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Aprender hoy es aprender a editar

En el 2016 Eva Méndez me invitó a participar en las XIV Jornadas españolas de documentación organizadas por Fesabid bajo el lema CA:CC Cultura Abierta: Conocimiento Compartido. La invitación suponía intervenir en el tercero de los tres ejes de las Jornadas dedicado a la Educación abierta y nuevas competencias y dar una visión, desde fuera del sector, sobre el papel que deben jugar las bibliotecas en este nuevo entorno. Tengo que decir que tanto la conceptualización en tres ejes (Información pública y datos abiertos; Investigación abierta y Educación abierta), como el programa y el lema elegido me parecieron en su momento muy adecuados para pensar en el futuro de los profesionales de la información. El resultado, por lo que he podido ver estos días siguiendo primero en la distancia el hashtag #fesabid15 y después presencialmente en el congreso no ha defraudado. Así que, antes de seguir, vaya desde aquí mi enhorabuena a la organización y mi agradecimiento por la invitación al comité científico.
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Como decía, CA:CC cultura abierta, conocimiento compartido constituye un lema perfecto para describir el impacto de la transformación digital no solo en el ámbito de la producción y difusión del conocimiento, sino en nuestra manera de entender el mundo hoy. Afirmar que el mundo ha cambiado es una obviedad. Nadie pone ya en duda, como dice Manuel Castells, que “hemos cambiado para siempre la forma en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos, nos relacionamos, amamos o protestamos“. Hace 45 años, Peter Drucker en The Age of Discontinuity diagnosticaba el surgimiento de una sociedad del conocimiento (knowledge society) poblada de trabajadores del conocimiento (knowledge workers). Dado el impacto de las tecnologías de la información hay quien hoy prefiere hablar de sociedad de la información. El debate sobre si estamos en una sociedad de la información o del conocimiento está abierto y los defensores de una u otra opción ponen el acento en distintos matices. El citado Castells, por ejemplo, prefiere hablar de Sociedad informacional, en el mismo sentido que hablamos de sociedad industrial (que no es lo mismo que una sociedad de la industria). A mi me gusta más la propuesta del filósofo Daniel Inneraity quien sostiene que nuestra sociedad “ha efectuado una radical transformación de la idea de saber, hasta el punto de que cabría denominarla con propiedad la sociedad del desconocimiento.” Nuestra sociedad, la sociedad del conocimiento sería “una sociedad que es cada vez más consciente de su no-saber y que progresa, más que aumentando sus conocimientos, aprendiendo a gestionar el desconocimiento en sus diversas manifestaciones: inseguridad, verosimilitud, riesgo e incertidumbre.” Y no faltan, y yo también me adhiero, quienes prefieren hablar directamente de Sociedad del aprendizaje, para destacar que es la necesidad de aprender a aprender y de aprender a lo largo de la vida lo que mejor caracteriza a nuestro tiempo.

No son pocos los que mantienen que, en realidad, en la llamada sociedad del conocimiento lo que nos sobra es conocimiento y que su exceso ha provocado que éste haya perdido su valor. No son pocos, tampoco, los que sostienen que “padecemos una superabundancia de información sin refinar ni digerir que surge de todos los medios que nos rodean… puede haber demasiada información. Tanta, que el bosque se pierde entre los árboles” (Theodore Roszak).

La sociedad del conocimiento ha acabado con la autoridad del conocimiento” afirma, por su parte, Michel Serresen su libro PulgarcitaNuestro reto hoy no sería gestionar la escasez de conocimiento sino superar la parálisis que nos provoca su abundancia (Barry Schwartz). En realidad, para ser más precisos, podríamos decir que nuestro verdadero problema hoy es que nos sobra información pero nos falta “saber” entendiendo por “saber” “una forma de apropiación del mundo” (Innerarity en El País). El reto que tenemos por delante es entonces el de formar ciudadanos que sean capaces de dar respuestas a las preguntas acerca de los por qué.

Nos sobran datos, nos sobra información pero nos faltan competencias que nos permitan interpretar esa información y esos datos. Competencias que nos ayuden a dar sentido a la información. En definitiva, competencias que nos ayuden no solo a describir el mundo sino a apropiarnos del mundo. Parafraseando a Richard Rorty, más que verdades absolutas necesitamos desarrollar capacidades que nos permitan describir el mundo en términos novedosos que a su vez nos posibiliten imaginar más y hacer más.

Nos faltan, en definitiva, competencias que nos permitan aprender a vivir en la incertidumbre, aprender en la incertidumbre y trabajar en la incertidumbre. Que nos permitan aprender a aprender, que por cierto, era la principal competencia que ya en 1969 reclamaba Peter Drucker para vivir en la sociedad del conocimiento que predecía.

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Volviendo a las jornadas Fesabid15, la propuesta consistía en repensar la función educadora de las bibliotecas o dicho de otra manera repensar el papel hoy de unas instituciones del conocimiento (la escuela o la biblioteca por ejemplo) que se construyeron sobre la premisa de la escasez. Escasez de conocimientos, dificultad para acceder a esos conocimientos y reglas estrictas para decidir que era y que no era conocimiento y quién podía certificarlo (expertos).

Reflexionar sobre ese papel educador de las bibliotecas es preguntarse, en primer lugar, qué entendemos por aprendizaje en la sociedad del aprendizaje. Es en realidad cuestionarse, entre otras cosas, sobre el qué aprendemos, cómo aprendemos, dónde aprendemos o de quién aprendemos. Es preguntarse cómo debe ser la educación cuando están cambiando las motivaciones personales para el aprendizaje, las metodologías utilizadas, los lugares donde aprendemos. Cómo debe ser el aprendizaje ante la abundancia de información, datos y recursos, el impulso de lo abierto, el surgimiento de nuevas formas de evaluación y de acreditación, la necesaria hibridación entre aprendizaje formal, no formal e informal o entre aprendizaje presencial y online.

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Aprender hoy tiene que ver con nuestra capacidad de adquirir al mismo tiempo conocimientos y habilidades. Manejar alfabetizaciones múltiples. Participar en el propio proceso de aprendizaje. Desarrollar un aprendizaje abierto, relevante, conectado, situado y contextualizado. Tiene que ver con crear redes de aprendizajecompartir prácticas y experiencias, comprender y manejar el aprendizaje colaborativo.

Parece que más que soluciones cerradas, nuestro tiempo reclama diversidad. Más que lugares concretos para aprender necesitamos comunidades abiertas. Más que dar respuestas necesitamos saber hacernos preguntas.

Aprender hoy es desarrollar (José Manuel Pérez Tornero en blog Fernando Trujillocompetencias informacionales que incluyan el pensamiento crítico y la lógica, la interpretación y la construcción; competencias pragmáticas que incluyan las estrategias y el sentido de iniciativa y autonomía para la acción; y competencias comunicativas que incluyan las competencias semióticas, interlocutivas e imaginativas.

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Es, pasar de las 3R (wRiting, Reading & aRithmetic) a las 3X (eXploration, eXpression, eXchange) de Idit HarelAprender hoy es ser capaces de buscar, recopilar y filtrar los datos, ser capaces de trabajar colaborativamente para sacarles el mejor provecho, ser capaces de compartirlos y comunicarlos (Lafuente, Alonso y Rodríguez. Todos sabios).

Es decir, aprender hoy es aprender a pensar, a hacer y a conectar

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La revolución de Internet, nos dicen Lafuente, Alonso y Rodríguez, es una revolución de la edición. Es una revolución de “los modos y maneras de crear y hacer llegar, a quien pueda estar interesado, los frutos y las deliberaciones y reflexiones de cualquiera de nosotros, y también de la posibilidad de compartir y colaborar”, continúan. Aprender hoy sería entonces aprender a editar.

O mejor,siguiendo el lema de las Jornadas Fesabid, aprender hoy sería aprender a editar un mundo de cultura abierta y conocimiento compartido.

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Pero la transformación digital no solo está modificando los qué y los cómo aprendemos (haciéndonos ir desde los contenidos a las competencias) sino que también está modificando los dónde. Lo digital ha hecho evidente algo que ya sabíamos que lo importante no son solo los qué sino también los cómo. Lo importante no son solo los contenidos sino también (sobre todo dirán algunos) las competencias. Y lo digital también ha puesto en valor los espacios y las comunidades. Ha hecho que prestemos especial atención a la creación y al mantenimiento de comunidades y a los lugares y los entornos donde suceden las cosas. Ha puesto en valor los contextos, lo local, los momentos, lo diverso, lo marginal.

Lo digital nos ha hecho si cabe más presenciales y más sociales. Y quizá de ahí también el acierto del lema cultura abierta y conocimiento compartido.

Por eso, parece llegado también el momento de repensar los lugares físicos dedicados a la producción y difusión del conocimiento (escuelas, aulas, bibliotecas, laboratorios). La gran revolución que estamos viviendo está directamente vinculada a la producción y a la distribución de conocimiento, pero también a la transformación de las prácticas, los procesos y las formas de crearlo y, por tanto, a los lugares y los espacios donde se produce.

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La pregunta ahora sería ¿Qué pasa con los lugares de aprendizaje cuando sabemos que aprender es más que nunca un asunto no circunscrito únicamente a unos espacios concretos, ni a unos contenidos normalizados?.

Históricamente el conocimiento se configuró en torno al libro y construimos instituciones en torno a la tecnología del libro: bibliotecas, escuelas, universidades. Pero hoy el libro ha dejado de ser el recurso principal de acceso a la información.

¿Tienen sentido las bibliotecas cuando el libro ha dejado de ser el principal medio de acceso y transmisión del conocimiento? ¿Cuál es el papel de las bibliotecas cuando la escasez al conocimiento ya no es el problema? ¿Cuál es el papel de las bibliotecas en la sociedad del aprendizaje que estamos describiendo?

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En los últimos 20 años además han surgido nuevos espacios, nuevos lugares de encuentro que permiten el ensamblaje de distintos campos del saber, la producción de conocimiento y la colaboración de expertos y no expertos. Han surgido unos espacios híbridos que se caracterizan por ser al mismo tiempo lugares físicos y comunidades digitales y por ser transdisciplinares en su concepción.

Parece claro que las bibliotecas deben superar su papel tradicional como guardianas del conocimiento y garantes del pasado para adoptar un rol activo en la construcción de nuestro futuro.

Personalmente me resulta especialmente sugerente la metáfora de Hugh Rundle de la biblioteca como software (también la biblioteca como plataforma, como infraestructura, como MOOC). “Los usuarios no vienen a la biblioteca buscando libros, revistas, publicaciones, películas o música. Vienen para informarse, para soñar, para crear, para horrorizarse, maravillarse o divertirse. Vienen para huir de la realidad o para entenderla mejor. Vienen a buscar refugio o motivaciones, compañía o soledad. Vienen por el software“, dice Rundle,

En lugar de ordenar, colocar, adquirir y comprar objetos físicos o digitales, los bibliotecarios aportarían más organizando y compartiendo información y construyendo relatos” (Rundle). Lo que nos hace pensar en las bibliotecas como motores de creación. Las bibliotecas como plataformas sobre las que construir y crear (Weinberger). Las bibliotecas como ecosistemas que generan redes de aprendizaje, conocimiento y discusión.

La biblioteca más como un nodo de una red de nodos que un punto de acceso único. Las bibliotecas como plataformas abiertas de contenidos y comunidadesLas bibliotecas, en definitiva, como un lugar de aprendizaje. Un lugar para que sus comunidades compartan, aprenden y se conecten. Las bibliotecas como un lugar donde aprender en la sociedad del aprendizaje, es decir, un lugar donde pensar, hacer y conectar. Un espacio donde ir a explorar, construir y comunicar. Un espacio para aprender a vivir y trabajar en la incertidumbre. La biblioteca como una máquina de (auto) edición. Edición de uno mismo y edición del mundo. Un lugar donde aprender a dar sentido a la información y al mundo, individualmente y colectivamente. De manera personalizada pero junto con otros.

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La biblioteca por venir es, ante todo, un lugar para el aprendizaje abierto, compartido, participativo y común. O mejor, un lugar de comunidad abierto, compartido, participativo y común. Un lugar para fortalecer nuestra democracia.

Pensar en el porvenir de la biblioteca es hacerlo desde lo que es y desde lo que puede ser. Son un lugar de acceso (es una de las instituciones con más capilaridad y más conectadas entre ellas) y un lugar de creación de comunidad (construidas sobre los intereses comunes pero también sobre los espacios físicos y la vinculación al territorio, a los pueblos y los barrios), pueden ser un lugar de aprendizaje y un lugar de construcción de futuro.

Pensemos, hagamos y conectemos la bibliotecaUna biblioteca que piensa, hace y conectaUna biblioteca que nos ayuda a pensar, hacer y conectar.

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Dejo aquí la presentación que utilicé en las Jornadas.

 

Y aquí el vídeo de la conferencia.

Fuente: https://carlosmagro.wordpress.com/2015/06/03/aprender-hoy-es-aprender-a-editar/
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Carlos Magro

Director Académico Del Istituto Europeo Di Design. Consultor independiente en estrategia digital en el sector educativo y en el de la comunicación corporativa. Vicepresidente de la Asociación Educación Abierta.

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