Page 3 of 4
1 2 3 4

Sexismo negado, desigualdad persistente o la ceremonia de la confusión

Por: Elena Simón

La violencia contra las mujeres no acabará hasta que la sociedad no apueste por la penalización del sexismo, la misoginia y el machismo y así se destierren las eficaces herramientas patriarcales.

En la calle y las pantallas, en la escuela y en la casa, la desigualdad persiste y resiste. El sexismo no suele ser causa de alarma social y ni siquiera las violencias contra las mujeres suelen estar entre las primeras preocupaciones de la población española –mujeres y hombres–, según las encuestas periódicas del CIS. Esta es la columna vertebral que sostiene al machismo en sus manifestaciones más encubiertas y enmascaradas o en las más feroces, como son los asesinatos en vida o con resultado de muerte que acontecen todos los días en cualquier lugar de este planeta y, cómo no, en el territorio que aquí pisamos.

Hay una enorme contradicción entre los discursos de paz, democracia, igualdad, libertad, –bastante compartidos y generalizados– y las prácticas –también compartidas y generalizadas– de sexismo, misoginia y desigualdad. En realidad, esto produce un cortacircuito que a las personas jóvenes y pequeñas así como a las adultas sin mucho criterio al respecto les da a entender que las prácticas y realidades sexistas son como son, son naturales, serán siempre así, han sido siempre así, no se pueden cambiar, no importan tanto, no merece la pena oponerse a ellas y no son tan graves. Así es que invitan a seguir como siempre. Y como siempre quiere decir que los privilegios masculinos unilaterales a costa de las discriminaciones y mal trato hacia las mujeres son incluso deseables, porque mantienen el orden conocido y no hay que hacer nada diferente o extraordinario: así está bien.

Por eso, ni en las casas ni en las pantallas, ni en los centros educativos ni en la calle vemos los cambios fundamentales que enuncian nuestras leyes, reglamentos y normas, que sí se adaptan bastante a los discursos democráticos de Igualdad y no discriminación.

Nuestra población joven está aturdida y no es para menos.

Sin recibir educación sexual desde la familia ni desde la escuela, se empapan desde la pubertad de producciones pornográficas abiertas en la red, que normalizan relaciones donde el hacer masculino y violento impera y la mujer recibe entusiasmada; imágenes que las vuelven hacia la creencia del sometimiento sexual y la condición de objetos lúdicos. Sin recibir modelos de corresponsabilidad familiares ni de equidad laboral, ni orientación académica y laboral no sexista, se ven invitadas ellas a aceptar peores condiciones de trabajo y la inmersión en una maternidad intensiva, que transforma su ser en cuerpo reproductivo casi en exclusiva, dificultando en extremo el ejercicio de la la libertad en el proyecto vital.

Sin una decidida y activa apuesta por la Igualdad real y la Libertad sin mensajes y modelos comerciales sexualizados e hiperfeminizados, seguiremos aceptando que el sexismo no es tan molesto como algunas feministas nos muestran. Hasta se nos presenta a veces como divertido e interesante. Y, sobre todo, no está en absoluto ausente de las modas y de las imágenes y opiniones virales. El sexismo es casi imperceptible para quienes no han entrenado sus mentes y sus sentimientos para rechazarlo como una injusticia fastidiosa para una gran parte de la mitad de la humanidad, e incluso para una menor parte de la otra mitad de la humanidad.

Las industrias no paran de lanzar mensajes sexistas a través de las empresas de creación publicitaria. Con lo cual hay muchas chicas que llegan a creer –en el colmo de la contradicción– que ser feminista es simplemente desafiar al patriarcado con actitudes provocadoras y violentas individuales. Así no acaban de ver que el feminismo fue, es y será un conjunto de acciones colectivas que van desembocando en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres, de cualquier clase, origen y condición.

En las casas persiste la división sexual del trabajo –modernizada, eso sí–. En la calle las mujeres estamos muy presentes en todo lugar y horario, pero estando menos cómodas y seguras que los varones; en las pantallas estamos a toda hora y momento, pero con un sesgo hacia la heterosexualización como éxito, que nos va apartando de una vida autónoma y plena. En los centros educativos estamos en los mismos lugares, tiempos y enseñanzas que los varones, pero tratadas en los currícula como sombra de lo masculino y a veces castigadas por nuestras actitudes de protesta ante alguno que se pasa con nosotras. Los espacios comunes de patios, aulas y escaleras o pasillos son manejados por los chicos, a veces de forma invasiva y excluyente, como bien sabemos.

Así es que volvemos a reiterar que la violencia contra las mujeres (que este mes se ha cobrado más matanzas de lo habitual) no acabará hasta que la sociedad entera no apueste por la penalización del sexismo, la misoginia y el machismo y así se vayan desterrando estas eficaces herramientas patriarcales.

Para ello hay muchas estrategias, pero la de romper el silencio y la invisibilización y ninguneo está en manos de las instituciones, desde luego, pero también de cada persona que suscriba que está de acuerdo con la igualdad y que desee la dignidad y la seguridad para todas.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/10/10/sexismo-negado-desigualdad-persistente-o-la-ceremonia-de-la-confusion/

Comparte este contenido:

Manada monosex

Por: Elena Simón

Las manadas o rebaños monosex, son muy perjudiciales para la salud, porque no se reequilibran los aprendizajes de género, no se mestizan ni interactúan y, por tanto, no se transforman.

Fin de curso, de carrera, fiestas populares, despedidas, bienvenidas, bodas, bautizos, comuniones, divorcios, aniversarios, cumpleaños, homenajes, comidas de empresa. Noches veraniegas. Tiempo de fiestas.

Por donde vayas vas viendo manadas humanas que, según el DLE significa: “Conjunto de animales de una misma especie que andan reunidos”, y también: “Hato, rebaño, cuadrilla o pelotón de gente”. Y rebaño: “Conjunto de personas que se mueven gregariamente o se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etc…”.

Pues así están compuestas en gran parte nuestras fiestas y celebraciones. Pero como somos seres humanos sexuados y generizados, hemos de añadir a conjunto de personas… del mismo género. Cierto es que el término “manada” ha tomado unos tintes específicos y restringidos, referidos nada más al grupo de violadores en Sanfermines 2016.

Desde que niñas y niños van a la escuela juntos, a una escuela mixta pero no coeducativa, los grupos unisexuales se exacerban, tanto en las aulas y patios como en las calles y plazas. Su socialización no es mixta: los mensajes, modas y mandatos de género para unos y otras son cada vez más diferenciadores por géneros, más desigualitarios y más excluyentes de la otra mitad. Observemos la aversión de los niños hacia todo lo que huela a niña, a femenino, a rosa y, observemos también el rechazo –aunque algo menos fuerte– que las niñas muestran por los juegos, juguetes y ropas masculinas.

Cuando van creciendo, se van separando por intereses. Cuando van saliendo o celebran cumpleaños, vemos cómo se juntan en rebaños monosex, se uniformizan en las vestimentas por géneros separados y hacen sus planes en grupos no mixtos. Sólo se juntan cuando pretenden ligar, pero eso es de dos en dos, no en manada.

Todo ello favorece la exageración de los roles y estereotipos o, dicho de otro modo, la hiperfeminización y la hipermasculinización.

Siempre habrá voces que apoyen estas formas de estar en el mundo, como “natural” y “normal”. Los chicos: hombre-hombre, con intereses definidos por la fuerza, los juegos de poder y las bromas pesadas y cargantes, la competitividad 24 horas, la exhibición de logros conseguidos con riesgo, la conquista de las mujeres como si fueran castillos que tomar o fronteras que violar y traspasar para estar a la altura.

También habrá voces, privadas y públicas, que apoyen la feminidad de las chicas, que aprenden unas con otras y de otras, en manada, en rebaño, con intereses definidos por la moda, la rivalidad entre ellas, la búsqueda a la desesperada del amor como imprescindible para vivir y estar completa. Y, el aprender a excusar los comportamientos de exceso de los varones, a aceptar que las relaciones sexuales las imponen ellos y que las más de las veces les resultan molestas o dolorosas a ellas.

El plato está servido para instaurar de forma normalizada la “cultura de la violación y de la prostitución”: los varones crecen pensando erróneamente que su deseos sexuales (como modelo dominante: heterosexuales) son inaplazables y exigentes y que si no es por las buenas y a la primera, será por las malas y a la cuarta o, en último extremo, pagarán para tener carta blanca en sus demandas, a través del dinero, la fuerza y el poder que les otorga una cultura machista y misógina, que justifica todo ello sin culpabilizarlo y por el contrario, culpabiliza en las mujeres que se “dejen”, como objeto de abuso masculino.

Las manadas o rebaños monosex, son muy perjudiciales para la salud, porque no se reequilibran los aprendizajes de género, no se mestizan ni interactúan y, por tanto, no se transforman. Parece que hay que adcribirse a una forma binaria y hegemónica de estar en el mundo y, cuanto más se aleje una de otra, más placer identitario se experimenta.

Como personas adultas responsables de la socialización y educación de menores, tenemos que trabajar por la no segregación, desde la escuela y desde las casas, en el tiempo libre y en las propuestas lúdicas o extraescolares que hacemos para nuestras hijas e hijos, como profesionales o como representantes de asociaciones.

Observo, por la calle y en la salida de los colegios, niños varones ejerciendo su amistad con otros de manera violenta, a base de insultos duros, patadas, collejas, carreras, zancadillas, etc… Cuando se hacen grandes y practican el rebaño, nos invaden con sus risotadas, gritos y chillidos acompañados de gestos duros y de patente desprecio. Invaden los espacios comunes y no se percatan de que no tienen ningún derecho a hacerlo. Bien al contrario, parecen ejercer privilegios por derecho divino. Así se normalizan estos comportamientos y así siguen ellos ejerciendo supremacía.

¿Qué podemos hacer? Pues, al menos, percibir todo esto como negativo y no normalizarlo, afear esas conductas y proponerles modelos de relación que respeten a las personas, su dignidad y su singularidad, sean mujeres o niñas u hombres o niños. Es muy urgente romper las dicotomías y jerarquías sexo-genéricas e inaugurar caminos de encuentro, mestizaje y colaboración positiva y divertida.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/07/10/manada-monosex/

Comparte este contenido:

La buena educación de los chicos es buena para la salud social

Por: Elena Simón

No se les puede seguir alimentando con el tocino y la manteca del machismo, porque este engorda demasiado y, como no puede exigir privilegios e impunidad por ser hombre, se desborda por otros lados muy dañinos.

El concepto de “buena educación” ha cambiado, pasando de tener un carácter de élite distinguida pasada por colegios distinguidos de élite y por universidades minoritarias, a ser patrimonio de toda la humanidad y, más concretamente en los países democráticos, a ser universal y extendida en el tiempo, con un currículum que excede con mucho el hecho de saber leer escribir y contar. En esta educación actual debería de contemplarse muy en serio el hecho de un currículo coeducativo que ponga a mujeres y hombres en el lugar que les corresponde como mitad de la humanidad que somos unos y otras, archivando definitivamente los estudios y lenguajes que presuponen que los hombres y lo masculino dominante y hegemónico representan al conjunto de la humanidad: a los hombres dominados o no hegemónicos y a todas las mujeres de cualquier clase y condición.

Según las reglas del juego democrático, no nos salen las cuentas: una minoría invade y domina el currículo de la totalidad de la población y, en particular, articula un lenguaje simbólico para todos los varones y es que ellos son los hacedores de lo humano, dominan la naturaleza y el conocimiento, son visibles en todas las estanterías de la cultura y del poder y libres para hacer lo que deseen, incluyendo la colonización de las mujeres, con lo que ello comporta de apropiación indebida y de abuso.

Los niños y los jóvenes varones actuales no necesitan más de gestas victoriosas y de modelos de prepotencia, porque la sociedad actual les reclama para la cooperación, la corresponsabilidad, el amor como empatía y el éxito relacional placentero y constructivo. La superioridad indiscutida y la prepotencia que de ello se deriva, – conocida como machismo- han caído en desgracia. En este momento no es un timbre de gloria ser o ejercer de machista. Incluso algunas de sus acciones son condenadas, tipificadas como delito y penalizadas conforme a leyes recientes.

Así es que es evidente que a los niños y a los jóvenes varones no se les puede seguir alimentando con el tocino y la manteca del machismo, porque este engorda demasiado y, como no puede exigir privilegios e impunidad por ser hombre, se desborda por otros lados muy dañinos, incluso para ellos mismos. Los chicos han de comenzar a aprender muchas de las cuestiones que se les enseñaba solo a las niñas y a las jóvenes, para que cubrieran las necesidades, gustos, deseos o caprichos de quienes les rodeaban, especialmente de los hombres de su entorno.

A ellas seguimos haciéndolas “seres para otros”, mediante la Ley del Agrado. Pero a ellos les enfatizamos el “ser para sí mismos”, que aprenden unos de otros y unos con otros, tanto intra como intergeneracionalmente. Mientras tanto prevenimos a las chicas contra sus iguales los varones como “peligrosos”, pero no ponemos el espejo frente a la masculinidad hegemónica y heredada por los cuatro costados, para no repetirla. De este modo se reproduce como por esporas y, sobre todo, mediante alianzas explícitas e implícitas entre varones tintadas de misoginia, que excluyen a las mujeres como sus iguales. La mayoría de los chicos siguen desarrollando la “Ley del dominio” en las múltiples facetas de sus vidas, mirándose en sus iguales.

La buena y nueva educación para los niños y los chicos de estos tiempos convulsos que vivimos tendría que romper con la falsa creencia de que los comportamientos violentos frecuentes entre los hombres tienen su causa en la testosterona y que eso no tiene remedio; así es que hay que seguir previniendo a las chicas “por su bien” para que no provoquen y no se expongan.

Para lograr, al menos, una mejor educación masculina de la que tienen ahora, ya que una mayoría de ellos carecen de ciertos aprendizajes necesarios para la autonomía y el equilibrio personal, sin tener que dominar o seducir a nadie para conseguir adhesión y servicio; para lograr al menos una mejor educación masculina, propongo incidir en las siguientes líneas educativas para los chicos:
  1. Desarrollo de la empatía hacia sus personas próximas.
  2. Neutralización del estrés y la ansiedad producida por la obsesión en conseguir ser los primeros a costa de lo que sea, incluso de sus propias vidas o de vidas ajenas.
  3. Adquisición de habilidades de autocuidado de su salud, higiene, aspecto y entorno inmediato.
  4. Aprendizaje de destrezas para el cuidado de cosas y personas.
  5. Disminución del nivel de agresividad verbal y gestual.
  6. Manejo positivo de las emociones agresivas o negativas para que no deriven en actitudes violentas y dicotómicas (ganar-perder) y en soluciones inadecuadas a los conflictos vitales e interpersonales.

Siempre vamos diciendo que toda mejora humana es cuestión de educación y que hay que salir de la zona de confort para innovar, pero no ponemos en cuestión que las inercias androcéntricas, misóginas, machistas y sexistas se reasientan en su zona de confort y están normalizadas en los centros educativos de cualquier nivel.

En estos tiempos y lugares que habitamos podemos afirmar que son perjudiciales para la salud física, mental y social, mucho más que el tabaco.

Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/12/18/la-buena-educacion-de-los-chicos-es-buena-para-la-salud-social/

Fuente imagen: http://labuenaeducacion.pe/repositorio/PG-205—FOTO-BANNER.jpg

Comparte este contenido:

Contradicciones que paralizan

Por: Elena Simón

Las chicas y chicos necesitan aprender de desigualdad para poder trabajar por la Igualdad y también necesitan saber que el sexo con el que se nace no debe condicionar conductas, habilidades, posiciones o conciencias.

Es bien sabido que para conseguir una buena educación hay que tener una cierta coherencia entre los mensajes, los aprendizajes y las prácticas. Justo lo contrario de lo que nos ofrece la sociedad actual, que es lo contrario del famoso dicho de que para educar hace falta toda la tribu.

Pues bien: la tribu en este caso se halla dividida entre discursos adecuados y prácticas inadecuadas.

Cuando hablo de inadecuado y adecuado me refiero al objetivo primordial educativo que sería preparar a las jóvenes generaciones para insertarse con solvencia en la vida democrática y aprender de derechos y deberes de ciudadanía, además de efectuar aprendizajes teórico-prácticos y especializados para la inserción en el mundo social, familiar y profesional-laboral.

Esto no ocurre. El canon académico está desfasado y los currícula escolares de igual manera. En el currículo educativo no aparece casi nada de lo nombrado anteriormente. Parece que sólo sigue importando que la población escolarizada memorice y se examine de las materias “tradicionales”, antes que adquiera unos aprendizajes integrales que faciliten una vida plena y adaptada a las exigencias de este mundo cambiante.

Uno de los principales aspectos que se deberían exigir a la educación actual es la adquisición de conocimientos, habilidades y valores de convivencia democrática, para lograr una neutralización de las relaciones de poder desigual de sexo-género, religión, raza, etnia, capacidades, etc… Estas categorías implican casi siempre desigualdad educativa, al no estar incluidas en los contenidos y metodologías didácticas.

Entre estas categorías, vamos a focalizar las de sexo-género, inadecuadamente tratadas dentro del currículo y también en los mensajes mediáticos que tanto influyen y “educan” tanto a la población adulta, como a la infantil y adolescente. Socializan más que educan, taladran las mentes con una enorme profusión de imágenes, historias de ficción y shows de realidades parciales y casi nunca deseables. Y, frecuentemente se contradicen con los discursos de cooperación, convivencia pacífica y noviolencia, así como los mensajes democráticos por excelencia como son los de la Igualdad y la Libertad.

Las contradicciones a las que me refiero son como choques eléctricos que se producen en las conciencias e inteligencias emocionales de las chicas y chicos en edad escolar.

Para comenzar, reflexionemos sobre estos pares de opuestos:

  • Primero
    -Hay que estudiar y lograr títulos para ser alguien en la vida.
    -Hay que ganar dinero, mucho y lo antes posible.
  • Segundo
    – La cooperación es muy conveniente para la salud personal y social.
    – La competitividad es imprescindible para triunfar.
  • Tercero.
    – Las mujeres y los hombres somos ya iguales.
    – Las mujeres tienen que aceptar que van a cobrar menos, tener doble jornada y soportar acosos sexuales y laborales derivados de su condición sexo-genérica.
  • Cuarto
    – Chicas y chicos pueden hacer lo que quieran en la vida.
    – Las chicas que hacen “cosas de chicos” no gustan y viceversa.

Estas contradicciones deforman la percepción del mundo de lo humano, haciendo que chicas y chicos confundan su libertad de elección con aquello que les prescriben de forma oculta, pero profusa y narcisista, es decir, prometiéndoles éxito vital si así lo siguen.

En el momento actual vivimos en un caldo de cultivo contradictorio, del que no escapa la educación: mensajes opuestos como legítimos, justificaciones de injusticias como normales y, sobre todo la ceremonia de la confusión, que en las chicas y chicos ataca a sus conciencias, desdibujando las actitudes éticas y cívicas deseables para una adecuada convivencia.

En el último año asistimos a un movimiento internacional de mujeres que rompen sus silencios ancestrales, que han superado los miedos, las presiones y coerciones para callar y la baja autoestima y alzan sus voces con campañas en contra de la violencia específica que sufren sólo por ser mujeres, ya sea esta sexual, física, psicológica, económica, cultural o laboral.

Por otra parte están quienes se han apropiado de la voz pública y reparten puestos y espacios mediáticos, donde se desprestigia, se ridiculiza y se ningunea la voz autorizada de las mujeres. La única diferencia es que estas últimas actitudes tienen tomados casi todos los espacios, tiempos y tribunas y por ello parece que sean mayoritarias.

Las chicas y chicos necesitan aprender de desigualdad para poder trabajar por la Igualdad y también necesitan saber que el sexo con el que se nace no debe condicionar conductas, habilidades, posiciones o conciencias. Estos instrumentos de análisis y crítica se los podemos y debemos ofrecer en el sistema educativo, en el currículo formal y en el currículo oculto.

¿Es posible que así evitáramos muchos sufrimientos por frustración y lográramos más éxitos?

Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/01/18/contradicciones-que-paralizan/

Fuente imagen: http://d2vpb0i3hb2k8a.cloudfront.net/wp-content/uploads/sites/7/2016/11/22/mujereshombres-820×385.jpg

Comparte este contenido:

Nos faltan ingenieras

Por: Elena Simón

Hoy las chicas van eligiendo lo que antes se les imponía. Es una cuestión de orientación profesional, personal y académica. No se ven haciendo algo de lo que no han tenido ejemplos antes.

Los prejuicios y falsas creencias ligadas al sexo de nacimiento, sobre las características cerebrales de mujeres y hombres son tan persistentes en el espacio y el tiempo como insistentes en los modelos y expectativas que sobre las jóvenes y los jóvenes se tienen todavía.

Es esta una cuestión de orientación personal, académica y profesional. Cuando niñas y niños se proyectan hacia la edad adulta, se ven o no se ven allá donde se muestran o no se muestran.

Supongo que la mayoría de personas que me están leyendo en este momento habrán observado cómo, en lo que va de siglo, todo se ha vuelto a separar por sexos, todo se ha vuelto a pintar de azul y de rosa y la paleta de colores se ha empobrecido enormemente hasta el punto de que niñas y niños apenas pueden jugar a las mismas cosas o ver programas de televisión que les gusten igualmente. Cada vez más oímos a pequeños y pequeñas de educación infantil decir que algo no les gusta o no lo quieren hacer “porque es de chicas” o “porque es de chicos”. Claro que también hay muchas mamás y papás seducidos por las nuevas feminidades y las nuevas masculinidades, que de nuevas tienen poco. Para ellas profusión de tules, brillos, mariposas, lazos, purpurinas y princesas pavas y pasivas. Para ellos profusión de monstruos, superhéroes y victorias competitivas emocionantes.

Estamos hablando de la edad infantil, pero así siguen creciendo y cada vez hay menos cosas, actividades, hobbies, juegos y entretenimientos que unan a niñas y a niños. Como se desarrollan distintas habilidades y cualidades en cada parte de la pantalla -rosa y azul- llegamos a creer que ellas y ellos nacen con diferencias insalvables, no educables de otro modo y así se suele pregonar a los cuatro vientos: las niñas son más dulces, cuidadosas, tranquilas, detallistas y cariñosas, aunque hipócritas, que hacen el mal por debajo. Los niños son más valientes, curiosos, espabilados, descuidados, agresivos, ingeniosos y creativos, pero noblotes, que hacen el mal sin disimulo, en las guerritas “sin importancia” que se suelen montar para divertirse y entretenerse.

Así es que cuando van creciendo y tienen que ir orientándose en sus proyectos de vida, tienen bien aprendidos sus roles: para qué sirven y qué les debe gustar. En esta proyección hacia el futuro -sexista donde las haya- ellas no se ven donde no se ven y ellos tampoco. Me refiero a las imágenes y textos escolares, a las series, los dibujos, los lenguajes, las pantallas, los juegos digitales o electrónicos.

Las chicas se proyectan hacia estudios y profesiones de estética, decoración, gestión, ayuda, asistencia personal, educación, mediación, ciencias de la salud…, con resultados buenos, en general. En estas áreas no tienen cabida las carreras llamadas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics), hacia donde las niñas ni siquiera miran, aunque sus competencias académicas y sus inclinaciones personales lo aconsejaran. Pero tampoco nadie las hace mirar y las pone frente a sus posibilidades y cualidades. De hecho hay un déficit espectacular de alumnas en la FP tecnológica y en las ingenierías, sobre todo en la informática. Las industrias no reciben apenas currículums de chicas tituladas en estas especialidades. Y, ahora, está siendo estudiado por primera vez el fenómeno de la falta de talentos femeninos en las empresas de tecnología e ingeniería como una pérdida. Algunas de las que han terminado sus carreras en estos campos optan por la enseñanza. Se minusvaloran a ellas mismas como talentos creativos e impulsores de innovación.

Otro sector en el que se nos pierden las niñas es el del deporte de equipos, de altura y continuidad. Y también en la actividad física de alto rendimiento.

¿Qué ha pasado para que esto suceda? ¿De verdad creemos que a casi ninguna le gusta? ¿Seguimos pensando que las mujeres tienen talentos rutinarios y relacionales sobre todo? ¿Es posible que los estereotipos y prejuicios ancestrales sigan actuando de manera tan certera y exitosa? ¿Creemos que ellas serán más capaces de terminar carreras “fáciles” y de ejercer tareas que no tengan que ver con liderazgo, toma de decisiones o innovación?

No es cuestión fisiológica, no sigamos en este engaño. Entre la diversidad humana hay cerebros de toda índole: más o menos susceptibles de desarrollar unos conocimientos u otros. “El seso no tiene sexo”, dijo ya en el siglo XVIII la ilustrada británica Mary Woolstonecraft, respondiendo a los prejuicios de Rousseau, que pretendía amaestrar a las niñas de manera que se adecuaran a los roles sociales, bajo el discurso de la “naturaleza diferencial” en función del sexo.

Las chicas de casi todos los lugares del mundo van eligiendo ahora lo que antes se les imponía: se retiran con gusto a criar, aceptan peores salarios, no optan a tiempos y espacios propios, sufren ansiedad, insomnio y malestar vital y no ven que pueda ser de otro modo.

Nos las estamos perdiendo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/23/nos-faltan-ingenieras/

Comparte este contenido:

El reto de la representación equilibrada

Por: Elena Simón

Las mujeres como tales estamos en el territorio de lo no estudiado, no investigado, lo “natural”, lo sentimental, lo no nombrado, no explicado, no dicho. No estamos.

La representación equilibrada es un concepto muy positivo y práctico que explica de muy buenas maneras cómo con un déficit de ello entre hombres y mujeres, nuestras democracias siguen cojas e incompletas y no puede actualizarse la justicia la igualdad ni la libertad. La representación desequilibrada está aún por todas partes y la gente pequeña y joven la absorbe en vena todos los días de su vida y las 24 horas. No es cierto que estemos mujeres y hombres en situación de igualdad. Esta frase es un espejismo que nos aleja del trabajo para conseguirla y que nos impide percibir la sed que de ella tiene el conjunto de la sociedad, salvo raras y residuales excepciones, aunque poderosas y visibles. La representación equilibrada es un concepto muy positivo y práctico que explica de muy buenas maneras cómo con un déficit de ello entre hombres y mujeres, nuestras democracias siguen cojas e incompletas y no puede actualizarse la justicia, la igualdad ni la libertad. La representación desequilibrada está aún por todas partes y la gente pequeña y joven la absorbe en vena todos los días de su vida y las 24 horas. No es cierto que estemos mujeres y hombres en situación de igualdad. Esta frase es un espejismo que nos aleja del trabajo para conseguirla y que nos impide percibir la sed que de ella tiene el conjunto de la sociedad, salvo raras y residuales excepciones, aunque poderosas y visibles.

Si nos centramos en el asunto educativo, cada comienzo de curso podemos comprobar que los currícula académicos, desde infantil a posgrado, carecen de representación equilibrada: no estudiamos la obra humana de las mujeres y sus aportaciones a la cultura, economía, política, ciencia o tecnología, al bienestar y al pensamiento social y a la calidad de vida. Como si no fuéramos humanas o fuéramos humanos irrelevantes, como si la mitad del mundo no existiera, ya que los lenguajes se empeñan y empecinan en no nombrarnos de manera clarificadora y adecuada. Las mujeres como tales estamos en el territorio de lo no estudiado, no investigado, lo “natural”, lo sentimental, lo no nombrado, no explicado, no dicho. No estamos.

A los hombres los hiperrepresenta: ellos son los hacerdores de todo, los investidos de autoridad, de iniciativa, de firma y de reconocimiento. Valor y valía se les supone. Están en todo: controlan mandan , inventan, compiten, explican.

Esta desigualdad de trato flagrante a lo largo de muchos años de escolarización efectúa una maniobra de conocimiento simbólico desequilibrado, que tiene consecuencias en la vida personal y en la colectiva.

En el paso a la vida adulta y activa, las chicas priorizan todo aquello que no estaba en sus aprendizajes escolares: la subsidiariedad, la dependencia emocional, el deseo  de agradar y la necesidad de ser amadas y protegidas, de convertirse en seres completados por el otro, que es el uno. Los chicos se muestran independientes, dominantes, decididos, valerosos, atrevidos. Y así eligen sus proyectos desiguales de vida: vivir para otros o vivir para uno mismo. Profesiones y carreras, medios de vida, empleos del tiempo y uso de los espacios tienen tintes de género masculino o femenino.

Nuestras sociedades permanecen ancladas en la división sexual de los trabajos, tareas, cargos y funciones y en la complementariedad de los sexos. Esto da como resultado la injusticia, la falta real de libertad personal para la elección  del proyecto de vida y la violencia de género. Los guiones aún están  prescritos.

No acabo de entender cómo muchas chicas cualificadas y cualificadísimas, con experiencias laborales previas positivas, renuncian al mercado laboral de forma aparentemente libre, cuando les llega el momento de ser madres, enganchando con lo que hicieron sus ancestras, aunque vayan tatuadas, con minishorts y un piercing en los pezones. La llamada de la madre tierra  envuelve a estas urbanitas socializadas durante muchos años en un uso propio del tiempo y de los espacios.

Tampoco alcanzo a comprender cómo gran número de chicos montan sus vidas sobre los cuidados y el amor incondicional de las mujeres, a las que han conocido y tratado como compañeras. Y cómo las consideran un complemento de sus vidas autónomas, puestas en riesgo por acciones de excesos  y presiones emocionales y físicas, que les estropean sus vidas, a veces de forma irreversible.

Y creo que nadie comprende el porqué de la persistencia de la violencia de género tan frecuente aún en las parejas más jóvenes.

La escuela, el sistema educativo en su conjunto, es el lugar privilegiado para acabar con estas desigualdades y con estas violencias. Allí transcurren  muchos años de la vida infantil y adolescente, en principio, bajo un clima que les ha considerado de entrada como iguales.

¿Se nos ocurre algo al respecto? ¿Qué cambios copernicanos se tendrían que dar en los centros educativos? ¿Tendría que ver algo con la generalización de la coeducación?.

Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/24/el-reto-de-la-representacion-equilibrada/

Fuente imagen: http://hcd.convocacion.org.ar/system/projects/thumbnails/000/000/684/medium/IgualdadDeG%C3%A9nero.jpg?1417029428

 

Comparte este contenido:

Extraescolares y complementarias

Por: Elena Simón

Fuera del tiempo de la educación reglada, en las actividades extraescolares, se dan espacios importantes de socialización y juego que «siguen patrones sexistas, como la escuela».

Cuando se está en edad escolar se aprende a cada instante, del ambiente, de las personas que nos rodean, de lo que vemos, oímos, imitamos; de los modelos, las imágenes y las palabras, de nuestra propia curiosidad que nos impele a intentar y probar múltiples experiencias y a conseguir destrezas y habilidades.

Las niñas y niños pasan una gran parte de sus horas en aulas y patios de recreo, pero otra buena parte (cada vez mayor) realizando actividades y tareas no regladas, que solemos llamar complementarias o extraescolares, tanto durante el curso escolar como en vacaciones. Y eso es lo que ocurre ahora, que son vacaciones.

Escuelas de verano, colonias, programas en parques y polideportivos, talleres,  campamentos, juegos, el apartado infantil que tienen todas las fiestas populares. Las extraescolares están por todas partes.

Y, ¿qué se aprende aquí? ¿Cómo? ¿Qué lenguajes corporales, simbólicos y verbales entran en juego? ¿Y los gustos, las elecciones y las expectativas?

Las extraescolares se han convertido en negocios y se han privatizado. Dicho de otro modo: las llevan a cabo empresas -especializadas o no- con personal no especialmente entrenado ni formado en valores democráticos, de igualdad y de atención a la diversidad. Empresas de procedencia diversa, que han proliferado enormemente, que están dentro de los colegios públicos y en las zonas municipales que preparan y ofrecen extraescolares. Contratan a jóvenes en precario y les ofrecen trabajar a salto de mata en lo que salga: un roto o un descosido. Por supuesto que existen excepciones.

Las extraescolares siguen esquemas sexistas. Lo mismo que las escuelas. Pero aquí todo es currículum oculto, porque no está reglado. El pequeño detalle es que también hay mucho currículum omitido: cosas que deberían aprenderse en estas extraescolares y que  obvian o se dan por supuestas y sabidas.

Hace algunos años, cuando publiqué en Narcea (2010) mi libro La Igualdad también se aprende. Cuestión de Coeducación, lo hacía motivada por alguna pregunta que flota en el aire: ¿Dónde se aprende la Igualdad? ¿Pero, esta Igualdad no estaba ya enseñada y aprendida, conseguida y consolidada?

Y, comencé a examinar dónde se aprendía: ¿En las familias? No. ¿En las pantallas? No, ¿Entre iguales? No. ¿En las redes sociales? No. Pues será en la escuela, me preguntaba y llegaba a la conclusión de que tampoco. Entonces, ¿será en todas las actividades grupales que niñas y niños realizan como diversión y entretenimiento? Puesto que estos son espacios menos encorsetados, quizás sea ahí.

Pero mire Ud. por dónde: las extraescolares también están sesgadas por el género.

Si nos parece excesiva esta afirmación observemos un poco o preguntemos a niñas y niños que realicen este tipo de actividades:

  • ¿En cuántas de ellas hay un número equilibrado de niñas y niños?
  • ¿Consideran que hay extraescolares masculinas y femeninas?
  • ¿Les gusta más tener grupos unisexuales o mixtos?
  • ¿Les consideran raras o raros si eligen una actividad en la que estén en inmensa minoría en razón de su sexo y de su género?

Y, también tenemos que indagar qué metodología y lenguaje se utiliza en esos espacios extraescolares:

  • ¿Cómo se presenta la oferta?
  • ¿Hay algún intento de motivar a niñas o niños para que no elijan las actividades estereotipadas?
  • ¿Prima la competitividad o la cooperación?
  • ¿Se usa lenguaje sexista o lenguaje incluyente?
  • ¿Se comparan cualidades estereotipadas, según la actividad?
  • ¿Se corrigen conductas sexistas?
  • ¿Se incentiva lo unisex?

Y, por supuesto, tendríamos que repasar si en los contratos con esas empresas se pide y exige que haya objetivos de igualdad y que el personal esté formado en esta especialidad.

¿Quieren que les ponga deberes para vacaciones? Observen y anoten. Hagan un repaso, sigan estas pautas de observación y saquen sus conclusiones:

¿Se aprende igualdad en las extraescolares o se refuerzan los roles y estereotipos diferenciales, azules y rosas?

Quizás si lo observamos tendremos más lucidez para exigir que la Igualdad forme parte de la educación, tanto reglada como no reglada, desde la primera infancia. Para ello tenemos bastantes ideas. Sólo faltan tres cosas: prioridad, presupuesto y personal preparado.

Fuente artículo: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/07/13/extraescolares-y-complementarias/

Fuente imagen: http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/23005463/helvia/sitio/upload/img/rotextra.gif

Comparte este contenido:
Page 3 of 4
1 2 3 4