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Según la FAO, América Latina y el Caribe es la región más cara para acceder a una alimentación saludable

Por: Maria del Mar Parra

Un informe de la ONU posiciona a Latinoamérica y el Caribe como la región donde es más caro acceder a una dieta sana. También analiza el vínculo entre estas cifras y los problemas de malnutrición, y recomienda políticas públicas para bajar los precios.

Acceder a una dieta saludable en América Latina y el Caribe cuesta en promedio USD $3,89 diarios por persona, siendo la región más cara para comer saludable, según reveló el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2022, publicado por la FAO, organismo de la ONU dedicado a la alimentación y la agricultura.

La cifra deja a la región por encima del promedio mundial, que es de USD $3,54 diarios por persona. Como consecuencia, 131 millones de personas no pueden acceder a este tipo de dietas. Así, un 52% de las personas del Caribe y 18% de las de América del Sur no pueden acceder a este tipo de alimentación.

El documento destaca el vínculo entre la calidad de la dieta, la seguridad alimentaria y la nutrición. Analiza entonces cómo la falta de acceso económico a una dieta saludable se relaciona con diferentes formas de malnutrición como el retraso del crecimiento, el sobrepeso en niños menores de 5 años, la subalimentación o la anemia entre mujeres jóvenes adultas.

Además incluye recomendaciones de políticas públicas para que los alimentos nutritivos sean más asequibles. Propone por ejemplo crear incentivos para diversificar la producción de alimentos nutritivos, y dirigirlos a la agricultura familiar y productores de pequeña escala. También sugiere medidas para transparentar los precios de alimentos en los mercados y el comercio, o la mejora de menús escolares.

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El Desconcierto

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América Latina registra más de 56 millones de personas con hambre

En América Latina y el Caribe el número de personas con hambre superó los 56 millones en 2021, debido al incremento del precio de los productos básicos y el aumento de la pobreza extrema, comunicaron este martes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal),la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) en un informe conjunto.

“El número de personas en la región que padecen hambre aumentó en 13,2 millones, hasta llegar a 56,5 millones”, detalló el informe elaborado “en respuesta a la crisis alimentaria mundial”, y presentado por las tres instituciones de la ONU en Santiago, capital de Chile.

En paralelo, en 2021 la inseguridad alimentaria afectó al 40,6% de la población de la América Latina y el Caribe. Un total de 267,7 millones de personas se vieron afectadas; 62,5 millones más que en 2019.

Según el informe, “el aumento de la inflación de alimentos y de la pobreza extrema es uno de los factores que incrementan la inseguridad alimentaria y el hambre”.

La inflación de los alimentos “aumenta el riesgo de hambre” y el alza del precio internacional de los productos básicos, cuyo aumento promedio alcanzó un 11,7% en septiembre pasado, se traspasa a los consumidores, agregó el texto, informó la agencia de noticias AFP.

La Cepal y el WFP estiman que la incidencia de la pobreza extrema en la región aumentaría 0,2% en 2022 y podría alcanzar a las 81,8 millones de personas.

El informe también sostiene que las diversas crisis internacionales de los últimos 15 años, comprometieron el acceso de la región a los alimentos y a insumos claves como los fertilizantes para la agricultura regional.

“El hambre aumentó en la región en un 30% entre 2019 y 2021. La alta dependencia de laimportación de fertilizantes y la variación de los precios de los alimentos tiene un impacto negativo e inevitable en los medios de vida, principalmente de la población rural, y en el acceso a una dieta saludable”, dijo Mario Lubetkin, representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Lubetkin recomendó fortalecer los sistemas de protección social en las zonas rurales, particularmente orientados a agricultores familiares, y eliminar las restricciones al comercio internacional de alimentos y fertilizantes ya que serán medidas clave en el proceso de respuesta a la actual crisis.

Télam

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Suiza acoge el 8º Congreso Mundial de Agricultura de Conservación

Del 21 al 25 de junio se va a celebrar en Berna, Suiza, el 8º Congreso Mundial de Agricultura de Conservación, planteado este año como evento virtual a causa de la pandemia del COVID-19. Tan alta es la importancia dada a la Agricultura de Conservación en el mundo y para la Política Agraria Comunitaria en Europa que el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Comisarios Europeos y miembros del gobierno suizo serán ponentes en la sesión de apertura.

La Agricultura de Conservación (AC) es un paradigma alternativo innovador de agricultura regenerativa, protectora del medio y sostenible que está reemplazando en todo el mundo a la degradante agricultura convencional basada en la labranza. AC se ha extendido globalmente a más de 205 millones de hectáreas de tierras de cultivo por todos los continentes y agroecologías terrestres.

El área global de AC se incrementa anualmente más de 10 millones de hectáreas desde la campaña 2008/09, área igual al tamaño de Portugal. Pequeños y grandes agricultores en todo el mundo llevan a cabo exitosamente prácticas de conservación medioambientalmente efectivas para alcanzar esta notable transformación. Los sistemas de AC están presentes en todos los continentes a través de un amplio rango de agrosistemas en zonas templadas, subtropicales y tropicales. La adopción de AC está ocurriendo en todos los sistemas terrestres tanto secano como regadío abarcando sistemas de cultivos anuales y permanentes, incluyendo plantaciones arbóreas, sistemas agroforestales, agroganaderos, arrozales y agricultura ecológica.

En el siguiente link se puede acceder al programa del Congreso siendo el discurso de bienvenida y discurso inaugural a cargo de Dongyu QU, Director General de la FAO, y con la participación de la Comisión Europea y del Gobierno suizo:

  • Janusz Wojciechowski, Comisario de Agricultura, UE
  • Virginijus Sinkevičius, Comisario de Medio Ambiente Océanos y Pesca, UE
  • Norbert Lins, Presidente, Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural, Parlamento Europeo
  • Christoph Ammann, Miembro del Cantón de Berna y Ministro de Economía, Energía y Medio Ambiente, Suiza
  • Christian Hofer, Director, Oficina Federal Suiza de la Agricultura, Suiza

Fuente: https://www.lavozdealmeria.com/agricultura2000/noticia/8/agricultura/216404/suiza-acoge-el-8o-congreso-mundial-de-agricultura-de-conservacion

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Los indígenas protegen mejor los bosques de América Latina

Las tasas de deforestación en América Latina y el Caribe son más bajas en las áreas indígenas y tribales donde los gobiernos han reconocido formalmente los derechos colectivos territoriales, de acuerdo con una revisión de más 300 estudios realizada en conjunto por la FAO y el FILAC.

Los pueblos indígenas y tribales, “y los bosques en sus territorios, cumplen un papel vital en la acción climática global y regional, y en la lucha contra la pobreza, el hambre y la desnutrición”, señaló Julio Berdegué, representante regional de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Sus territorios “contienen alrededor de un tercio de todo el carbono almacenado en los bosques de América Latina y el Caribe y 14 por ciento del almacenado en los bosques tropicales de todo el mundo”, agregó Berdegué.

La FAO y el FILAC (Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe), presentaron este jueves 25 en esta capital su informe “Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques”.

La conclusión central del informe, con análisis de más de 300 estudios científicos realizados en los últimos 20 años, es que los pueblos indígenas y tribales han sido mejores guardianes de sus bosques en comparación con los responsables de los demás bosques de la región.

Los mejores resultados se observaron en los territorios de los pueblos indígenas que cuentan con títulos legales colectivos reconocidos: entre 2000 y 2012 las tasas de deforestación en varios de estos territorios en la Amazonia fueron solo entre la mitad y un tercio de las de otros bosques con características ecológicas similares.

Según los análisis de FAO-FILAC, la tasa de deforestación en los bosques indígenas donde se ha asegurado la propiedad de la tierra es 2,8 veces menor que fuera de esas áreas en Bolivia, 2,5 veces menor en Brasil y dos veces menor en Colombia.

Los territorios colectivos titulados evitaron cada año, en esos tres países, entre 42,8 y 59,7 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono (CO2), gas de efecto invernadero que causa calentamiento global.

Esas emisiones ahorradas equivalen a sacar de circulación entre nueve y 12,6 millones de vehículos durante un año.

De las 404 millones de hectáreas ocupadas por los pueblos indígenas, los gobiernos han reconocido formalmente sus derechos de propiedad colectiva o usufructo sobre cerca de 269 millones de hectáreas.

En la cuenca amazónica “45 por ciento de los bosques intactos se encuentran en territorios indígenas, y la evidencia de su papel vital en la protección forestal es clara como el agua”, según Myrna Cunningham, presidenta de FILAC.

“Mientras que el área de bosque intacto disminuyó solo 4,9 por ciento entre 2000 y 2016 en las áreas indígenas de la región, en las no indígenas se redujo en 11,2 por ciento”, dijo Cunningham.

Agregó que “eso hace evidente por qué su voz y su visión deben tenerse en cuenta en todas las iniciativas y marcos globales relacionados con el cambio climático, la biodiversidad y la silvicultura, entre muchos otros temas”.

Los pueblos indígenas y tribales participan en la gobernanza comunal de entre 320 y 380 millones de hectáreas de bosques en la región, que almacenan alrededor de 34 000 millones de toneladas métricas de carbono, más que todos los bosques de Indonesia o de la República Democrática del Congo.

Mientras que los territorios indígenas de la cuenca del Amazonas perdieron menos de 0,3 por ciento del carbono en sus bosques entre 2003 y 2016, las áreas protegidas no indígenas perdieron 0,6 y otras zonas que no eran territorios indígenas ni áreas protegidas perdieron 3,6 por ciento.

Como resultado, a pesar de que los territorios indígenas cubren 28 por ciento de la cuenca del Amazonas, solo generaron 2,6 por ciento de las emisiones brutas de carbono de la región.

Sin embargo, la investigación sugiere que su función protectora está cada vez más en riesgo, en un momento en que la Amazonia se acerca a un punto de inflexión, que podría tener impactos preocupantes en las precipitaciones y en la temperatura y, eventualmente, en la producción de alimentos y el clima global.

El informe pide a los gobiernos, a los financiadores climáticos, al sector privado y a la sociedad civil que inviertan en iniciativas que fortalezcan el papel de los pueblos indígenas y tribales en la gobernanza forestal, refuercen sus derechos territoriales comunales y los compensen por los servicios ambientales que brindan.

Fuente: https://rebelion.org/los-indigenas-protegen-mejor-los-bosques-de-america-latina/

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El Salvador: Dos millones de salvadoreños, en riesgo de carecer de alimentos

América Central/El Salvador/29-11-2020/Autora: Jessica Guzmán/Fuente: www.elsalvador.com

Según el Programa Mundial de Alimentos y la FAO, actualmente unas 380,000 personas no logran suplir sus necesidades alimentarias.

Tras una crisis sanitaria, económica y social por la pandemia y el cierre económico adoptado por el gobierno de El Salvador, 2 millones de salvadoreños están en riesgo de caer en precariedad alimentaria, según cifras del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

“Según la última Evaluación de Seguridad Alimentaria y Nutricional (ENSAN) realizada en el contexto de la COVID-19 en agosto del 2020, unas 380,000 personas en el área urbana y rural no pueden cubrir sus necesidades básicas, ni comprar suficientes alimentos para sus familias y lo más preocupante es que el 30 % de la población, es decir casi dos millones de personas, viven en riesgo de caer en inseguridad de precariedad completa”, manifestó Jaakko Valli,Oficial Encargado del PMA en El Salvador.

Que 380,000 personas estén en situación de inseguridad alimentaria significa que no pueden cubrir sus necesidades básicas y brindar comida a sus familias, según estadísticas y datos registrados por el PMA.

El representante de este organismo explica que la pérdida de empleos y cierre de empresas recrudeció la situación de las personas que ya estaban sin poder cumplir con la demanda de alimentos de sus familias y sumió a cientos de miles más en ello.

Valli también señaló que si bien es cierto el gobierno dio dinero en efectivo y paquetes de alimentos a las familias más vulnerables esto no es una medida que les ayude a salir adelante en el tiempo.

“Y aunque de parte de Naciones Unidas, otras organizaciones y el gobierno, este año, han dado paquetes alimenticios y distribución de dinero en efectivo, para que las familias se puedan sostener, esas no son soluciones sostenibles”, dijo el oficial del PMA para El Salvador.

Por su parte, Diego Recalde, Representante de la FAO – también organización de Naciones Unidas y que trabaja para paliar el hambre en el país-  señaló que la caída del Producto Interno Bruto (PIB) este año caerá 6 % o más y esto impactará con fuerza en el consumo, tomando en cuenta que este ya viene sufriendo una caída.

“El PIB este año caerá 6 % o más y esto tiene un impacto en el consumo, pues ya había caída en ingresos porque han perdido empleos, consumen menos, cuánto sube la pobreza, podemos regresar 20 años, esta es la gravedad del asunto, el impacto del COVID-19 tardará muchos años en recuperarse”, manifestó el representante de la FAO.

Recalde explica que si el año siguiente (2021) se dice que se recuperará la economía un 4 %, según el gobierno, quiere decir que estamos en -2 si este año se pierde 6 % del PIB y si en 2022 el país crece 2 %, significa que el crecimiento será cero.

“Cuántas empresas han cerrado, cuántos locales están vacíos y esas familias que se quedan sin ingresos bajan su nivel de consumo de alimentos inmediatamente más barata, comida chatarra, un pan y una soda y ahí el otro lado, que en El Salvador también los índices de obesidad están incrementándose muchísimo”, dijo con preocupación el representante de la FAO.

A nivel mundial, la pandemia tiene un fuerte impacto en la seguridad alimentaria de los países, la cual se incrementó considerablemente.

Según estimaciones del PMA, el impacto socioeconómico de la pandemia en muchos países, en particular la pérdida de ingresos, está agravando los riesgos relacionados con conflictos y el cambio climático. Alrededor de 690 millones de personas sufren hambre en el mundo y podría aumentar en más de 100 millones este año, es decir que se ha llegado a unos 800 millones de personas en todo el mundo que no alcanzan a suplir sus necesidades alimentarais, ni otras como salud, agua, ni las de sus familias .

El agravante del cambio climático

A toda esta situación generada por el cierre económico se le suma la gravedad por los huracanes, depresiones tropicales y tormentas que está sufriendo los países vulnerables de la región por el cambio climático.

Según expuso Recalde, El Salvador es uno de los 10 países a nivel mundial más vulnerables a estos episodios naturales.

“El Salvador es sumamente frágil a los fenómenos naturales. Es uno de los países más vulnerables a nivel global, es decir aquí vamos a ver siempre crecientes inundaciones, desbordamientos, deslaves y la lista es larga, entonces nosotros como Naciones Unidas siempre estamos tratando de construir resiliencia, para las familias rurales”, dijo Recalde.

“Con la vulnerabilidad el país, los deslaves, desbordamientos e inundaciones seguirán sucediendo, el punto es crear estrategias para mitigar el impacto negativo de esos episodios o catástrofes”, agregó el representante.

Sin un modelo

El otro gran problema del país es que carece de un modelo económico en el que hayan estrategias de producción de alimentos, de generación de empleos y de sostenibilidad de ambos, señala el representante de la FAO.

Según datos que expuso el representante de la FAO, los países importadores netos de alimentos como El Salvador son totalmente inseguros en alimentación.

“Un país que importa más del 30% de alimentos es un país sumamente vulnerable, y aquí estamos hablando de un país que importa hasta el 90 % de hortalizas y frutas, también granos básicos, la mitad de los cárnicos, el 75 % del pescado, eso no es sostenible, no es un modelo económico sostenible”, aseveró el Recalde.

Según Recalde, dos de los grandes errores que se han cometido es que se abandonó el sector agrícola desde finales de los años 70 y además, el país prácticamente sobrevive de las remesas.

“Ha habido un descuido enorme de la política pública y de la inversión hacia el sector agropecuario. Se debe tomar más conciencia y es necesario cambiar ese modelo que no es modelo porque una economía no puede ser que subsista de las remesas, que por cierto han caído en 17%”, aseveró el representante de la FAO.

Recalde señala que con las graves afectaciones de los huracanes Eta y Iota que azotaron a Nicaragua, Honduras y Guatemala la oferta de productos se reducirá, y a El Salvador, un país que importa casi al 100 % sus alimentos, le tocará comprar mucho más caro.

“Eso derivará en una inflación importada. El país tiene el gran reto de recuperar su producción primaria y de revertir esas importaciones, solo veamos como ejemplo las pupusas, los quesos de Nicaragua, el maíz o la harina mucha importada de México, hortalizas de Guatemala, no puede ser, esto no es sostenible, se debe hacer un futuro resiliente, producir alimentos y generar empleos”, señaló el experto.

Fuente e Imagen: https://www.elsalvador.com/noticias/negocios/coronavirus-dos-millones-depersonas-en-riesgo-de-carecer-alimentos/779427/2020/

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FAO emprenderá nuevo proyecto de colaboración con Angola

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ratificó hoy en esta capital su apoyo a Angola para impulsar la agroindustria mediante alianzas entre la academia y los productores.

 

El compromiso quedó suscrito este miércoles en un convenio de colaboración por el ministro de Economía y Planificación, Sérgio dos Santos, y la representante aquí de la FAO, Gherda Barreto, de cara a la implementación del proyecto Prodesi en el sector agropecuario.

Prodesi es el acrónimo de Programa de Apoyo a la Producción, Diversificación de Exportaciones y Sustitución de Importaciones, puesto en marcha por el Ejecutivo para acelerar el rendimiento de esferas que pueden ayudar a diversificar la economía nacional y reducir su elevada dependencia de la rama petrolera, sujeta a los vaivenes del mercado internacional.

El convenio con la FAO deberá contribuir a la mayor participación de la academia en el fomento de la agroindustria y la innovación tecnológica en las cadenas de valor, indicaron las partes.

También prevé facilitar el seguimiento por los centros de educación superior de los procesos relacionados con el desarrollo de capacidades y la formulación de planes de negocios para la agricultura, con el empleo de herramientas creadas por la FAO, entre ellas Rural Invest y My Coop.

Según el documento, es un interés común promover la capacitación sobre la llamada agricultura de contrato, tomando como base los cinco tipos de variantes propuestas por esa agencia de Naciones Unidas.

Coordinado por la cartera de Economía y Planificación, el proyecto AgroProdesi contará, además, con la intervención de los ministerios de Educación Superior, Agricultura y Pesca e Industria y Comercio, así como con entidades de FAO y universidades angoleñas.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=408825&SEO=fao-emprendera-nuevo-proyecto-de-colaboracion-con-angola
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Casi 20 millones más de personas sufren hambre aguda tras la pandemia en los 13 países más afectados del globo

Noticia/elpais.com

La Red Mundial Contra las Crisis Alimentarias alerta del impacto del coronavirus en regiones azotados previamente por la hambruna y la emaciación infantil. Ya son más de 155 millones en el mundo

La crisis del coronavirus se ha cebado con los segmentos de la población más vulnerables. Ha confinado a personas que viven de la venta diaria, se ha llevado por delante a miles de ancianos y enfermos y ha quitado el alimento a quienes ya lo pasaban mal para conseguirlos. En concreto a 19,5 millones de personas en los 13 países más afectados del mundo, entre los que constan Etiopía, Somalia, Afganistán y República Democrática del Congo. Así lo detalla un estudio publicado este martes por la Red Mundial Contra las Crisis Alimentarias, en una de las conferencias celebrada en el marco de la Asamblea anual de la ONU, que cumple su 75 aniversario y lo celebra en modo virtual. Casi 20 millones de personas han pasado a estar en riesgo agudo de inestabilidad alimentaria en menos de un año. En abril eran 135 millones, en 55 países, según informe previo de la organización.

Hoy son más de 155 los millones de ciudadanos que se encuentran en las tres fases más críticas del hambre. Y las expectativas no son muy favorables. “Las necesidades son mayores que nuestra capacidad de respuesta”, lamentaba Jenny McGee, administradora de la organización americana de desarrollo internacional USAID, en su intervención durante el encuentro virtual.

El hambre se mide por fases. A partir de la tercera de las cinco existentes, la situación es grave: falta de acceso a alimentos básicos, desnutrición e incluso muerte por inanición. Las dos fases iniciales son el escalón previo. En la segunda etapa, se entiende que esas personas conforman un grupo en un estado de estrés cercano al hambre. El año pasado eran 183 millones de ciudadanos en 47 países. De todos ellos, 129 se centraban en África.

Los niños, la cara más cruda del hambre

El continente africano también ha sido víctima de un fenómeno cada vez más presente: la emaciación. Esta enfermedad afecta principalmente a los más pequeños y consiste en un adelgazamiento patológico a consecuencia de la pérdida involuntaria de más del 10% del peso corporal. Las razones detrás de la dolencia son principalmente tres: acceso deficiente a servicios sanitarios, carencia de un entorno salubre e inestabilidad alimentaria. La pandemia se tradujo en 6,7 millones de menores de cinco años afectados por esta patología. En 2019 ya había cerca de 47 millones, según un informe a cargo de Derek Headey, investigador senior en el Instituto Internacional de Políticas Alimentarias (IFPRI).

Pero el impacto del coronavirus en las cifras de la patología es tan solo la punta del iceberg. Headey también espera un aumento en otras formas de malnutrición infantil, incluyendo retrasos en el crecimiento, deficiencias nutritivas y sobrepeso. «La incapacidad de la comunidad internacional de dar con una solución tendrá devastadoras y duraderas consecuencias en los niños, en el capital humano y en las economías nacionales», alertaba en el estudio. Pero no es solo hambre. Los menores de edad cada vez saben más de pobreza. Más de 150 millones de ellos la han conocido tras la pandemia, según el último documento publicado hoy por Save the Children y Unicef. Sin embargo, se habla del término en el sentido más amplio. Se entiende por pobreza las carencias educativas, sanitarias y de vivienda así como la falta de alimento, agua y dinero. En total, cerca de 1.2 billones de niños afrontan un escenario similar.

RDC y Burkina Faso, los paradigmas del hambre persistente

En números totales, República Democrática del Congo marca récords históricos. Tras los meses de pandemia, 21,8 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria. Uno de cada tres congoleños. “Son datos especialmente preocupantes”, incidía Lavinia Antonaci, coordinadora técnica del informe. “Jamás se habían registrado estas cifras. En ningún otro país”. Burkina Faso, por otro lado, también preocupa especialmente a los expertos. No tanto por sus cifras totales sino por el abrupto aumento de la prevalencia —el porcentaje de afectados con respecto a la población—.

En apenas julio y agosto, se ha triplicado este porcentaje, que actualmente está en un 15%. Es decir, cerca de 3,3 millones de personas están afrontando una crisis alimentaria a raíz de los meses de la pandemia. De estos, medio millón forman parte del grupo de emergencia (fase cuatro) y 11.000 al de las catástrofes (fase cinco). El confinamiento rebosó el vaso de un país cuyo conflicto armado e inestabilidad persisten entre violencia y desplazamientos.

Una situación que también empeora para los niños. Más de 535.000 menores de cinco años están malnutridos en Burkina Faso, 156.500 en un grado severo de hambruna, según un informe publicado hace un par de semanas por Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia. Esta realidad la conoce bien Médiatrice Kiburente, especialista en nutrición de la organización en Burkina Faso. No se anda con rodeos: «Estos niños están en riesgo inminente de muerte si no se hace nada». Desde el inicio de 2020, han repartido 737.000 toneladas de comida de emergencia y leche, como tratamientos rápidos para personas malnutridas.

Pero no es suficiente. El coronavirus se suma a una larga lista de condicionantes. Los conflictos armados, los desplazamientos forzosos, el cambio climático y las crisis económicas están detrás de estas aterradoras cifras que solo aumentan. Los reclamos de los agentes sociales se repiten: más financiación, acciones coordinadas y una base de datos conjunta para tener una fotografía real de los que no tienen qué llevarse a la boca. Durante los meses de la pandemia se han sumado otras dificultades como el complejo acceso a los alimentos, fruto del cierre de fronteras, el desempleo y el encarecimiento de los productos.

 A Djimé Adoum, secretario ejecutivo del Comité Permanente Interestatal para la lucha contra la sequía del Sahel, esta realidad no le sorprende. Guarda las cifras en la memoria: “Los precios de los alimentos aumentaron entre un 40% y un 50% en estos meses, las actividades económicas en la calle pararon en seco, los medios de subsistencia se ha reducido hasta el 60%…”, enumeraba sin pausa al otro lado de la pantalla. “El primer paso que tenemos que dar es hacia el acceso a los alimentos. Solo así se prevé la malnutrición”, argumentaba tras incidir en la cooperación entre países y el intercambio de “buenas prácticas”: “Se están haciendo las cosas bien en muchos lugares. Tenemos que aprender de lo que está funcionando aquí y allá”.

Hacer frente a las crisis prolongadas en cooperación ha sido el objetivo de la Red Mundial Contra las Crisis Alimentarias, creada en la Cumbre Humanitaria Mundial de 2016 por la Unión Europea, el Programa de la ONU para la alimentación y la agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Una entidad que reconocía durante la conferencia estar “aún lejos” de la meta.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/09/15/planeta_futuro/1600195108_760338.html

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