorismo extremista como únicas realidades.

Resonante ha sido la recomposición de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán, mediada por el esfuerzo chino, lo que alimenta una salida a la catástrofe humanitaria que vive el pueblo yemenita, azotado por una guerra que ya lleva nueve años y posibilita la resolución de distintas crisis que tras bastidores tienen a estos contendientes como actores principales.

Del mismo modo, fue muy importante la postura tomada por el gobierno chino en Siria, que junto a Rusia impidió desde su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la legitimación de proyectos intervencionistas o sanciones conjuntas, como los que ocasionaron la invasión a Irak o la destrucción en Libia en la primera década del siglo XXI.

Por estos días, el reino saudita y Siria anunciaron la reanudación de vuelos comerciales y servicios consulares que habían sido interrumpidos en 2011, mientras que otros dos países del Golfo, Bahréin y Qatar, acaban de acordar también el restablecimiento de lazos diplomáticos, cortados por la apoyo qatarí a la Hermandad musulmana, acusada de incidir en las revueltas de la primavera árabe. A aquella ruptura, le siguió un bloqueo al país organizador de la última copa del mundo de fútbol, que fue promovido por Arabia Saudita en alianza con Bahréin, Egipto, y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

Lograr la paz en Medio Oriente y Asia Central, es indispensable para implementar gigantescos proyectos de infraestructura y desarrollo comercial como el de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative), lo que constituye un objetivo estratégico de China, cuyos frutos ya comienzan a verse en la arena internacional.

Sin embargo, este asomo esperanzador se ve todavía opacado por el accionar bélico de Israel contra el pueblo palestino, la intrincada encrucijada política en el Líbano y las cifras astronómicas invertidas por los países de la subregión en armas, las mayores del mundo en promedio en relación a su Producto Bruto Interno (4,3%, 2021), según informó el SIPRI.

Inversión como carta de presentación

Con los ingentes recursos alcanzados en gran medida por su potente superávit en la balanza comercial, que tan solo entre 2001 y 2021 pasó de 28 a 462 mil millones de dólares estadounidenses, China desarrolla una política de inversión mundial que le trae junto al rédito económico, influencia internacional y beneplácito en los países beneficiados.

La estrategia de inversión, que originalmente se basó en la complementariedad de realizar proyectos de infraestructura y extender financiamiento a cambio de la provisión de alimentos y otros recursos naturales, hoy se ha diversificado, apuntando al mismo tiempo a engrandecer los mercados locales, para poder a su vez exportar más y mejores productos. Estrategia, que al menos en la teoría, debería beneficiar a las poblaciones locales, de no mediar el capitalismo “realmente existente” que solo favorece a las minorías que concentran la riqueza producida.

Aun así, este horizonte desarrollista, a diferencia del despojo llano de las potencias coloniales europeas, ha brindado cierta mejora a regiones cuyas carencias materiales no admiten relativización alguna.

Por ejemplo, en África, según los datos de la Iniciativa de Investigación China-África de la Universidad Johns Hopkins, el país asiático otorgó en las dos primeras décadas del siglo 1143 préstamos por valor de 153 mil millones (en US$). Salvo E-swatini (anteriormente Swazilandia, único país del continente en reconocer a Taiwán como estado independiente), Libia y Somalia, todas las demás naciones del África recibieron financiamiento.

Según aseguró en diciembre pasado el embajador chino en Liberia, Ren Yisheng, “entre 2000 y 2020, China ayudó a los países africanos a construir más de 13.000 km de vías férreas, casi 100.000 km de autopistas, unos 1.000 puentes, casi 100 puertos y más de 80 grandes centrales eléctricas”.

Pero la diplomacia de cooperación china abarca muchos otros campos. Ante la emergencia pandémica del COVID-19, mientras varios países ricos del Norte acaparaban lotes de vacunas, incluso en exceso para su propia población, China fue una voz adelantada en apoyar la exención de los derechos de propiedad intelectual (DPI) de las vacunas y en realizar la cooperación en materia de su producción con países en desarrollo, destaca el Ministerio de Relaciones Exteriores chino.

Algo similar ocurre con el caudal de sus inversiones en América Latina y el Caribe. Luego de la década de expolio neoliberal de los 90’, China se fue consolidando como uno de los principales socios comerciales, financieros y fuente de inversión directa de la región, lo que colaboró con la ampliación de derechos sociales y la sostenibilidad de gobiernos progresistas.

Pero también las empresas europeas encontraron en China una salida a su propia crisis, abriéndose sus exportaciones al creciente poder adquisitivo de las capas medias de la nación oriental. Al igual que en otros lugares, el capital aprovechó esto para su propio beneficio, sufriendo los trabajadores de Europa la presión de ver deslocalizados muchos de sus puestos de trabajo hacia el Asia.

Y por supuesto, los Estados Unidos también fueron durante varios años destino principal de los fondos chinos, hoy en merma hacia ese país.

Esta diplomacia del dinero bajo el mentado concepto del “ganar-ganar”, hace que una interminable fila de dignatarios extranjeros desfile diariamente por la capital china en busca de “cooperación”.

China ha logrado con el correr de los años establecer lazos formales de intercambio y concertación alternativos a los manejados por el pretendido hegemón unipolar norteamericano. A través de foros bilaterales permanentes con cada región como China-CELAC o China-África y su participación en ámbitos de asociación económica y de seguridad como la Cooperación de Shanghai, el BRICS, la ASEAN, la RCEP, por solo citar algunos, el país ha logrado insertarse como factor de peso global.

La tradición de mediación y la ubicación central del país en el escenario mundial puede remitirse directamente al modo en que el pueblo chino autodenomina a su territorio, Zhongguo, que en traducción literal significa “país del centro de la Tierra” o “Reino del Medio”.

Obviamente, los analistas occidentales (sobre todos los estadounidenses), educados en la competencia permanente por el poder, ven en ello un escenario de reemplazo hegemónico y alertan sobre un nuevo posible imperialismo, esta vez con características orientales. ¿Qué hay de cierto en ello?

Hacia una civilización global 

En octubre de 2021, en el transcurso de la reunión conmemorativa del 50º Aniversario de la reincorporación de China a la ONU, Xi Jinping señaló: “Hay que impulsar mancomunadamente la construcción de una comunidad de destino común de la humanidad, para construir conjuntamente un mundo que goce de una paz duradera, de una seguridad universal y de la prosperidad común, y que sea abierto, inclusivo, limpio y hermoso. Los seres humanos deben unirse para superar codo con codo los momentos difíciles, y convivir de forma armoniosa.[2]

A su vez, en el marco de los Diálogos de Alto Nivel del Partido Comunista Chino con liderazgos políticos de otros países (Marzo 2023), el presidente de China presentó la Iniciativa para la Civilización Global, una propuesta al mundo que complementa la Iniciativa de Desarrollo Global y la Iniciativa para Seguridad Global dadas a conocer con anterioridad.

Con ello, la potencia oriental parece tomar el liderazgo para redefinir la globalización desde una perspectiva inclusiva, respetuosa de la soberanía y la diversidad y, sobre todo, centrada, así la declaración, en “poner al pueblo en primer lugar y asegurarse de que la modernización y el desarrollo esté centrado en la gente”.

Más allá de las suspicacias que los voceros del “ancién régime” occidental (particularmente anglosajón) siembran sobre la veracidad de estas intenciones, no puede dejar de destacarse el profundo carácter humanista de la propuesta.

En las últimas décadas, China se ha opuesto consistentemente a la intervención extranjera y las sanciones unilaterales, se ha manifestado en contra del uso o la amenaza de uso de la fuerza, ha apostado por la no injerencia en los asuntos internos de otras naciones –salvo en lo concerniente a temas como su propia indivisibilidad territorial o su sistema político – y promovido la resolución pacífica de las controversias entre naciones en conflicto, lo cual exhibe una fuerte base de credibilidad para sus declaraciones.

En contraparte, el cada vez más grande gasto militar y la posesión de armamento nuclear, junto a la reticencia a promover iniciativas de desarme, aun cuando puedan ser justificados desde argumentos defensivos, colocan una niebla gris sobre tan alentadores propósitos.

Un posible nuevo modo de abordar la diferencia 

Para entender más cabalmente la imagen de sistema-mundo que mueve a una China aislada durante siglos de las demás naciones y hoy plenamente interconectada, deben considerarse algunos elementos de su universo filosófico.

No cabe dudas que la “era Xi Jinping” ha reforzado elementos confucianos en política interna, como la rigidez frente al disenso o la falta de probidad en el funcionariado y que en su política exterior asoman contenidos taoístas como la complementación de opuestos y la convergencia de la diversidad en un todo abarcativo.

A su vez, cierto componente budista, tercera fuente de principal inspiración filosófica del pueblo chino, colabora con el impulso hacia una moral de paz y no violencia.

Correspondiéndose a una síntesis integradora de tales fundamentos históricos, esas corrientes parecen amalgamarse en el trasfondo psicosocial de la población china en una búsqueda permanente de equilibrio y armonía como ideal felicitario de sociedad, a la que el gobierno debe responder, para no perder “el favor del cielo”[3].

A través de las numerosas escuelas de pensamiento, estas fuentes de referencia mítica han generado a su vez una lógica incluyente, diferente de la lógica occidental de la exclusión de los opuestos, basada en los axiomas aristotélicos.

El multilateralismo ascendente que impulsa la política exterior china, puede a su vez relacionarse con la necesidad de proporción, que consiste en que a todos los pueblos les vaya mejor en un marco de bienestar compartido, en el que no se busca la preeminencia sino la distribución equilibrada, reconociendo la interdependencia y estructuralidad del mundo.

Probablemente varias de estas intenciones subyacentes, favorezcan la emergencia de nuevos modos de abordar las diferencias, en un sentido complementario e integrador,  superador del estancamiento de una perenne dialéctica de bandos enfrentados sin síntesis efectiva.

Dicen en Occidente que el mundo ha virado hacia Oriente, pero en realidad el mundo se ha vuelto más inclusivo, debiendo considerar seriamente los aportes de un largamente negado y explotado Oriente, a lo que seguirán las múltiples contribuciones de todas las culturas de la Tierra, aplastadas en su identidad por la primitiva pretensión de primacía y uniformidad.

Lo que parece inexorable, es que la mundialización y la aceleración histórica conduzcan a la conformación de una civilización planetaria unida en la diversidad con igualdad de derechos y oportunidades, una Nación humana universal, condición ineludible para la preservación de la especie y su proyección hacia nuevos retos evolutivos.

Tal como fuera anunciado por el pensador humanista Silo en 2004: “Estamos al fin de un período histórico oscuro y ya nada será igual que antes. Poco a poco comenzará a clarear el alba de un nuevo día; las culturas empezarán a entenderse; los pueblos experimentarán un ansia creciente de progreso para todos, entendiendo que el progreso de unos pocos termina en progreso de nadie. Sí, habrá paz y ¡por necesidad!, se comprenderá que se comienza a perfilar una nación humana universal.”[4]

(*) Javier Tolcachier es investigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.


[1]Si bien la carambola es una fruta tropical consumida en el Sudeste asiático, es también el nombre popular del “billar francés”, en el que el jugador intenta impactar, pegando con un taco sobre una bola, las otras dos que se encuentran sobre el tapete.

[2]https://dangdai.com.ar/2022/10/05/apuntes-sobre-la-politica-exterior-china/

[3] El mandato del cielo o mandato celeste (tiānmìng (天命) es un concepto de la filosofía tradicional china referente a la legitimidad de sus gobernantes. Su origen se remonta a la dinastía Zhou, aunque luego sería usado por todas las demás dinastías para justificar su gobierno y por sus opositores, para rebelarse a ellas.

[4] Palabras de Silo con motivo de la Primera Celebración anual del Mensaje de Silo, Punta de Vacas, Mendoza, Argentina, 4 de mayo de 2004. Alocución completa en Silo a Cielo abierto, p. 6 http://www.archivosilo.org/archivopro/espanol/libros/cieloesp.pdf

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Muchos usan niñas y niños como soldados y a nadie parece importarle

El grueso de las niñas y niños que se utilizan como soldados en África no están en manos de las Fuerzas Armadas, sino de los grupos armados que luchan contra los gobiernos.

El pasado 18 de agosto, el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (UA) tuvo una sesión especial sobre menores afectados por conflictos armados, en la que aprobó un documento que detalla 22 medidas para terminar con el uso de niñas y niños como soldados en el continente. Se trata de una más de las múltiples resoluciones que distintos organismos internacionales o regionales adoptan con el objetivo de poner fin a esta lacra. Año tras año se repiten los llamamientos y las proclamaciones solemnes sobre el tema. Sin embargo, concluidos los encuentros y apagadas las luces de las salas de reuniones, parece que todo el mundo olvida las buenas intenciones. Los grupos armados, y algunos ejércitos nacionales, siguen reclutando menores para engrosar sus filas y ser utilizados en los campos de batalla.

Por su parte, el Departamento de Estado estadounidense publicó en julio su informe anual sobre la trata de personas. En él se incluye una lista de gobiernos que han sido identificados por usar o reclutar niños soldados, o apoyar a grupos armados que lo hacen. La buena noticia es que, si la comparamos con años anteriores, se ha pasado de 15 en 2021 a 12 en 2022 (Afganistán, Myanmar, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Irán, Mali, Rusia, Somalia, Sudán del Sur, Siria, Venezuela y Yemen).

La Federación rusa entra por primera vez en este elenco. Se ha verificado que las fuerzas dirigidas por Rusia han empleado niños en funciones de combate y apoyo en Ucrania. Las fuerzas dirigidas o respaldadas por el Gobierno ruso, incluido el Grupo Wagner, también habría reclutado y usado menores soldados en algunos de los países que operan. Está demostrado que lo hacen en Libia y República Centroafricana, se sospecha que en Mali y otras partes también.

La República Centroafricana llevaba siete años ausente de esta lista. Sin embargo, la escalada de violencia vivida tras las elecciones de 2020 ha aumentado el reclutamiento de menores como soldados. Además, las Fuerzas Armadas de África Central continúa prestando apoyo al Grupo Wagner que recluta y utiliza a niños en sus filas.

Otros de los países que aparecen en la lista llevan años en ella, sin que parezca que haya ninguna intención por parte de los gobiernos y mandos militares de poner fin a esta situación.

Sin embargo, el grueso de las niñas y niños que se utilizan como soldados en África no están en manos de las Fuerzas Armadas, sino de los grupos armados que, normalmente, luchan contra los gobiernos. Y ahí, es mucho más difícil calcular el número de menores que se encuentran atrapados en entre sus filas. El hecho de que se refugien en selvas y lugares bastante inaccesibles, su clandestinidad y factores similares hacen muy difícil entrar en sus campamentos y calcular el verdadero volumen de estos menores. Por eso, resulta prácticamente imposible conocer el número exacto de niñas y niños que están siendo empleados como soldados en el mundo en este momento.

Es por eso por lo que podemos afirmar que miles de niñas y niños, algunos de tan solo ocho años, están sirviendo como soldados en todo el mundo. Son empleados en el frente, en misiones suicidas o actúan como espías, mensajeros o vigías, entre otras muchas funciones. Además, las niñas, que participan en las acciones bélicas al igual que los niños, representan, como mínimo, el 40% de los menores soldados. Pero suelen invisibilizarse porque, normalmente, cuesta verlas como tales, y por eso, muchas veces se las considera como solo esclavas sexuales. Otra de las funciones a las que suelen ser forzadas al regresar de los campos de batalla.

La mayoría de estos menores son secuestrados, amenazados, coaccionados o manipulados para unirse a los combatientes. Otros se ven impulsados por la pobreza y obligados a generar ingresos por sus familias. También los hay que lo hacen para poder sobrevivir o para proteger a sus comunidades.  En ninguno de estos casos su entrada en filas puede considerarse un alistamiento voluntario, se han visto forzados a tomar esa decisión ante la falta de una alternativa. Independientemente de la forma cómo se hayan unido, hay que recordar que el uso de niñas y niños como soldados es una grave violación de los derechos del niño y del derecho internacional humanitario.

Algunas organizaciones trabajan para erradicar esta lacra y dar un futuro lejos de la violencia y la explotación a estos menores. Pero sus esfuerzos se topan siempre con la falta de voluntad política de gobiernos y empresas que se benefician del negocio de la guerra y que necesitan de estas niñas y niñas para que el engranaje que les hace ganar influencia geopolítica y dinero siga funcionando.

Fuente: https://atalayar.com/content/muchos-usan-ninas-y-ninos-como-soldados-y-nadie-parece-importarle

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Venezuela: 2da Juntadera Formativa en la nueva era política 2022

El día de mañana miércoles 27 de julio del presente año seguiremos nuestra Juntadera Formativa en el estado Táchira, dónde iniciamos esta propuesta el pasado 20 de Julio en el salón de sesiones Ligia Montoya del Consejo Legislativos fue el epicentro de una valiosa jornada para la plataforma política del movimiento de movimiento Somos Venezuela de la entidad; a través de la secretaria de Formación integral les invitamos a la *2da Juntadera Formativa en la nueva era política 2022* con una clase magistral dictada por el ponente MSC Jorge Forero, titulada *»Análisis de la Coyuntura Geopolítica: Tiempo de Inestabilidad Sistémica, Transiciones y Crisis Organicas*

 la actividad se desarrollará en la casa Steinvort junto a activistas, simpatizantes, responsables de redes y secretarias, asimismo con esta actividad se da inicio a una nueva fase formativa impulsada por el Consejo Político Regional y que cabe destacar que está dentro de nuestra objetivo propiciar espacios para el intercambio de saberes de manera permanente.
 Por esta razón el encuentro será cada miércoles, de forma intinerantes y con diversos ponentes que viene apoyando desde la red de intelectuales del estado, quiénes desarrollaran sus ponencia en marco de los siguientes cincos (5) ejes temático: Geopolítica, Políticas pública, Seguridad, Economía y Frontera, Pensamientos Bolivariano, Ética y ciudadanía.
La Juntadera formativa se convierte en una acción que busca el intercambio, interacción y el encuentro para fortalecer la estructura de nuestro movimiento, donde en esta nueva era se desarrolla un espacio que permita poner la tecno-política al servicio de nuestros Activistas.
 *#SomosTáchira*. 💛🖤❤️ *#SomosVenezuela* 🇻🇪
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Notas de una hermeneútica sobre el mundo de hoy

Franklin González

“Hoy únicamente podemos albergar dos certezas: que hay pocas esperanzas de que los sufrimientos que nos produce la incertidumbre actual sean aliviados y que solo nos aguarda más incertidumbre” (Zygmunt Bauman. En busca de la política).

 

Aquí no consideramos la hermenéutica sólo como el arte de interpretar textos, sean estos de carácter sagrado, filosófico o literario, sino como la forma de interpretar lo que está ocurriendo en el mudo de hoy.

Hay distintas formas de interpretar ese mundo. Una, por ejemplo, sería la occidental, la que utiliza los grandes mainstream y la inmensa mayoría de las redes sociales, para marcar y posesionar las corrientes de opinión que, lamentablemente, son las que prevalecen. Es lo que podríamos denominar, en términos de la película Matrix, la Píldora Azul. Es lo inmanente. Pero hay otras formas de interpretar este mundo en desarrollo, donde se podría mostrar que detrás de los grandes titulares, que son los que se venden y compran, se encuentra la Píldora Roja, que vendría a ser lo trascendente y lo que la noticia rápida oculta.

En estas reflexiones intentaremos dar cuenta de esta última hermenéutica. Para ello y utilizando una metodología (la ontología, el episteme, método, la historia y también la axiología), dejamos unas notas que pueden servir para interpretar el mundo de hoy.

El mundo de hoy ontológicamente hablando

1 Este es un mundo muy completo -y parafraseando a Edgar Moran-,  harían falta, por tanto, también un pensamiento complejo. De allí, por ejemplo, que occidente concentra todo la información y comunicación en la guerra militar que ocurre en Ucrania, cuando resulta que se están en presencia de una guerra fragmentada, espacialmente hablando, multicausal y con distintas aristas. La guerra militar ciertamente tiene lugar actualmente en Ucrania pero tiene, por ejemplo, muchos años en Asia y en África. Sólo para mencionar unos casos. Siria lleva años en guerra y su población en sufrimiento. Según algunas fuentes,  5,6 millones de refugiados sirios están viviendo en la región. El 80% de ellos, se encuentra en situación de extrema pobreza y más de 13 millones de personas necesita ayuda humanitaria para sobrevivir y para reconstruir sus vidas. Más de 7.000 niños han sido asesinados o mutilados y alrededor de 3.000reclutados para combatir. Los supervivientes han dejado todo atrás en busca de un lugar donde sentirse a salvo de la guerra. Muchos han intentado llegar hasta las fronteras de países como Turquía, Líbano y Jordania. Otros han intentado cruzar el Mediterráneo para alcanzar Grecia o Italia. Los que lo logran, llegan descalzos, con ropas empapadas, en situaciones críticas y además rechazados en esos países. Yemen, por su parte, es un país objeto de ataques permanentes por parte de Arabia Saudita, lo que ha generado, según la ONU, cerca de 380.000 muertos y millones de desplazados, provocando una de las peores tragedias humanitarias del mundo, donde gran parte de la población se enfrenta a un hambre aguda, a veces cercana a la inanición. También se encuentra la guerra que desde hace décadas llevan a cabo los israelitas contra el pueblo palestino, negándole su derecho a tener territorio propio. Las víctimas de todas estas guerras son niños y niñas inocentes y gente de la población civil que sólo reclama el derecho a vivir.

Pero también la guerra actual tiene lugar contra la naturaleza, el ecosistema, tiene expresiones en la economía, en las finanzas, en las monedas y, sobre todo, en las mentes de los pobladores del mundo, sometidas, las 24 horas del día, a las posverdades y las fake news que imponen las redes sociales. Occidente no lo dice ni tampoco lo difunde, pero estamos en presencia de una verdadera guerra mundial.

  1. Estamos en presencia de un mundo donde predomina la hipocresía, en el cual hay quienes consideran que existen pueblos de primera y pueblos de segunda. Son los que ahora se rasgan las vestiduras, lo colocan en sus estados de whatsapp y lloran “lágrimas de cocodrilo” por lo que ocurre en Ucrania, pero nunca dijeron nada sobre los bombardeos y ataques del ejército ucraniano contra el Donbass en los últimos ocho (8) años, arreciados en los días previos a la “operación militar especial” rusa. Nada hablaron sobre la política lingüística de Ucrania que conculcaba los derechos de los ucranianos rusohablantes.

Tampoco dijeron esta boca es mía cuando se destruían escuelas, mataban a mujeres que llevaban bebés en brazos o cómo se bombardea una playa de niños por parte de Ucrania.

Se olvidan, además, que la OTAN descuartizó Yugoslavia en siete pedazos, acabó con Libia, y mantuvo guerras genocidas con falsos pretextos en países como Afganistán, Irak y Siria. Son los mismos que se callan ante el martirio que lleva a cabo Israel contra el pueblo palestino.

Es un mundo con unos hipócritas sin ninguna sensibilidad social y humana. Y son tan descarados que maldicen la guerra y aparentan suspirar por la paz.

  1. Un mundo donde la lógica del capital prevalece. Se sataniza la alternativa socialista que, además, no se otea en el ambiente, entre otras razones, porque quienes dicen encarnarla se han desdibujado y mimetizado.

Debe tenerse claro que hoy lo que existe es una disputa entre países y naciones que comparten, con grandes diferencias en el comportamiento internacional, el desiderátum del capital como el mejor modo de vida para los seres humanos.

También debe estar claro que en cualquier rincón del mundo donde se desarrolle un conflicto, éste debe inscribirse en la lucha tripolar por la hegemonía mundial entre EEUU, quien pretende seguir reinando solo, y Rusia y China, que avanzan “a pasos de vencedores”. La “trampa de Tucídides” parece resurgir y estar en desarrollo.

  1. Hoy, si algo es verdad, es que la lucha por un “nuevo orden internacional está en disputa. Al respecto, unas evidencias. El 26/05/2022, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, precisó que EE.UU. “seguirá centrándose en el reto más serio a largo plazopara el orden mundial”, que es -dijo- “la República Popular China”. Agregó que. “China es el único país que tiene tanto la intención de cambiar el orden mundial, como el poder económico, diplomático, militar y tecnológico creciente para hacerlo” y que China busca convertirse en “la potencia líder del mundo” y se moderniza rápidamente gracias al “talento, la ingenuidad y el trabajo arduo de la población”. “Sin embargo, en vez de utilizar su poder para reforzar y revitalizar las leyes, los acuerdos, los principios, las instituciones que hicieron posible su éxito, […] Beijing los está socavando”.

Ante ello, el 30/05/2022, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian, dijo que “el discurso de Blinken sobre la política de China está lleno de mentiras e invierte el blanco y el negro, y la base de su ataque a China es precisamente lo que hace hoy EE.UU. EE.UU. es el mejor situado para llevar el sombrero de plantear el desafío más serio y a largo plazo al orden internacional».

Asimismo, señaló que las autoridades estadounidenses «no respetan el orden internacional basado en la Carta de la ONU y el derecho internacional», y subrayó que Washington «se ha convertido en la mayor fuente de caos para la paz y estabilidad internacionales y el mayor factor desestabilizador en el orden internacional». Citó un informe de la Universidad de Brown, en el que se indica que «solo desde el 2001, las guerras y operaciones militares llevadas a cabo por EE.UU. en nombre del antiterrorismo se han cobrado más de 800.000 vidas y han creado más de 20 millones de refugiados solo en Afganistán, Irak, Siria y otros países víctimas».

Calificó al país norteamericano como «el mayor destructor del orden internacional», que «se aferra a su centrismo americano y a su excepcionalismo americano, rompiendo tratados y retirándose de grupos a voluntad». Según Zhao Lijian, EE.UU. «se disfraza de árbitro de las normas internacionales, utilizando la llamada antorcha de las normas para iluminar a los demás, ignorando su propia ‘oscuridad'». «EE.UU. no está capacitado para hablar de normas en absoluto. En opinión de EE.UU., las normas internacionales siempre han estado subordinadas a sus propios intereses y a su hegemonía, y a los que le sirven. EE.UU. utiliza las normas como base cuando están en consonancia, y las trata como aire cuando no lo están». También apuntó que Washington es el «maestro de la diplomacia coercitiva» y «ha colocado el derecho interno por encima del derecho y las normas internacionales, imponiendo sanciones unilaterales ilegales y jurisdicción de largo alcance de forma indiscriminada».

  1. Este es un mundo con mucha desigualdad socialmente, al interno de sus naciones, pero también entre países, unos “fuertes” y otros “débiles”. La lucha de clase, aunque se busque negar, existe no sólo al interno de esos países sino también está presente en la arena internacional.

Desde el punto de vista epistémico.

Para Platón, el episteme significaba el conocimiento verdadero, absoluto, universal e inmutable en contraposición a la doxa, que sería aquel conocimiento que está formado por opiniones y creencias y que, por lo tanto, puede ser falso, relativo, particular y cambiante. Es el conocimiento de los sometidos.

Partimos de que para interpretar a este mundo ambos conocimientos deben ser tomados en cuenta. El de lo dominantes y el de los sometidos. El conocimiento es, en definitiva, el resultado de la relación que se da entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible. La subjetividad está presente y la realidad es inobjetable. Pero uno sólo prevalece circunstancial o coyunturalmente, nunca para siempre. Con el episteme marxista diríamos que el hombre se realiza modificando la naturaleza para satisfacer sus necesidades en un proceso dialéctico en el que la transformación es mutua.

En ese sentido, en este mundo debe tomarse en cuenta aspectos como el desorden, el caos, la no-linealidad, el no-equilibro, la indecibilidad, la incertidumbre, la contradicción, el azar, la temporalidad, el espacio, la emergencia, la auto-organización, la continuidad, la discontinuidad, la otredad y la alteridad.

También tener claridad que en este este mundo no existen amigos en las Relaciones Internacionales, solo enemigos y rivales, que esconden una realidad: la lucha de clases que está en el fondo y donde existen unos ganadores y unos perdedores, potenciados en esta época de pandemia.

De allí que hace falta trascenderse el episteme positivista, propio del conocimiento occidental y anglófono, a la hora de interpretar el mundo de hoy.

Desde el punto del método.

El holismo, lo sistémico y el funcionalismo, que siempre están presente no deben hipostasiarse. Más bien es importante y necesario acudir al método de la dialéctica y de la contradicción. Incluso llegando a la analéctica, la otredad y la alteridad, aspectos absolutamente ignorados por el pensamiento dominante.

En ese sentido, debe darse cuenta de una interpretación de un mundo donde lo económico se relaciona con lo social, lo cultural, lo político, lo cognitivo y también lo religioso. La Geopolítica actual tiene que ver ciertamente con el dominio militar, pero también tiene que ver con la naturaleza, el ciberespacio, lo económico, las finanzas, las monedas y las mentes de los pobladores del mundo.

Por tanto, debe ser una hermenéutica que practique la máxima de que el análisis debe ser integrado.

Deseo el punto de vista histórico

En la interpretación del mundo de hoy debe utilizarse los tres tiempos verbales: pasado, presente y futuro.

Con Simón Bolívar, en Mi delirio sobre el Chimborazo, decir; «Miro lo pasado, miro lo futuro y por mi mano pasa en presente”.

Con Eduardo Galeano, en Las venas abiertas de América Latina repetir: “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será”.

Con el historiador Alberto Methol Ferrè, en La América Latina del siglo XXI, decir que “para entender el presente y proyectar hipótesis sobre el futuro”, es necesario realizar “un viaje hacia las fuentes de las que surgen los fenómenos que hoy vemos, para volver al presente llevando un mejor bagaje de hipótesis explicativas con las que de nuevo partir para indagar el futuro”. E otras palabras: pasado, presente y futuro como trilogia inseparable.

Todo ello significa que, por ejemplo, para entender cualquier conflicto actual es absolutamente necesario buscar las causas que lo generan, dar cuenta de su desarrollo y, sobre todo, plantear las perspectivas y salidas, buscando construir escenarios. Si así se hace, se lograría trascender la píldora azul y pasar a la píldora roja. Esto es, trascender lo que dicen los grandes titulares de los grandes medios de comunicación y las posverdades y Fake news que prevalecen por las redes sociales.

Recordar que el relato de los vencedores es siempre teleológico y apologético, pero los vencidos existen, deben ser rememorados y su recuerdo ser portador de una “promesa de redención”.

De allí que sea necesario e imprescindible abogar por una historia desde la perspectiva de los vencidos, escuchar sus voces, generalmente subterráneas, inaudibles en la superficie, ignoradas por los archivos oficiales o borradas por el discurso dominante, que busca desviar siempre la atención hacia sus intereses de clase..

Desde el punto de vista axiológico

El sociólogo alemán Max Weber, defendía la tesis de la neutralidad valorativa, esto es, establecía una distinción entre el científico y el político y sostenía que el primero debía dedicarse a producir conocimiento y para nada decir qué hacer, ni cómo debería ser el mundo futuro, mientras que el segundo tiene eso como su razón de ser.

Frente a ese “neutralismo” debe asumirse posición; la hermenéutica no puede ni debe ser neutral, acéfala, imparcial.  Más bien debe identificarse con “Los condenados de la tierra” (Frantz Fanon) y  “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar” (José Martí). También restituyendo la voz de los humildes, los anónimos, aquellos que han sido borrados de la historia (Carlo Ginzburg). Recuperando el espíritu de los campesinos zapatistas en la Revolución Mexicana (Adolfo Gilly) o preocupado por escuchar la “pequeña voz” de los insurgentes indios del siglo xix, oculta entre las líneas de la prosa colonial (Ranajit Guha).

Y para concluir, compartir con Carlos Marx, en su tesis número 11 de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, este mandato: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

*Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV y analista nacional e internacional.

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